Más elogios hiperbólicos acerca del increíble episodio de anoche de Game of Thrones una vez vuelva ver esos épicos 20 minutos finales dos o tres veces más.

OK… ya.

¡WAO! Aquellos espectadores que llevan quejándose durante las pasadas semanas de que esta temporada ha estado tediosa, creo que anoche recibieron un rotundo tapaboca. Mientras esto no quita que, en efecto, los pasados capítulos no han sido los más cautivantes, lo que vimos anoche fácilmente se posiciona como una de las mejores horas de la serie en los cinco años que ha estado al aire, redefiniendo la escala de lo que se puede hacer en la llamada "pantalla chica". La batalla de Hardhome merecía ser vista en un cine IMAX, pero lo que el programa logró anoche en términos de escala puso en ridículo a muchas de las producciones cinematográficas que se jactan de “épicas” (estoy hablando de ti, trilogía de The Hobbit).

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Pero antes de llegar a ese extraordinario desenlace, fuimos testigos de uno de los mejores episodios de esta quinta temporada, comenzando por la nueva y prometedora alianza entre la conquistadora estrella de Game of Thrones, Daenerys Targaryen, y el mayor estratega de Westeros, el astuto Tyrion Lannister. El enano comenzó a hacer evidente su valor para la Madre de los Dragones a través de una estupenda conversación –escrita por los creadores de la serie, David Benioff y D.B. Weiss- en la que estos dos huérfanos de padres malvados compartieron muchas de las cosas que tienen en común.

Peter Dinklage y Emilia Clarke brillaron en esta escena, el primero proyectando a un “Tyrion” que ya no tiene nada que perder y aún no está muy seguro si apoyar a esta reina rendirá frutos distintos, pero “Daenerys” le promete que su misión no es perpetuar la “rueda” que ha gobernado a Westeros por los pasados siglos, sino destruirla por completo. Clarke no ha tenido a su disposición el mejor material con el que trabajar este año –su trama en la novela A Dance With Dragons es aún más latosa, aunque usted no lo crea- pero en esos breves minutos de anoche, la actriz compartió una química con Dinklage que promete mucho para las próximas temporadas.

Cabe señalar que la reunión entre “Tyrion” y “Daenerys” aún no se ha dado en los libros, así que lo que vaya a ocurrir en los últimos dos episodios –con una GRAN excepción- será material nuevo para los televidentes y lectores por igual. En lo personal, estoy sumamente interesado en ver cómo la serie va adaptar lo que veremos el próximo domingo en el episodio titulado “The Dance With Dragons” en vista de este adelanto en la narrativa de los libros.

Permaneciendo en Essos, una niña está aprendiendo a ser otra niña en Braavos, donde Arya continúa su entrenamiento en la Casa de Blanco y Negro. Haciéndose pasar por una vendedora de ostras, Arya se ve sumergida en su primera misión sirviendo al dios de las muchas caras. Su objetivo no quedó muy claro más allá de que su deber como nueva integrante de esta secta es proveer el regalo de la muerte para aquellos que pagan por él, lo cual en este caso involucra a una familia que busca retribución por una injustica cometida contra su padre. Por un momento creí que Arya se encontraría con Meryn Trant –el miembro del Kingsguard que figura en su lista de la muerte y que se supone que está encaminado a Braavos junto a Mace Tyrell-, pero al parecer eso lo están guardando para un próximo episodio.

Trasladándonos a Westeros, Cersei no la está pasando nada bien en su nuevo hogar en las celdas subterráneas de la Gran “Septa” de Baelor. La incestuosa, traicionera y fornicadora –delitos por los que se le acusa pero ella niega- recibe la visita del siniestro Qyburn, quien le informa que el pobre Tommen se ha visto muy afectado por su encarcelamiento así como el de su esposa, Margaery. El ex maester le asegura que existe una forma de salir de ahí. Qué querrá decir por esto, lo dejo para que ustedes infieran lo que gusten. Lo cierto es que la Fe no parece ofrecerle ninguna salida que no sea la confesión. Mención aparte merece Lena Headey y su actuación como una verdadera leona arrinconada. Ay de aquellos en su camino si algún día logra salir de su prisión. Como bien sabrán, los Lannisters se toman muy en serio sus deudas.

