Indocumentados
sábado, 2 de agosto de 2008
Actualizado hace 463 días
(00:00 a.m. )
Yvette Clark Romero, mención honorífica del "Tercer Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral"
El oleaje subía y bajaba como las respiraciones de un gigante agitado. El viento colérico soltaba bofetadas saladas contra los trémulos cuerpos arrebujados en la yola, que en esa batalla entre mar y viento, había sufrido estragos mayores. El mar se tragó el motor de un golpe y sacaba su malévola lengua entre las grietas que separaban las tablas, en busca de presa humano. Si se hundiera la yola, morirían--ninguno llevaba salva vida. Cada pasajero había pagado miles para hacer esa travesía por el Canal de la Mona.
Agua de mar, vómito y lágrimas los empapaba y flotaba sobre el fondo de la barquilla. La peste a vómito los mareaba aún más.
El barco se viraba de un lado a otro entre olas huracanadas hasta casi hundirse. Daba vueltas y caía con golpetazos que reverberaba en cada hueso de los viajantes. Estaban en un vórtice donde pronto desaparecerían.
Arriesgaron sus vidas por diferentes razones-- el exorbitante costa de la vida en su país, la escasez de empleos, la constante devaluación del dólar, la falta de esperanza. Intentaban mejorar sus vidas económicamente -- si sobrevivían.
En el horizonte se asomaba una sombra. Las olas se agigantaron y lanzaron la embarcación hasta el tope de una montaña de agua para azotarla contra el fondo donde se astilló en pedazos.
Los sobrevivientes llegaron a la orilla. Expulsaron el agua salada y descansaron tendidos sobre la playa. Se callaron. Miraron furtivamente a su alrededor, corrieron hacia la maleza. Ahora comenzaba la mas peligrosa parte de su trayectoria-evitar la policía. No estaban en Puerto Rico. Aquí en la República, a los puertorriqueños les pegaban uno o dos tiros y arrojaban sus cuerpos medios muertos al mar.


