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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Crítica: John Carter

03/19/2012
JOHN CARTER.- Dirigida por Andrew Stanton. Protagonizada por Taylor Kitsch, Lynn Collins, Willem Dafoe, Ciaran Hinds, Dominic West, Mark Strong y James Purefoy. Clasificada "PG-13". Duración: 132 minutos.

Muchísimas historias se escribieron en los últimos meses anticipando el supuesto desastre de John Carter como una mega producción de Disney que no recuperaría su multimillonaria inversión, textos que probablemente influenciaron a los cinéfilos estadounidenses en vista de su pobre recepción en la taquilla. Dirigido por Andrew Stanton, el filme llevaba las de perder desde su primer tráiler, estrenado en verano del 2011, que impresionó a pocos y convirtió a muchos en escépticos, el primer traspié en lo que fue una pésima campaña de mercadeo.

Pero las ganancias que John Carter genere o no genere son irrelevantes e inconsecuentes a la hora sentarse a verla.  Eso le incumbe al estudio y, quizá, a los que habrían querido ver una o más secuelas. Mientras el largometraje nunca alcanza los épicos niveles que promete una obra literaria tan influyente en el género de la ciencia ficción como lo es la serie de novelas de Edgar Rice Burroughs -que se desarrollan en el planeta Barsoom, o Marte, como lo conocemos los terrícolas- sería erróneo decir que no se esmera por ser entretenido, aunque no tanto como debería serlo.

El guión de Andrew Stanton y Mark Andrews peca de querer incluir tanto material del texto original que resulta en una trama rebuscada, que si bien sirve de introducción a las idiosincrasias de este mundo alienígeno, son demasiadas para una sola película. A esto se le suma un actor principal insípido, que jamás conecta con el espectador, y una extensa duración de 132 minutos que hace que Avatar, que duró media hora más, se sienta corta.

“John Carter” –interpretado por Taylor Kitsch- es el protagonista de esta aventura interplanetaria que comienza durante la Guerra Civil en Estados Unidos. “Carter”, un soldado de los Estados Confederados, se rehúsa a regresar a la línea de batalla, prefiriendo buscar oro en el desierto de Arizona. Allí se topa con un ente de otro mundo que carga con un artefacto que los transporta a Barsoom  donde se ve involucrado en otra guerra civil entre tres facciones.

La cinta contiene varias virtudes, la mayor de esta es la gran presencia escénica de Lynn Collins. La actriz encarna a “Dejah Thoris”, la princesa guerrera que le brinda a “John Carter” la fuerza que carece Kitsch. Cada vez que aparece en escena la película cobra vida. La actuación de Collins es muy memorable y su personaje recibe el desarrollo más satisfactorio. Una historia completamente de ella habría sido más interesante que ver a “Carter”, quién es tan “impresionante” como su habilidad de saltar muy alto en la superficie de Marte. Kitsch será una “cara linda”, pero un actor estelar, no es.

Mención aparte merece el compositor Michael Giacchino, cuya banda sonora es simplemente espectacular. Su música, que por momentos evoca a la del maestro John Williams, transmite el sentimiento de una épica aventura que no se manifiesta a plenitud en el largometraje.

Stanton consigue deslumbrar con su primera incursión como director de una cinta no animada. Su manejo de las secuencias de acción –repletas de fantásticos efectos especiales- es acertado, y las complementa con momentos cómicos que nunca se sienten forzados. Si tan sólo hubiera sido tan efectivo en el manejo del guión –algo que resulta sorprendente tras su colaboración en las excelentes Finding Nemo y Wall-E- John Carter pudo haber sido el primer capítulo de una gran serie cinematográfica.

La mentalidad que actualmente impera en Hollywood de querer hacer de toda súper costosa producción una franquicia cinematográfica, en lugar de concentrarse en realizar una buena cinta que se pueda sostener por sí sola, es el talón de Aquiles de John Carter, aún cuando detrás de ella estaba Stanton, para quien este fue un proyecto muy personal tras décadas de querer verlo llevado al cine. Sin embargo, a pesar de sus múltiples deficiencias, algo que no se puede negar es la ambición detrás del largometraje.

Cada centavo de los reportados $250 millones que costó la producción está expuesto en pantalla. El amor de Stanton por esta propiedad es palpable y hay que reconocer a Disney por colocar ese exorbitante presupuesto en manos de un cineasta muy talentoso que se ha probado en el medio y que no tuvo que comprometer su visión ante el estudio. No todas las apuestas se ganan, pero es mejor ver un fracaso admirable que una película hecha sin pasión.