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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Crítica: Dredd 3D

09/27/2012
DREDD 3D.- Dirigida por Pete Travis. Protagonizada por Karl Urban, Olivia Thrilby y Lena Heady. Clasificada R. Duración: 98 minutos.

Hay una línea muy fina entre la violencia glorificada y la justificada, y la cinta Dredd 3D tiene un pie en cada lado de ella. Glorificada porque el director Pete Travis se encarga de que cada vez que se derrama sangre –o vísceras- en pantalla, se exponga con lujo de detalle, y justificada porque cabezas que estallan en cámara lenta de un balazo sólo pueden significar una sátira que evoca lo mejor del cine futurista de Paul Verhoeven.

Basada en el personaje de los cómics británicos “Judge Dredd” -creado por John Wagner-, esta nueva adaptación (no los culpo si olvidaron la terrible versión protagonizada por Sylverster Stallone en 1995) es una divertida película de acción que jamás peca de aburrida aunque sí se torna un tanto monótona. Sin embargo, esto se contrarresta por un fantástico estilo visual y un buen sentido del humor que abona al hecho de que nada de lo que está viendo se debe tomar en serio. 

Dredd 3D se desarrolla en un mundo post apocalíptico donde lo único que queda es una gran metrópolis llamada Mega-City One que se extiende desde Washington DC hasta Boston. En ella los llamados Jueces son los encargados de la ley y el orden y tienen el poder de arrestar, enjuiciar y sentenciar a los criminales en el momento.

Karl Urban interpreta a “Judge Dredd”, uno de los más temidos Jueces en la ciudad. El actor -o más bien su boca, la única parte que el emblemático casco deja al descubierto-  lo encarna con absoluta seriedad, incluso cuando expresa trilladas frases antes, durante o después de deshacerse de algún criminal. El guión de Alex Garland está repleto de estos pequeños momentos cómicos en medio de toda la acción que ayudan a suavizar, muy levemente, la crudeza de la violencia.

Con la ayuda de una novata con poderes psíquicos (Olivia Thrilby), “Dredd” esa signado a desarticular una ganga de narcotraficantes, liderados por la sanguinaria “Ma-Ma” (Lena Heady), cuya base de operaciones se alberga dentro de un rascacielos donde controlan a todos sus inquilinos.


Si vieron la estupenda película The Raid a principios de este año (y, si no, véanla), las similitudes con su trama serán obvias: coloca a un equipo de oficiales de la ley en el primer piso de un edificio y hazlos ir subiendo por él combatiendo criminales mientras el nivel de dificultad incrementa. Es un concepto sacado de los videojuegos y que, siendo justos, The Raid realizó mucho mejor, alternando entre combates armados y peleas de artes marciales.

No obstante, Dredd 3D la supera en términos puramente estéticos, demostrando el verdadero potencial de la tecnología 3D como pocos filmes lo han hecho. La fantástica cinematografía de Anthony Dod Mantle, quien vuelve a emplear la cámara Phantom que usó en las memorables escenas en cámara lenta de Antichrist, hace que todo luzca espectacular en la pantalla grande. Imaginen el prólogo o las secuencias psicoanalíticas de Charlotte Gainsbourg en esa cinta de Lars Von Trier en 3D y tendrán una idea de lo que pueden esperar. 

Las imágenes ultra estilizadas capturadas por Mantle -bajo la dirección de Travis y con la pulsante banda sonora de Paul Leonard-Morgan como acompañante-  no son capturadas en tres dimensiones por el mero hecho de cobrar más dinero por los boletos. Se justifican bajo el pretexto de la droga distribuida por la ganga de “Ma-Ma” que altera la percepción de sus usuarios, haciendo que el tiempo parezca detenerse. Esto le permite al director presentar la acción en cámara lenta y deleitar al espectador en un alucinante show de efectos visuales.

Se suele mirar de reojo a las películas en las que el estilo va por encima de la sustancia, algo de lo que este largometraje tiene muy poco, por no decir nada. Pero para sustancia, vean The Master. Dredd 3D argumenta convincentemente que el estilo puede ser la sustancia.  Tengan esto en mente y saldrán complacidos.