"La vie d'Adèle" seduce a Cannes con sexualidad y sensualidad

Por Alicia García de Francisco / Agencia EFE 05/23/2013 |02:38 p.m.
Las actrices francesas Lea Seydoux y Adele Exarchopoulos junto al cineasta tunecino, Abdellatif Kechiche, durante la presentación de "La vie d'Adèle", cinta que compite en la sección oficial del festival. (EFE)  
El filme se centra en el descubrimiento del amor por parte de la protagonista de cómo se da cuenta de que le gustan las mujeres.

Cannes.- El tunecino Abdellatif Kechiche puso hoy en Cannes la sensibilidad, la sensualidad y la sexualidad con "La vie dAdle", un filme muy bien acogido y que seduce con la recreación con la que el realizador cuenta la relación entre dos jóvenes, interpretadas por Adle Exarchopoulos y Léa Seydoux.

Kechiche llevaba tiempo queriendo llevar al cine la idea del "amor a primera vista, del primer deseo", explicó hoy el realizador al presentar este filme, una coproducción de España, Francia y Bélgica, que compite por la Palma de Oro en Cannes y que la prensa especializada ya ha situado entre las favoritas.

Es una película sobre cómo un encuentro va a conmocionar la vida del personaje principal, Adle, una joven de quince años que no está muy segura de su sexualidad.

"La historia se desarrolla en los años noventa, en un contexto militante que preferí evitar para concentrarme en el encuentro, en la dificultad de vivir juntas", especialmente por la diferencia del medio social del que proceden, explicó Kechiche ante la pregunta de si pretendía hacer de su película una abanderada de la libertad sexual.


Porque "La vie dAdle" se centra en el descubrimiento del amor por parte de la protagonista, de cómo se da cuenta de que le gustan las mujeres, en un momento, la adolescencia, muy complicado para hacer entender a su entorno cuáles son sus sentimientos.

La película muestra con gran realidad ese momento, la relación de Adle con sus padres y con sus compañeros de colegio, que no entienden por lo que la joven está pasando.

Gran parte del peso de esa veracidad que destila la película recae en la joven Adle Exarchopoulos, que interpreta su papel sin falso pudor y dejándose llevar por el camino que le marca el director, que resulta por momentos demasiado voyeurista.

Escenas interminables de sexo en las que Kechiche se recrea en los más pequeños detalles, al igual que hace al rodar conversaciones, comidas familiares o a la protagonista dormida.

Un preciosismo formal que hace que la película se alargue hasta las tres horas, pese a lo cual Kechiche se ha quedado con ganas de contar más sobre Adle.


Sobre las escenas de sexo, ampliamente debatidas hoy en Cannes, el realizador explicó que no tiene una manera concreta de "filmar un tema tan delicado".

Lo único que hizo fue tratar de crear la atmósfera más cómoda posible para las actrices, buscar el buen encuadre y poner la cámara alejada, con un objetivo de largo alcance para no molestarlas y, a la vez, tratar de "captar las expresiones más pequeñas que no siempre vemos en la vida".

Al respecto, Exarchopoulos explicó que con la forma de trabajar de Kechiche, que nunca sabes si está o no rodando, "hay un momento en el que te olvidas de que estás actuando".

"Lo que es apasionante con Abdel -dijo por su parte Seydoux- es que no acabas nunca, hay millones de posibilidades y con los descartes puede hacer un filme completamente diferente. Tiene una forma de hacer las películas única en el mundo".

Esa forma especial de trabajar es lo que hace que para Kechiche sea más difícil rodar la sensualidad en las miradas que en las escenas de amor, que cuentan con elementos que las hacen más atractivas, como la luz o los propios cuerpos, que son como esculturas en movimiento, lo que facilita el trabajo.

Además de una "noción de juego" que el realizador incluye en el rodaje de esas escenas, en las que implica las emociones de los personajes. "Es divertido para los actores interpretar algo que no les pertenece".

Una película que pese a sus explícitas imágenes ha conseguido ser vendida ya para el mercado estadounidense y sin tener que cortar nada, aunque hay países más complicados en este aspecto.

"Considero que el cine inspira a expresar algo artístico", pero también hay una dimensión financiera y comercial importante, explicó el realizador, que señaló que no le molesta cortar algo para evitar la censura de un país y que su trabajo pueda ser exhibido, pero no si es la mayor parte del metraje.