Un psiquiatra experto en conducta sexual explicó que no existe evidencia empírica alguna de que la implantación de los registros en Estados Unidos ha disminuido los casos de abuso sexual contra menores. (Para Primera Hora / Archivo / Olimpo Ramos)
martes, 19 de junio de 2007
Firuzeh Shokooh Valle / Primera Hora
La amenaza de reincidencia de los ofensores sexuales es uno de los argumentos principales utilizados para defender los registros, los sistemas de notificación a las comunidades y las restricciones de acceso a lugares donde se congregan menores.
La Ley del Registro de Ofensores Sexuales de Puerto Rico es muy poco restrictiva. No establece la notificación y no se restringe la ubicación. Varias disposiciones cambiarán si se aprueba una nueva ley. Los delitos sexuales incluyen una gama amplia que va desde violación hasta exhibicionismo.
El debate en torno a la reincidencia de los ofensores sexuales, la efectividad de los tratamientos psicoterapeúticos, biomédicos y químicos, el elemento de género de poder y control en la violencia sexual, la protección de la comunidad -específicamente de los menores-, suscita una lista interminable de opiniones, miedos, consensos y diferencias irreconciliables.
Por un lado, están los que defienden los registros de ofensores sexuales restrictivos porque insisten en que las probabilidades de que un ofensor vuelva a atacar sexualmente luego de salir a la libre comunidad son tan altas que es imprescindible proteger a la comunidad. Por otro lado, están los que aseguran que la reincidencia de los ofensores sexuales es mucho más baja que lo que comúnmente se cree y que los de niveles mínimos de riesgo son rehabilitables, que los registros crean un falso sentido de seguridad en la comunidad porque en la mayoría de los casos el agresor es un conocido de la víctima, y en los casos de menores, generalmente un familiar, y que las restricciones los obligan a convertirse en deambulantes, lo que imposibilita detectarlos.
Castigo extendido
El psiquiatra experto en conducta sexual Richard Krueger explicó a este diario, además, que las leyes de los registros pueden ser tan restrictivas que condenan a los convictos a estar desempleados y a no poder rehacer su vida. Estas limitaciones, según Krueger, aumentan el riesgo de reincidencia. Advirtió también que los delitos sexuales son el crimen menos informado a la Policía, por lo tanto, utilizar el registro como una medida de la magnitud del problema puede llevar a engaño.
El académico, que ha investigado ampliamente el tema, explicó que no existe evidencia empírica alguna de que la implantación de los registros en Estados Unidos ha disminuido los casos de abuso sexual contra menores. Citó que los estudios de reincidencia son difíciles de calificar categóricamente porque varían según el tipo de delito, la relación con la víctima, la edad del perpetrador, el historial criminal y el tiempo en que se siguió al ofensor luego de ser excarcelado, entre otros factores.
Indicó que el mejor estudio de la efectividad de los registros de ofensores sexuales, específicamente del sistema de notificaciones, fue elaborado por la Sociedad Nacional por la Prevención de la Crueldad contra los Niños en Londres. En “La Ley de Megan: ¿Protege a los niños” (2005), Kate Fitch compara los registros de varios estados, concentrándose en la Ley federal Megan de 1996 que requiere que se le notifique a la comunidad a la que se muda un ofensor sexual excarcelado.
“La mayoría de los estados tiene muy poca evidencia sobre el verdadero impacto de la notificación a la comunidad en su jurisdicción. La mayoría de los beneficios esbozados están basados en presunciones sobre la naturaleza de la ofensa sexual y el comportamiento de los padres y los miembros de la comunidad. A pesar de que estas presunciones no están respaldadas por investigaciones, continúan legitimando la ley para los agentes de ley y orden y para el público”, concluye.
Más reincide un conductor ebrio
El director médico de la Clínica de Conducta Sexual del Instituto Psiquiátrico del estado de Nueva York indicó que el instrumento utilizado para estudiar la reincidencia, el Static-99, ahora Static-2003, ha arrojado un 18% de reincidencia de ofensores sexuales luego de cinco años de ser excarcelados, un 22% en 10 años y un 26% en 15 años. Pero precisó que un conductor ebrio reincide en aproximadamente un 52% de los casos y un ladrón de carros en un 50%.
Agregó que se ha encontrado que los porcientos más bajos de reincidencia se dan entre ofensores intrafamiliares y entre hombres mayores de 60 años. El profesor de psiquiatría de la Universidad de Columbia en Nueva York advirtió que es fundamental considerar el tipo de perpetrador: los violadores -de adultos y de menores- y los pedófilos tiene un riesgo más alto de reincidir. Para esta población recomendó que se aumenten las penas de los delitos, se intensifique la supervisión cuando son excarcelados y se elabore un sistema adecuado de tratamiento.
¿Los ofensores sexuales son enfermos mentales?
-Eso depende. Ofensor sexual es un término legal y se refiere a alguien que ha cometido un delito sexual. Hay ofensores que tienen el desorden de parafilia y otros no. Padecer una enfermedad mental no los exime de responsabilidad. De 100 ofensores sexuales, probablemente entre un 20% a un 30% tienen una parafilia. El Manual de Diagnóstico de Desórdenes Mentales (DSM-IV) describe la parafilia como conductas sexuales desviadas (con niños, objetos o a través de la humillación) por un periodo de al menos seis meses.
¿Pero la violencia sexual no es mayormente un asunto de poder y control ya que la mayoría de las víctimas son mujeres y niñas?
-Los violadores generalmente no padecen un trastorno psiquiátrico. Los estudios psicológicos muestran que los motivos de los violadores son el poder, el control sobre las mujeres y la rabia hacia las mujeres.
Krueger aseguró que hay tratamientos efectivos. Mencionó que un grupo religioso en Canadá inició el movimiento Circle of Support and Accountability en el que ubican al ofensor excarcelado en una comunidad que lo supervisa y apoya. Los estudios muestran un nivel de reincidencia de 3% a 4%. Otros tratamientos para agresores de alto riesgo son la “reducción andrógena” con la castración física o química y la reducción de testosterona.





