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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Zero Dark Thirty

02/28/2013
ZERO DARK THIRTY.- Dirigida por Kathryn Bigelow. Protagonizada por Jessica Chastain, Jason Clarke, Joel Edgerton, Mark Strong, Jennifer Ehle y Kyle Chandler. Clasificada R. Duración: 157 minutos.
El mayor cumplido que se le puede dar a Zero Dark Thirty es que aún sabiendo cómo termina nos cautiva con su narrativa.

A estas alturas, meses después de su estreno en Estados Unidos, lo más probable es que usted ha leído o escuchado lo suficiente de Zero Dark Thirty como para tener algún prejuicio en su contra. Mucho se ha escrito acerca de su exposición de las torturas cometidas por el gobierno estadounidense con el propósito de dar con el escondite de Osama Bin Laden. Incluso se radicó una moción en el Senado para investigar el filme luego de que varios senadores lo acusaron de presentar falsedades.

Trate, si le es posible, de olvidar todo esto a la hora de ver la película y júzguela por su puesta en escena, que no es nada sino de máxima altura. Bajo la dirección de Kathryn Bigelow y el guión de Mark Boal –cineastas ganadores del Oscar por The Hurt Locker (2008)-, la película resume en poco más de dos horas y media los diez años de investigación por parte de la CIA para capturar o asesinar al temido líder de Al Qaeda que estuvo detrás de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

De manera similar a como Alejandro González Iñárritu filmó su cortometraje México para la antología September 11, Bigelow inicia Zero Dark Thirty con una pantalla totalmente en negro. Escuchamos angustiadas llamadas telefónicas, patrullas, noticiarios, gritos... y todos los que tenemos memoria del 9/11, de inmediato reconocemos lo que estamos oyendo. Así la directora establece la motivación que impulsará a su protagonista, Maya, una analista de la CIA encarnada por Jessica Chastain, en su cruzada por dar con el enemigo número uno de Estados Unidos.

El personaje de Maya es un enigma por diseño y Chastain la interpreta tal cual. Su función es servir como la personificación de la verdadera analista que estuvo involucrada en la investigación, por lo que no se podían ofrecer detalles que revelaran su identidad. Aun así, la talentosa actriz consigue impartirle emociones al papel a través de minimalismos, desarrollando a Maya por sus acciones, con tenacidad, convicción y, en cierto punto, sed de venganza, lo cual debilita un poco su encomienda.

Cuando primero vemos a Maya, acaba de llegar a una base donde tienen capturado a un terrorista que podría apuntar a Bin Laden. Jason Clarke ofrece una estupenda actuación como “Dan”, el agente y verdugo encargado con extraer información a como dé lugar. Que luego, con el paso de los años, veamos al intimidante “Dan” como un empleado de oficina en Langley, Virginia, luciendo una corbata y con el cabello arreglado, lo hace aún más aterrador, aun dentro de su pragmatismo.

El acercamiento de Bigelow y Boal a esta historia adquiere una cualidad cuasi periodística durante gran parte de la narrativa, exponiendo detalladamente las pistas que llevaron a la CIA a descubrir que Bin Laden se escondía en Pakistán. Sin embargo, esta sensación de documental pierde efectividad cuando Bigelow recurre a una construcción de escenas sacadas de thrillers, algo que funcionaba a cabalidad en The Hurt Locker, pero que aquí se sienten artificiales, estén o no presentando hechos.

Pero independientemente de los tropiezos que tienen los cineastas –el ritmo del filme sufre un tanto cerca del segundo acto, al igual que el diálogo de Boal- , los últimos 30 minutos de Zero Dark Thirty son un tour de force de dirección, despojado de todo convencionalismo cinematográfico. Bigelow nos coloca en el medio de la misión del Seal Team Six que culminó con la muerte de Bin Laden en Pakistán. Es una secuencia en la que resulta difícil respirar, mucho menos hablar.

El mayor cumplido que se le puede dar a Zero Dark Thirty es que aún sabiendo cómo termina nos cautiva con su narrativa. Más allá de toda la polémica generada por su estreno, es una estampa de una de las épocas más turbulentas de la historia actual. Su último tiro –visualmente brillante aunque desinflado por el innecesario comentario de un personaje-, confronta al espectador acerca del significado de su resolución, planteando una multitud de preguntas que queda en nosotros responder.