Alejandro Díaz (tercero desde la izquierda) y su familia le ofrecieron a José Luis Méndez (segundo desde la izquierda) techo, comida y cuidados mientras se recuperaba de los daños sufridos durante el naufragio. Los acompaña, Álvaro Molina (izquierda). (Suministradas)
viernes, 10 de febrero de 2012
Bárbara J. Figueroa ROsa / Primera Hora
Ambos estaban ingresados en el mismo cuarto de hospital, en una clínica de la isla San Andrés, en Colombia. Alejandro Díaz se recuperaba de un ataque epiléptico, mientras José Luis Méndez acababa de ser rescatado por la policía a la orilla de una playa tras haber sobrevivido de forma milagrosa a un naufragio de 20 días luego que su embarcación sufriera desperfectos que lo lanzaron a una peligrosa travesía desde Puerto Rico hasta el país suramericano.
Mientras los médicos atendían a José Luis, quien llegó deshidratado y casi moribundo, Alejandro no podía dejar de pensar en la suerte de aquel hombre que tenía justo al frente de su camilla.
“Él lucía mal. Realmente, era un milagro que estuviese con vida”, contó Alejandro vía telefónica a Primera Hora, quien sin sospecharlo se convirtió en un héroe para aquel desconocido del que ni siquiera sabía el nombre.
Resulta que luego que los médicos estabilizaron a José Luis, a quien sus allegados conocen como “Papote” , los oficiales de la Policía le informaron que el proceso para localizar a su familia había sido atropellado. Además, demoraría algunos días comenzar los trámites para repatriarlo.
“Entonces, pensé: ‘¿Qué hará este hombre cuando le den el alta?’ Es que en ese momento estaba en unas condiciones deprimentes. Su única vestimenta era la bata del hospital. Entonces dije: ‘No, lo tengo que ayudar’. Hablé con los oficiales y hablé con José Luis, y le dije que no se preocupara que yo no lo iba a abandonar. Al contrario, lo quería ayudar”, relató Alejandro, un ebanista de profesión y padre de una niña de ocho años.
Y así fue. Enseguida, Alejandro coordinó con un amigo, dueño de una tienda de ropa, proveerle vestimenta a Papote. Y la esposa de Alejandro no descansó hasta localizar a la familia del puertorriqueño y hacerle saber que su pariente estaba vivo. Tampoco dudó en ofrecerle techo, comida y cuidados en su hogar, mientras se recuperaba de los daños ocasionados durante el naufragio.
“Lo tengo acogido hasta hoy en mi casa, tranquilizándolo, acompañándolo y haciendo las diligencias pertinentes para su partir, y lo hago por un sentimiento de aprecio y cariño. Es lo que hubiera hecho nuestro Señor Jesucristo y así soy yo: me gusta servir a otros y lo hice de corazón”, dijo el hombre cuya bondad le ha ganado el cariño de Papote, quien precisamente regresará hoy a Puerto Rico, en un vuelo proveniente de Panamá.
Anoche fue la despedida entre estos “nuevos amigos” que prometen reencontrarse en poco tiempo.
“Tengo pensado regresar a Colombia para julio, el día de mi cumpleaños... quiero celebrar con Alejandro –que es como mi hermano y mi ángel guardián– el hecho de que volví a nacer después de esta mala experiencia en la que estuve sin comida, sin agua y con un miedo grande de morir”, dijo por su parte Papote, quien ayer tenía sentimientos encontrados al tener que decir adiós a la gente que le dio refugio.
“Pero también estoy feliz porque voy a ver a mi mujer y a mi gente en Puerto Rico”, dijo el pescador, residente de la comunidad El Maní, de Mayagüez.
Entre sus planes inmediatos para el fin de semana se destaca irse de paseo con su esposa, Madeline Acosta Rivera.
“Tan pronto llegue, voy a montarme en la guagua con mi mujer a dar un paseíto, y a lo mejor nos vamos a hacer una buena compra (al supermercado)”, dijo el humilde hombre de 40 años, quien desde adolescente se dedica a la pesca de chillo.
Precisamente, haber perdido su embarcación es una de las cosas que más le preocupa a Papote. Es que la pesca, además de ser su gran pasión, es su modo de ganarse la vida y sostener a su familia.
“Tengo que ver cómo me hago para conseguir otra embarcación, o ver si alguien me puede ayudar a conseguir una... es que de eso yo vivo y saco unos chavitos bastante buenos”, dijo el hombre, que genera entre $600 y $800 al mes. En épocas buenas –como Semana Santa– las ganancias pueden aumentar a $1,300.
Esta conmovedora historia se remonta al pasado 15 de enero, cuando Papote salió a pescar y una avería en el motor de su embarcación lo dejó a la deriva. Casi tres semanas después el hombre fue rescatado en Colombia. Como parte de su relato, Papote ha narrado que logró sobrevivir comiendo pescado crudo y tomando agua de lluvia.
Álvaro Molina colaboró en esta historia.





