lunes, 8 de junio de 2009
Libni Sanjurjo Meléndez / Primera Hora
Si los ingresos de un individuo fluyeran como circula la entrega de animales en un albergue, el dinero nunca le faltaría.
En el albergue de animales, operado por la Sociedad Protectora de Animales en Guaynabo, las entregas de perros y gatos realengos nunca paran.
Diariamente, individuos o municipios le entregan un promedio de entre 80 y 100 animales. Las adopciones de caninos, por el contrario, sólo suman entre cinco a 12 y las de gatos se limitan a cinco o seis.
“No se me acaban. Nos siguen llegando”, aseguró la directora del albergue, Laura Negrón.
Llegan heridos, agresivos, enfermos, desnutridos, con sarna... Algunos parecen cadáveres; otros, por el contrario, llegan llenos de vida, como las camadas de cachorros.
En el 2008, la entrega de animales sumó 24,000 perros y gatos en el albergue, según el gerente de operaciones, Nelson Rivera.
“Ayer se entregaron 140 animales”, mayormente canes, aseguró.
Al llegar, las criaturas amadas por muchos, maltratadas por otros, tienen dos alternativas: la adopción o la eutanasia.
“La decisión de si están para adopción o eutanasia depende de muchos factores”, como la agresividad, la edad, o si están enfermos, comentó Negrón.
“Es triste que a veces hay animales adoptables y no tenemos el espacio para ubicarlos”, agregó. Allí sólo hay jaulas para 38 canes y 30 gatos.
Por eso se las ingenian para intentar mejorarles la calidad de vida a través de hogares foster o temporeros, construcción de jaulas adicionales -están en proceso de aumentarlas a 60- y campañas de adopción.
“Un animal de adopción es un animal de adopción siempre”, contestó al preguntarle sobre cuál es el tiempo límite de adopción.
“No rechazamos animales que son entregados... Esto implica problemas como para cualquier otra organización, a nivel de recursos humanos, económicos, de espacio”, dijo.
El 90% de los animales que llegan al albergue -establecido en Guaynabo hace 30 años- son de la calle, donde, de seguro, lo último que bebieron fue agua de charcos y lo último que ingirieron fue comida descompuesta.
“La sobrepoblación de animales es un problema muy grave... Estimamos que debe de haber medio millón de animales sin hogar que se continúan reproduciendo todo el tiempo sin ningún control”, subrayó Negrón.
La cantidad exacta de animales callejeros es indeterminada en Puerto Rico.
Se sabe que en el 2002 la Isla tenía una población estimada de 150,000, según un análisis del Departamento de Salud, producto de la data de albergues de animales.
“Una gata cae en celo todos los meses. El promedio de gatos mensualmente es de entre tres a cuatro gatos”, destacó el veterinario Javier Rodríguez.
Si al llegar al refugio tienen la oportunidad de ser enviados al área de adopción en vez de ser sometidos a la eutanasia, los animales serán puestos en cuarentena por un mínimo de cinco días para el protocolo de vacunas, esterilizaciones y desparacitarlos antes de ser enviados al piso de adopción.
Allí se puede encontrar todo tipo de animales: pequeños, grandes, satos y de raza.
Ellos esperan por ser adoptados mientras otros de sus pares son vendidos en las calles -acto prohibido por la Ley 154, de protección de animales, en su Artículo 17- y en tiendas de mascotas.
La respuesta al problema de la sobrepoblación, sin embargo, debe apuntar hacia las esterilizaciones y castraciones, destacó Negrón.





