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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

TIFF – Día 6: Malick regresa con To the Wonder

09/12/2012

El amor está en el centro de To the Wonder, la nueva película del director Terrence Malick. Amor físico, amor romántico y amor espiritual. También se muestra lo que ocurre ante la falta de estos, cuando el rencor o la duda se incuban en nosotros, restringiendo nuestra disposición natural a amar a alguien, a algo, ya sea tangible o efímero.

To the Wonder -el sexto largometraje del cineasta y el primero que se desarrolla en un entorno contemporáneo- transmite estas emociones mediante imágenes, no tanto así con palabras. Malick continúa su experimentación con el séptimo arte que alcanzó su máxima expresión el año pasado en la extraordinaria The Tree of Life, y aquí la lleva un paso más adelante en términos narrativos. El cineasta se desprende aún más de los diálogos, casi en su totalidad, incluso de las usuales narraciones que caracterizan su estilo, haciendo del filme una pieza puramente cinemática.

La trama comienza en Francia, donde encontramos a la pareja principal, interpretada por Ben Affleck y Olga Kurylenko. Sus personajes tienen nombres pero no los conocemos sino hasta los créditos finales. Son sencillamente un hombre y una mujer que inician un romance, como innumerables lo han hecho e innumerables más lo harán. Se muestran afectivos, interesados, tímidos... hipnotizados por ese maravilloso sentimiento que se manifiesta durante los primeros meses de una relación.

Él le pide a ella que se lleve a su hija a vivir con él en Estados Unidos, propuesta que ella acepta. Los tres se mudan a una linda casa que siempre vemos prácticamente vacía, con pocos muebles, como un reflejo de ellos. El tiempo pasa, la visa de ella expira pero él no muestra ninguna intención de casarse con ella, por lo que ambas regresan a París.

Todo este primer pasaje transcurre con tan sólo algunas instancias de diálogo en cámara, mayormente por parte de la hija, y narraciones de Kurylenko, quien se eleva como la protagonista del filme. La escuchamos incluso cuando su personaje desaparece durante el segundo acto, recitando poéticas reflexiones sobre el amor que algunos llamarán pretenciosas pero que sirven de ventana a los pensamientos de los personajes.

El elenco también incluye a Rachel McAdams, como un viejo amor del personaje de Affleck con quien reinicia una relación tras la partida de su novia europea, y a Javier Bardem, quien encarna a un sacerdote católico en medio de una crisis de fe. A todos los actores se les requiere, pues, actuar, pero sin depender de los parlamentos para expresar sus sentimientos, con sus personajes sirviendo como representaciones de ellos. Esto es más difícil de lo que podría sonar, requiriéndoles que trabajen la máscara y el cuerpo para desarrollar sus papeles.

¿Cómo logran esto? Depende de lo que deseen transmitir. Kurylenko, en especial, es cautivante en pantalla, y no sólo por su belleza. Baila cuando está irradiando felicidad, en lugares como el supermercado o las calles de Texas. Su rostro dice más que lo que podría con palabras. Affleck es más reservado, distante, frío, casi invisible. Lo conocemos a través de las mujeres en su vida y cómo las hace sentir, ya que él no tiene narración.

Desafortunadamente, Bardem no tiene mucho tiempo en pantalla. En ruta al estreno de la cinta, se reportó que varios actores fueron eliminados durante el proceso de edición, entre ellos Michael Sheen, Rachel Weisz y Jessica Chastain. El de Bardem, sin embargo, sobrevivió a la tijera de Malick, pero no es fácil identificar por qué. Su personaje es fascinante y su arco emocional -que lo lleva a reafirmar su fe por medio del prójimo- se prestaba para un mayor desarrollo. Su inclusión en la narrativa resulta un tanto forzada y torpe, como si formase parte de otra película.

A pesar de esa reserva, To the Wonder no deja de ser otra admirable obra en el canon de Malick, exquisitamente fotografiada una vez más por el mexicano Emmanuel Lubezki, uno de sus mayores colaboradores. Más íntimo que de The Tree of Life pero no menos ambicioso y arriesgado en su puesta en escena, ambos trabajos se complementan y conforman un nuevo capítulo en la prestigiosa carrera de este laureado cineasta que en los últimos años aparenta gozar de un fuerte impulso creativo.

7 Cajas

Luego de Malick, temía que el resto del día iba a ir en picada, pero por suerte no fue así.

7 Cajas es un filme paraguayo que no tenía en agenda pero lo vi en reacción a los positivos comentarios que han salido del festival. En términos de historia no es bastante simple: un mensajero es contratado para trasladar siete cajas de un punto de un concurrido mercado a otro, sin saber su contenido. Cuando lo descubre, sin embargo, el panorama cambia radicalmente.

