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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Crítica: Under My Nails

10/25/2012
UNDER MY NAILS.- Dirigida por Ari Maniel Cruz. Protagonizada por Kisha Tikina Burgos, Iván Camilo, Dolores Pedro, Rosie Berrido y Antonio Pantojas. Duración: 102 minutuos.

El drama psicosexual que se halla en el centro de Under My Nails, la primera película del director Ari Maniel Cruz, transcurre entre recovecos, en pasillos estrechos, diminutos apartamentos en el Bronx y a través de paredes tan finas que prácticamente podrían ser invisibles.

Escrita y protagonizada por Kisha Tikina Burgos, la trama sumerge al espectador en una historia impulsada por voyeurismo, donde una mujer desarrolla una viciosa obsesión con las prácticas sexuales de sus vecinos. Al principio, sin que ellos lo sepan, se integra a ellos desde el otro lado de la pared, hasta que el mero deseo no basta. Burgos encarna a “Solimar”, una puertorriqueña radicada en Nueva York que habita un estudio tan pequeño que casi parece una celda, por lo que anda en busca de un escape.

El entorno de “Solimar”, entre su hogar y el salón de manicura donde labora –filmado por Cruz mayormente en tiros cerrados-, contribuye al sentido de claustrofobia y represión de emociones que se manifiesta en la primera mitad del largometraje, donde resulta más efectivo. Una terrible fobia a los lagartijos es el menor de los trastornos de “Solimiar” (aunque, al menos en pantalla, parece ser el mayor y el único claramente explicado) tras perder a su padre cuando niña.

Su padre y madre subrogada lo ha sido “Amalia” –interpretado por Antonio Pantojas-, un hombre homosexual que intenta aconsejarla cuando inicia una relación con su vecino, “Roberto” (Iván Camilo), un hombre que le consta es abusivo y dominante en la cama porque ha escuchado cómo trata a su pareja, “Perpetue” (Dolores Pedro). “Solimar”, en lugar de escuchar, se siente más atraída hacía él.

Como un estudio de un personaje fracturado, solitario y emocionalmente cohibido, que no funciona como víctima sino como un partícipe de una relación masoquista, Under My Nails se desempeña decentemente. Burgos no provee respuestas obvias sobre por qué “Solimar” es como es, sino más bien las transmite mediante los matices de su actuación para ser interpretados por el público.

Sin embargo, la trama toma un giro en el segundo acto con la desaparición de “Perpetue”. “Solimar” sospecha que “Roberto” la ha matado pero aún así continúa con él mientras intenta aclarar la situación. El problema con la introducción de este elemento misterioso es que redirige el foco de la acción de la obsesión de “Solimar” con este hombre abusador a averiguar si sus sospechas son ciertas, y aquí las respuestas no son nada claras, por lo que la cinta llega a un desenlace insatisfactorio que deja muchas cosas en el aire.

Con un puñado de buenas actuaciones, lideradas por Burgos y a nivel secundario por Pantojas y Rosie Berrido, como la madre de “Roberto”, Under My Nails se queda corta del potencial que presenta durante su primer acto. Es una película que pretende provocar con su argumento, y en parte lo logra, pero la transición que traza hacia un discurso muchísimo más convencional eclipsa esa intención.   


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