El grito desde una patrulla

 
 
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El grito desde una patrulla

 (Primera Hora / Ilustración / Gary Javier)

sábado, 7 de enero de 2012
Arys L. Rodríguez andino / Primera Hora

A este “Millo” le pasan unas cosas. Perdón, a Emilio Díaz Colón, que ya ha dicho el superintendente de la Policía que a él no le gusta que le digan Millo; eso es un apodo que lo pueden usar cuando hay confianza. Y, como se ven las cosas, parece que pocos se la tienen.

Pues el Súper últimamente ha tenido que enfrentar situaciones difíciles.

La misma semana de Navidad, cientos de policías le protestaron en la cara. Menos mal que no fue una manifestación donde dieran macanazos, pero hasta el Cuartel General de Hato Rey llegaron los agentes, en pleno mediodía, cansados de promesas de justicia salarial que no se ven en el cheque de los 15 y los 30.

“Yo les garantizo a ustedes que esto va a funcionar, porque estoy convencido de que va a funcionar. Ya está funcionando; nos vamos a organizar”, dijo el coronel retirado cuando fue confirmado como cabeza de la Policía en julio del año pasado.

¿Seis meses es lo que lleva? Caramba, parece como si fuera más.

Pues en la protesta, Díaz Colón no reconoció como líder al policía que la organizó, de nombre Ismael Rivera.

“No sé quién es Ismael Rivera, yo al que conozco es al cantante...”, dijo mientras quizás tarareaba en la cabeza uno de los versos de Quítate de la vía Perico.

Y que conste, a él el sarcasmo no le gusta. Es más, cuando dice algo que puede parecerlo, aclara que no lo es.

“No quiero ser sarcástico, pero hay que ser realista. Aquí las medidas (de seguridad) las tiene que tomar todo el mundo”, fueron sus expresiones cuando hubo un asesinato en un centro comercial la víspera de Navidad.

Con lo mucho que ha vivido en su poco tiempo en la Policía, el Súper ha puesto a prueba el temple que debe haber desarrollado en su extensa carrera militar. Pero debe haber flaqueado alguna que otra vez. Esta semana, por ejemplo.

En el momento menos esperado, el Súper escuchó por lo alto lo que se dice por lo bajo.

Un policía en una patrulla, por el altavoz, le gritó: ¡Renuncie!¡Renuncie!

Todos los que estaban cerca del oficial lo escucharon. Los oídos de Díaz Colón también. Pero no dijo nada. Su rostro, dicen los que lo vieron, se desencajó.

Según se confirmó, fue el policía Harold Ortiz quien hizo el pedido de renuncia a Díaz Colón, desde la patrulla 3853 (bonito número para el Pega 4) cuando pasó frente a la funeraria en compañía de su supervisor, el sargento Eliezer Cruz.

Para pasar el mal rato, el Súper pudo haber dicho que por lo menos los altavoces de las patrullas sirven. Hubiera sonado medio sarcástico, pero podía aclarar que esa no era su intención. Además, por lo menos desviaba la atención de que un policía, en una patrulla por el altavoz, le gritó: ¡Renuncie!¡Renuncie!

Aunque a mucha gente le pudo haber parecido gracioso, para otros fue una falta de respeto. Les guste o no, él es el superintendente. Les guste o no, la patrulla no es de quien la conduzca. Les guste o no, menos mal que el altavoz funciona.

Igualmente hubiera podido ser peor.

Una cosa es gritar ¡Renuncie! ¡Renuncie! sin decir nombre, y otra sería gritar: ¡Renuncie, Millo! ¡Renuncie, Millo!

Mientras no se diga nombre, el superintendente de la Policía Emilio Díaz Colón puede decir que la petición de renuncia no iba, necesariamente, dirigida a él.