Lo que hace de 7 Cajas alzarse sobre su premisa es el admirable estilo cinematográfico que demuestran los directores Juan Carlos Meneglia y Tana Schembori. Su cámara se mueven entre los recovecos del mercado con suma fluidez, haciendo de este claustrofóbico escenario uno idóneo para el apresurado ritmo de la trama. Su limitado presupuesto no es una limitación sino algo que los llevó a aprovechar sus recursos.

Ginger & Rosa

Otra excelente actuación de la joven Elle Fanning hacen que este drama de Sally Potter aparente ser mejor de lo que en verdad es. Fanning encarna a “Ginger”, una adolescente que vive aterrada en Londres, 1962, de la posibilidad de que ocurra una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia.

Fanning es increíble, como siempre, manifestando una madurez que sobrepasa su edad y que enriquecen a su personaje, una joven determinada y de pensamiento libre. El problema es que “Ginger” está atrapada en una trama que básicamente se circunscribe a un pequeño drama familiar cuando su mejor amiga, “Rosa”, inicia una relación con su papá. Es una película que deja buenas ideas sobre la mesa y acaba siendo poco memorable.

Spring Breakers

Wao... ésta sí que fue una sorpresa. El nuevo filme de Harmony Korine ha sido uno de los más comentados en el TIFF, y ya veo por qué.

Al igual que Kids, cuyo guión fue escrito por Korine, Spring Breakers es una película subversiva, de esas que te ponen a cuestionar el futuro de la sociedad, particularmente nuestra juventud. Sus protagonistas son cuatro chicas universitarias que sueñan con escaparse al spring break en Florida. Para ello, pues hacen lo que cualquiera haría: asaltar un negocio para conseguir dinero.

Korine nos confronta desde el principio a la decadencia de este ritual estadounidense con tiros de las playas repletas de jóvenes en un bacanal de grandes proporciones al ritmo de Skrillex. Las chicas llegan aquí como si se tratase del paraíso, hablando por medio de narraciones de lo bien que lo están pasando y lo libre que se sienten en medio de esta orgía de sexo, drogas y alcohol, lo cual resulta cómico y preocupante.

En florida conocen a Alien, un rapero/traficante encarnado por James Franco en un papel que dejará a cualquiera boquiabierto, tanto por su osadía como por su transformación. Alien saca a las muchachas de un aprieto con las autoridades y se convierten en sus secuaces en una guerra entre gangas.

Spring Breakers chorrea estilo de principio a fin. Me recordó mucho a Drive mientras la veía en que es una trama que en papel no dice mucho pero en pantalla es todo lo contrario. Korine juega con el tiempo, utilizando la repetición, los flashbacks y flashforwards para desorientarnos y ponernos en un tipo de trance. La cinta está repleta de contenido gráfico y fuerte, específicamente sexo, por lo que su distribución será complicada. Espero que puedan verla en algún momento, ya que en verdad no he visto nada igual en el festival y fue una gran sorpresa.

Sightseers

El director de Kill List, el británico Ben Wheatly, regresa con esta perversa y retorcida comedia que muy bien se pudo haber titulado Kill Trip. En ella una pareja de novios emprenden un viaje por la campiña inglesa que se va tornando cada vez más y más sangriento.

Sightseers fue otra de esas películas que sólo fui a ver por la reputación del director, quien se apareció en la función para presentar la película, advirtiendo que había: “beautiful british scenery, a couple of dead bodies, a dog and quite a bit of fucking”.

¿Quién no quisiera ver eso?

No quiero decirles más de la cinta porque gran parte de su encanto es el no saber lo que va a ocurrir. IFC Films adquirió los derechos, así que con suerte en los próximos meses la podrán ver por VOD.

Cloud Atlas

Esta la vi el sábado pero se me pasó escribir sobre ella, quizás porque no tenía muchas ganas, esto a pesar de que ha sido probablemente la película que más ha dividido a los críticos en Toronto entre los que la odiaron y los que inmediatamente la llamaron una de las mejores del 2012.

El filme de Tom Tykwer y los hermanos Lana y Andy Wachowski ciertamente es ambicioso, visualmente asombroso y arriesgado en su propuesta que adapta la novela homónima de David Mitchell en la que un puñado de personajes se conectan entre sí a través de seis historias que se desarrollan en diferentes tiempos.

Sin embargo, narrativa y estructuralmente el filme es un desastre, al menos en mi primera impresión. Confieso que ese día había visto tres películas y Cloud Atlas dura casi tres horas con una agresiva edición que va saltando de una historia a la otra literalmente cada minuto. Así que no es algo que se presta para verlo al final de una jornada de festival, cansado y con necesidad de subtítulos, ya que hay dos segmentos que ocurren en una versión futura de Corea del Sur y una tribu indígena en la que se me hacía difícil entender lo que hablaban por los fuertes acentos y dialectos.

Le daré otra oportunidad a Cloud Atlas cuando estrene en Puerto Rico. Creo que se la merece antes de escribir una crítica formal. Por ahora, sólo puedo decir que me inclino más hacia los detractores.