Mientras, en Winterfell, Sansa vuelve a confrontar a Theon/Reek y al hacerlo obtiene una valiosa pieza de información: sus hermanos no fueron quemados y aún podrían estar con vida. Las actuaciones de Sophie Turner y Alfie Allen resaltaron tanto como las de Dinklage y Clarke en esta escena excelentemente filmada en contraluz, la primera señal de la calidad visual que el director Miguel Sapochnick nos ofrecería en este episodio. Lo que hará Sansa con esta información está por verse y no lo sabremos hasta el próximo año –el actor que interpreta a Bran no filmó escenas para esta temporada- pero ciertamente tendrá alguna importancia, una que me es ajena ya que el arco dramático de Sansa es completamente distinto en las novelas.

Lo mismo ocurre con el plan que están trazando los Bolton para responder a la amenaza de Stannis, cuyo ejército está sufriendo la llegada del crudo invierno que llevan cinco años prometiéndonos que venía. Roose Bolton cree que lo mejor es esperar detrás de las defensas de Winterfell hasta que Stannis se rinda, pero Ramsay cree que la mejor opción es llevar un mensaje de que el norte no tiene por qué aguantar desafíos de sureños. No sé qué hará Ramsay con los 20 hombres solicita para –presumo- invadir secretamente el campamento de Stannis, pero en vista de su historial, temo por lo que podría ocurrir con la pequeña Shireen. La veo doblemente amenazada con Melisandre queriéndola sacrificar al Dios de la Luz y ahora con Ramsay y su brutal talento para cometer atrocidades.   

Y entonces llegamos a quizá la mejor batalla que jamás se haya filmado para la televisión. Jon Snow llega a Hardhome para intentar convencer a las diferentes tribus de wildlings a que crucen el Wall y se unan al Night’s Watch en la guerra que se avecina contra los White Walkers y el ejército de los muertos, pero mientras muchos debaten si aceptar su oferta o no, la guerra llega a ellos. Vemos cómo el invierno literalmente desciende de las montañas con una espesa y helada neblina que esconde a miles de muertos vivientes. Jon y Tormund lideran la avanzada contra estos “wraiths” –como se les conocen en los libros- pero la situación se agrava cuando un imponente White Walker arriba al campamento, destruyendo con su lanza de hielo cuanta espada choca contra ella. Todas, menos una: Longclaw, la espada hecha de acero valyrian que Jeor Mormont le obsequió a Jon.

Las espadas de acero de Valyria se forjan en fuego de dragón –además de que, según las leyendas, se le añaden hechizos que las hacen más letales- así que resultan sumamente efectivas para despachar a White Walkers. La fantástica hazaña de Jon (que tuve que ver como 10 veces en “instant replay” de lo brutal que quedó) fue observada desde el tope de un monte por el Night’s King, el líder de los White Walkers que ayer sumó miles de soldados a su ejército. En un abierto desafío a Jon, el Night’s King levantó a los recién caídos en el combate y el joven bastardo no pudo hacer más que mirar horrorizado lo que se encamina hacia Castle Black.

Fue un épico final impecablemente filmado y coreografiado, digno de verse en la pantalla más grande posible. Luego de Mad Max: Fury Road, es la mejor acción que he visto en el 2015. ¿Me creerán si les digo que esta batalla no figura prominentemente en las novelas? De hecho, Jon Snow ni siquiera participa de ella y la misma se resume en un informe que este recibe a través de un cuervo informándole de la masacre. Son muchas las quejas que los lectores podemos tener acerca de cómo han sido adaptados los libros de A Song of Ice and Fire, pero esta jamás será una de ellas. En verdad no veo cómo la serie podría superar lo que vimos anoche, pero confío en que lo hará antes de que se decida quién finalmente se sentará en el trono de hierro. 

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