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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Nocturnal Animals

12/08/2016
Las sólidas actuaciones y la estupenda puesta en escena no logran rescatar este filme de Tom Ford.

Tras debutar como director de cine en el estupendo drama A Single Man (2009), el modista Tom Ford aspira ahora a captar la atención del espectador a través de lo grotesco. Esto queda explícito desde los primeros minutos de Nocturnal Animals y las chocantes imágenes que parecen extraídas de la secuencia de créditos de una película de James Bond hecha en una realidad alterna. La música sinfónica del compositor Abel Korzeniowski se encarga de subrayar esta comparación.

Sin embargo, la osadía de Ford –cuyos detalles me reservo para no privarlo a usted de la experiencia de descubrirla- inspiran la misma pregunta que el resto del largometraje: ¿qué es exactamente lo que quiere decir con ella?

Basado en el libro “Tony y Susan” de Austin Wright, el libreto de Ford peca de pretencioso, hilvanando dos historias paralelas cuyos vínculos vagan entre lo obvio y lo obtuso. En una vemos a Amy Adams como “Susan”, la dueña de una galería que vive en una fría y lujosa mansión en las colinas de Los Ángeles cuando el ex esposo que no ve hace 20 años regresa a su vida a través de una novela dedicada a ella. En la otra, la película dentro de la película comienza cuando “Susan” se pone a leer la novela y observamos cómo esta se manifiesta en su cabeza, con Jake Gyllenhaal encarnando a “Tony”, un hombre cuya esposa e hija son secuestradas por un trío de campesinos de Texas y el trágico desenlace lo lleva a perseguir la venganza. 

Pero Gyllenhaal también hace de “Edward”, el exmarido de “Susan” que vemos en los flashbacks y que muestran cómo ambos se enamoraron y terminaron feamente su matrimonio. Mientras, en la imaginación de “Susan”, “Laura”-la esposa de “Tony” es encarnada por Isla Fisher, actriz que tiene un gran parecido a Adams. ¿Ve por donde va la cosa? Las semejanzas y repetición de actores son tan intencionadas como aparentan serlo, con una historia sirviendo de reflejo de la otra -combinando elementos del film noir y un thriller promedio- hasta llegar a un sombrío final que no concluye ninguna de las dos satisfactoriamente. 

La sutileza narrativa claramente no es una de las virtudes de Ford, quien luce muy cómodo como director mientras se encuentra en el superficial mundo de “Susan” pero tropieza al enfocar su cámara en el desierto tejano. El cineasta sí consigue tremendas actuaciones de su elenco, particularmente de Gyllenhaal –quien haya no una, sino dos maneras diferentes de transmitir sufrimiento- y el gran Michael Shannon como un detective que ayuda al protagonista de la novela. Adams, lamentablemente, se ve limitada a lucir perturbada por la crudeza de la página escrita. Su reacción es comparable a la del espectador al ver la susodicha secuencia inicial, cautivado por lo que ve mientras escucha una voz interna que le cuestiona “¿por qué estás viendo esto”.