Placeholder

Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

He visto la luz… y se llama IMAX

07/26/2012
El teatro Regal Pointe Orlando Stadium & IMAX donde vi The Dark Knight Rises el pasado jueves a la medianoche. La pantalla es tan grande que no cabe en la foto, pero se extiende hasta el techo.

Hasta la semana pasada nunca había pisado un IMAX, los famosos teatros en los que la pantalla es grande de verdad: aproximadamente 72 pies de altura por 52 de ancho, pero las hay más grandes. ¿La película? The Dark Knight Rises, que contiene más de una hora filmada en este formato de 70mm, el doble de un filme regular.

Mientras directores como James Cameron y Peter Jackson han llamado al 3D el futuro del medio, Christopher Nolan ha apostado al IMAX como la verdadera experiencia cinematográfica, capaz de sumergir al público en la película. Luego de ver Avatar y The Dark Knight Rises, estoy del lado de Nolan.

El 3D puede ser maravilloso en manos de un gran artista -como Wim Wenders, con Pina; Martin Scorsese, con Hugo; o Ridley Scott, con Prometheus- pero la gran mayoría de las veces son mediocres presentaciones, con una imagen opaca y borrosa, cuyo único propósito es sacarle a usted más dinero de su bolsillo. Por eso es que a los estudios y los cines les encanta.

No dudo que el IMAX también dependa de un diestro cineasta para sacarle todo su potencial. Muchos se niegan a utilizar este formato debido a que las cámaras son muy grandes, ruidosas y sólo pueden filmar durante 3 minutos antes de cambiar de rollo, pero ahí yace una de sus virtudes: no cualquiera puede hacerlo, contrario al 3D que se resuelve con una post conversión de dos a tres dimensiones, y li$to. 

Ver The Dark Knight Rises en IMAX fue una de las experiencias cinematográficas más memorables de mi vida. La enorme pantalla –que se expande literalmente desde el piso hasta el techo- se llenó a capacidad desde el primer recuadro, en ese asombroso prólogo en el que Bane captura un avión. Nolan nos introduce en la película utilizando una impecable composición visual que resulta en una imagen clara y brillante que permite apreciar los detalles gracias a una mayor resolución.

La experiencia auditiva está a la misma altura. Los teatros vienen equipados con bocinas que rodean la sala, incluso en el techo. Escuchar la banda sonora de Hans Zimmer fue como disfrutarla en vivo, con asombrosa nitidez, mientras los sonidos de la Ciudad Gótica arropaban la acción.

En Puerto Rico lamentablemente no podemos tener esta experiencia. ¿Por qué? Desconozco. Eso les toca a otros contestarlo (y si desean hacerlo, me comprometo a publicar en este espacio la respuesta). A pesar de que todas las semanas los cines están abarrotados, el IMAX nos elude, y los que cuentan con los recursos económicos para traerlo deberían considerarlo seriamente. El 3D ya es replicable en los hogares. El IMAX, no, y jamás lo será.

Además, mientras el público se divide entre los defensores y los detractores del 3D, me atrevo a decir que todo el que ha entrado a una sala IMAX ha salido encantado.

Yo no tengo el dinero para traer un IMAX a Puerto Rico, formato que requiere de técnicos y proyeccionistas certificados (lo cual podría ser una de las razones por las que no lo tenemos en la Isla), pero si estas palabras las llegase a leer algún inversionista interesado, sepa que los miles de cinéfilos locales estaríamos infinitamente agradecidos. 

Ya es hora de que tengamos un teatro IMAX.