Nolasco comentó que muchos reality shows han abonado al auge del diseño de modas.(Primera Hora / David Villafañe)
sábado, 10 de enero de 2009
Janet González Bolívar / Primera Hora
Cuando era niña, a Stella Nolasco le encantaba dibujar vestidos en cuanto papel llegaba a sus manos. No sabía con certeza de dónde brotaba esa inspiración para crear -en su familia nadie había hecho del diseño una profesión-, pero estaba segura de que era su pasatiempo favorito. Tanto tiempo dedicaba a confeccionar estas primeras creaciones, que su madre pronto notó su inclinación y particular destreza en el campo del diseño de modas.
“Yo era una niña tranquila, que lo que le gustaba era dibujar y pintar trajes todo el tiempo”, recuerda la modista, natural de Aguadilla. “Así que, si existe vocación de moda, aunque suene así un poco frívolo, pues la tenía”, reconoce entre risas.
Lo que en un principio era sólo un juego divertido, se convirtió más adelante en una apasionante carrera. Stella decidió seguir los consejos de su madre y, una vez se graduó de escuela superior, partió a la Universidad de Drexel, en Filadelfia, a realizar un bachillerato en diseño de modas. Ahí pulió sus destrezas y descubrió que sus creaciones eran muy bien recibidas por sus profesores, quienes fueron sus primeros críticos en esa época.
Para la entonces diseñadora emergente, la experiencia de adquirir nuevos conocimientos y de explorar otros horizontes marcó un periodo entrañable en su juventud.
“Tenía 17 años y estudié en el centro de la ciudad de Filadelfia, que me encantó. Yo no podía esperar el momento de mudarme a una ciudad grande”, repasa Stella, quien nunca había vivido fuera de su pueblo. “Y lo siento mucho, pero no he podido regresar a Aguadilla todavía (ríe). A mí me hace sentir feliz estar entre edificios, no estar frente al mar. No sé por qué. Yo soy una jíbara que le gusta la ciudad”, admite la modista, quien posteriormente continuó sus estudios en Italia.
Hoy día, con una trayectoria profesional de casi 15 años, Stella ha demostrado su impresionante capacidad creativa en sus colecciones de vanguardia, que siempre son muy aplaudidas por críticos y seguidores de la moda. Su sensibilidad metropolitana se ha traducido en diseños modernos y muy femeninos, y sus creaciones han recorrido importantes ciudades como Nueva York y París. Además, han sido adquiridas por grandes cadenas como Neiman Marcus y Gerard Darel, y se consiguen en exclusivas boutiques de Los Ángeles, Nueva York, Dubái, Japón y España.
En una cándida entrevista realizada en su atelier del Viejo San Juan, Stella conversó con PRIMERA HORA sobre sus andanzas profesionales, su visión sobre la industria de la moda -“es mucho menos glamorosa de lo que la gente piensa”- y su admiración por los grandes de la alta costura.
¿Cómo surgen las inspiraciones de tus colecciones?
–Te voy a ser sincera. Casi siempre surgen de la tela. Yo primero viajo a comprar telas, y de las telas me inspiro. Pero, ya voy con una tendencia en la mente, de algunos colores que me inspiré, quizás en alguien que vi en la calle o en una película. Ya más o menos tengo una silueta y una combinación de colores que sé que son los que me gustan. Así que, tú me enseñas una tela e inmediatamente sé qué es lo que tengo que hacer con ella.
Los pasados de algunos profesionales exitosos suelen encerrar curiosas ironías, como las supermodelos que eran el patito feo de la escuela o los chefs que no sabían ni hervir un huevo. Tú, por ejemplo, ¿fuiste alguna vez una víctima de la moda?
–Claro, en los ochenta. ¿Quién no? (ríe). Yo no te puedo decir que sobreviví los ochenta sin ponerme ropa fosforescente y lazos en la cabeza. Lo hice. Lo tengo que admitir (ríe). Y en el plano profesional, yo creo que pasé por la etapa que pasan muchos diseñadores, de ser bien creativos, de experimentar para llamar la atención o quizás para romper con las reglas. ¡Y estoy contenta que no hay muchas fotos de eso!
En el ámbito de la moda hay mucho ego y altas autoestimas. Tú, sin embargo, muestras ser más reservada y tranquila. ¿Cómo consigues mantener los pies sobre la tierra?
