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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Crítica: The Perks of Being a Wallflower

11/21/2012
THE PERKS OF BEING A WALLFLOWER.- Dirigida por Stephen Chbosky. Protagonizada por Logan Lerman, Ezra Miller y Emma Watson. Clasificada PG-13. Duración: 103 minutos.

Los años de escuela superior pueden ser una etapa tan maravillosa como escalofriante, de descubrimiento y experimentación, forjando en esos cuatro años una parte considerable del cimiento de los hombres y mujeres que seremos. Centenares de películas se han hecho respecto a este periodo transitorio en el que dejamos de ser niños cuando aún no estamos listos para ser adultos, algunas de ellas muy buenas, pero pocas lo han capturado de manera tan genuina como The Perks of Being a Wallflower, basada en la novela homónima de Stephen Chbosky, quien la adapta y dirige.

El protagonista es “Charlie”, un “prepa” que lleva una cuenta regresiva de los días que le quedan para terminar la “high”. Su timidez oculta un profundo trauma del pasado que, a su juicio, lo mantendrá al margen a la hora de hacer amistades. Su único y mejor amigo se suicidó tan sólo unos meses antes de iniciar el año escolar. Ahora “Charlie” le escribe a un anónimo socio epistolar en lo que parece ser un tipo de terapia en la que puede liberar sus sentimientos.

Logan Lerman interpreta a “Charlie”, en un papel revelador para el joven actor que hasta ahora era mejor conocido por Percy Jackson and the Olympians. En su actuación se percibe el trabajo de internalización que tuvo que realizar para construir el personaje y encarnarlo con suma sinceridad. Su lenguaje corporal, incómodo en su propia piel, pero –sobre todo- su inocente mirada, guardan emociones que no son totalmente reveladas sino hasta el desenlace.

Por suerte, “Charlie” encuentra dos “seniors”, tan inadaptados como él, que lo cobijan bajo sus alas: los medios hermanos “Patrick” (Ezra Miller) y “Sam” (Emma Watson), que le abren las puertas a un mundo lleno de buenas vibras, tremenda música y –más importante aún- balance emocional. El corazón de la película yace en el fuerte vínculo que se forma entre este trío y las diferentes maneras en las que es puesto a prueba a lo largo del año escolar, el primero de “Charlie” y el último de los hermanos.

The Perks of Being a Wallflower no establece claramente un tiempo, aunque no es difícil deducir que se desarrolla durante la década del 90. Sin embargo, Chbosky no persigue transportarnos en un viaje nostálgico a esa época específica, sino más bien que la experimentemos cual si fuese la primera vez a través de los ojos de “Charlie” mientras lentamente va quebrantando el caparazón que lo protege.

Todo parece ser nuevo cuando se es un adolescente. Escuchamos música que creemos nadie nunca antes ha descubierto a pesar de ser más vieja que nosotros. Nos enamoramos como lo hace “Charlie”, con cada fibra pero en absoluto secreto –o al menos eso creemos, porque para el resto mundo no podría ser más obvio- y en especial cuando se nos dice que dicho amor es “inalcanzable”. En este pasaje de rito de la familia biológica a la que nace entre amigos, aprendemos a confiar en otras personas a la vez que nos hacemos más vulnerables.

Estas son tan solo algunas de las emociones que afloran en este maravilloso largometraje gracias, no sólo al texto de Chbosky, sino al excelente elenco que le da vida en pantalla. Watson es todo un amor, la dulce chica de la cual cualquiera fácilmente se enamoraría, pero más sorprendente aún es Miller como “Patrick”, quien se roba la película con una actuación compuesta por partes iguales de sentimientos que igual manifiesta que reprime.

Por si no ha quedado claro, aquí va: adoré The Perks of Being a Wallflower. “Adoré” con “A” mayúscula. Me hizo reír, aún dentro del tono melancólico que expone, y llorar con estos personajes que se ganan el cariño haciéndonos sentir como si fuéramos parte del grupo de amigos. El filme transmite el espíritu de inmortalidad que nos consume durante esa etapa de la vida.