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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Crítica: Warm Bodies

02/12/2013
WARM BODIES.- Dirigida por Jonathan Levine. Protagonizada por Nicholas Hoult, Teresa Palmer, Rob Corddry y John Malkovich. Clasificada PG-13. Duración: 97 minutos.
Para los amantes del terror, el filme podría traerles varios problemas.

Los zombies necesitan unas vacaciones del cine. O, más bien, de la cultura popular en general. Deben irse a hibernar junto a los vampiros. Sus apariciones en la pantalla grande –y chica, sin mencionar libros, cómics, videojuegos, etc- han sido tan recicladas en los últimos años que ya no son monstruos sino clichés.

Cada cierto tiempo viene una película con un acercamiento distinto y llamativo –como Zombieland o Juan de los muertos- que nos recuerdan qué fue lo que los hizo íconos del terror. Sin embargo, la norma se ha convertido en filmes como Warm Bodies, inofensivos, ordinarios, dirigidos a perseguir tendencias en los grupos focales, porque los zombies, ahora más que nunca, están “in”.

Warm Bodies es un producto derivado de la popularidad de Twilight: un filme basado en una novela que apela específicamente a la demográfica de los “jóvenes adultos”, un término sofisticado de mercadeo para no decir “adolescentes”. Libros cuyos derechos han sido comprados por los estudios para aprovecharse del inaudito éxito multimillonario del romance entre Bella y Edward. La semana entrante estrena otra cinta en la misma línea, Beautiful Creatures, que parece ser Twilight con brujas.

El filme de Jonathan Levine (50/50) no es exactamente Twilight con zombies –ni se acerca a esos míseros niveles-, aunque si reúsa el inexplicable concepto de una adolescente que se enamora de un muerto viviente. La atracción hacia un vampiro se puede entender. Son sexy, muerden, chupan, seducen... pero, ¿hacia un zombie? Supongo que si te ves como Nicholas Hoult, y ser un cadáver andante se limita a pintarte venas en el cuelo y verte un poco más pálido, pues la serie The Walking Dead la estarían transmitiendo por el canal CW.

Hoult interpreta a un “hipster zombie” –con colección de discos en vinyl y todo- llamado simplemente “R” porque no recuerda el resto de su nombre. El mayor acierto del largometraje es el monólogo interno de este personaje que nos introduce al mundo de los zombies desde su singular perspectiva con un buen tono humorístico. “R” detesta ser un zombie. No disfruta de comer cerebros, pero igual tiene que salir a cazar humanos para alimentarse. En una de esas cacerías, se topa con “Julie” (Teresa Palmer) y queda inmediatamente anonadado por su belleza… mientras se come el cerebro de su novio.

De este punto en adelante, Warm Bodies se convierte en Romeo y Julieta con zombies tiene una escena en un balcón. La inesperada atracción de “R” hacia “Julie” es tan intensa que su corazón vuelve a latir por un instante. Todo esto suena demasiado adorable para su propio bien, pero juzgando por los múltiples “aaawwwww…” que escuché en la sala, definitivamente funcionará para un sector del público. Aunque sí hay que darle crédito a Hoult, Palmer y Levine –quien también escribió el guión- por mantener la atmósfera tan liviana como lo es, contrario a la sobriedad de aquella otra saga.

Para los amantes del terror, el filme podría traerles varios problemas. Las reglas de este universo son demasiado incoherentes, por decir mucho. Por un lado “R” se cuestiona por qué tienen que caminar tan lento, pero en la escena siguiente se mueven con la velocidad de licántropos. Por otro lado, hay un estado inferior al de los zombies, llamados “bonies” (traten de no reírse), que no son más que cadáveres sin carne. Uno pensaría que estos serían más débiles que los zombies, pero inexplicablemente son más rápidos y fuertes. ¡Ah!, y si te comes el cerebro de alguien, ingieres sus memorias.

No hay nada de malo con tratar de reinventar la fórmula de los zombies,  al contrario. Eso es precisamente lo que tienen que hacer para no repetirse. Sin embargo, Warm Bodies nunca establece su realidad convincentemente. Su tratamiento es tan superficial como su influencia “shakespiriana”, resolviendo la encrucijada en la que se encuentran los protagonistas con la simpleza de una de las canciones más famosas de The Beatles: “All You Need Is Love”.  


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