–Es que es una industria muy difícil. ¿Quién no va a mantener los pies sobre la tierra? Yo creo que eso es más bien una idea que tienen las personas que no saben nada sobre la moda y quieren ser diseñadores porque les llama la atención, quizás, el glamour de lo que piensan que es trabajar en esta industria. Pero, no deja de ser un trabajo más que tienes que complacer a tu cliente, tener las entregas a tiempo, tener empleados y manejar un presupuesto.
Muchas personas confunden, quizás, el ego -porque yo estoy segura que muchas personas piensan que yo tengo un ego grande- con, quizás, las exigencias y el profesionalismo que uno tiene que tener para mantener un trabajo de calidad. Aprovecho para aclararlo, por si acaso (ríe).
Eres madre de una adolescente y una bebé. ¿Cómo logras balancear el rol de madre con el de empresaria?
–Tengo un horario estricto. Salgo de aquí a las tres de la tarde y busco a mi hija a la escuela, y de ahí voy a mi casa a ser mamá. Los días que tengo más trabajo, tengo que hacer excepciones y, pues, entonces llego más tarde a casa. Pero, trato de respetar esos horarios lo más posible. Y no trabajo los fines de semana.
Muchos escritores confiesan haber padecido el temido “writer’s block”, esos momentos en que parecen secárseles las ideas o, al menos, en que parecen venir a cuentagotas. Como diseñadora, ¿has atravesado periodos similares?
–Me pasa mucho porque como nosotros tenemos dos shows al año (el Puerto Rico High Fashion Week), y pasa tan poco tiempo entre ellos. Y además de esas dos colecciones, en el intermedio yo hago vestidos de novia, de coctel y de fiestas.
Ahora mismo, de hecho, ya compré las telas para mi colección de otoño, pero estoy un poquito en blanco. No he tenido el tiempo, y si me siento, me da estrés porque no me sale nada. Casi siempre necesito dos o tres días libres en que yo me sienta que estoy de vacaciones, desconectada, para poder crear. Porque si no, empiezo a dañar telas. Hago dos o tres trajes que no los uso en la colección nunca. Y digo: ‘¿pero qué yo estaba pensando cuando hice esto?’ (ríe).
¿Cómo evalúas el panorama local del diseño de modas?
Está bien de moda porque ahora todas las muchachitas quieren ser diseñadoras. Yo creo que eso no pasaba cuando yo era pequeña. Era raro cuando en mi escuela preguntaban qué querían ser, y yo era la única (que decía que quería ser diseñadora). Y era como que ‘qué cool, pero qué es eso’. Ahora no, quizás por los programas de televisión, todos estos reality show. Pero muchas personas confunden que les guste vestir bien, ir de shopping y estar a la moda con que quieren dedicarse a la profesión, que tienen que saber de costura y de patrones, y dar un servicio personalizado a un cliente.
¿Y qué opinas de este auge?
–Fíjate, a mí me beneficia en el punto que las personas ven más accesible a un diseñador. Ya un diseñador no te intimida porque quizás los ves más reales, más a tu nivel, para todo el mundo. Por otro lado, no es bueno que después que uno ha estudiado tanto, cualquiera coge un curso de tres meses y es un diseñador.
¿Cuáles han sido tus modelos a seguir en el escenario profesional?
–Mi papá. Él fundó su propio negocio, que es El Mesón, el establecimiento de sándwiches. Él es bien exigente con su negocio, cree en dar un servicio de primera, dar un producto de calidad y ser, sobre todo, responsable y muy profesional en lo que hace. En el mundo de la moda, me encanta el estilo de varios diseñadores, como Roberto Cavalli y Valentino.
¿Les haces caso a las críticas que te hacen?
–Depende. Hace tiempo que no recibo críticas de personas que de verdad yo sienta que valga la pena escuchar, pero me encanta, sobre todo cuando estaba en la universidad y venían de profesores que eran muy buenos y sabían mucho. Me encantaría tener una persona así que me criticara, pero a veces las personas que critican no creo que estén tan preparadas como para entender lo que dicen. A veces lo que critican es debatible. Más bien a mí me gustan los consejos de mis modistas, que tienen mucha experiencia y de quienes aprendo mucho.
¿Qué metas aún te faltan por alcanzar?
–Aunque he tenido la oportunidad de vender mi línea fuera de Puerto Rico, me gustaría, más que eso, darme a conocer entre los celebrities de Hollywood.





















