
Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 13 años.
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No había pegado un ojo en 24 horas, pero ni se le notaba. Lucía refrescado, con su pelo peinado, su ropa exacta y una sonrisa contagiosa.
Gercef Toribio, de 23 años de edad, decidió sacrificar varias horas de sueño por otro tipo de sueño: lograr un pase para la tercera temporada de Idol Puerto Rico.
Fue el primero, de cerca de 1,000 jóvenes, que arribó a la segunda audición del reality show, que se llevó a cabo el pasado sábado en el estadio Roberto Clemente Walker, en Carolina. Gercef llegó al lugar el viernes, a las 2:00 de la tarde, cuando la producción del programa todavía no había asomado ni un pelo por allí.
“No habían empezado a montar las cosas de los patrocinadores y nadie sabía cómo dirigirme a la fila, hasta que encontré a alguien de producción y me dijo”, narró.
La preocupación del joven carolinense era que no pasara la audición. El año pasado había intentado entrar, pero no tuvo suerte, por lo que este año optó por prepararse mejor y llamar la atención, aunque fuera con su llegada.
“Quería ser el primero para que ellos (los productores) vieran que soy un apasionado y que este es mi sueño y que quiero cumplirlo. Quisiera que ellos vieran las ganas que tengo de alcanzar esta meta”, expresó el participante, quien tenía esperanzas de que fuera elegido.
Al igual que Gercef, había cientos de jóvenes que llegaron el sábado hasta el estadio carolinense en búsqueda de esa “oportunidad” musical.
Santia Marrero Sepúlveda, de 16 años, cargaba con su guitarra y ensayaba una y otra vez ese acorde perfecto que podría llevarla por una nueva ruta artística. Los reality shows, confesó, nunca habían sido una opción para ella, pero lo quiso intentar porque “no pierdo nada”.
Al cuestionarle qué podía distinguirla de otros participantes, abrió sus ojos y dijo: “El físico, porque no he visto otra colorá natural aquí y, además, toco la guitarra, canto y toco el piano también. Llevo en la música desde los siete años”.
A una edad similar a la de Santia, también comenzó en la música Andrew Caro. A los ocho ya cantaba, y a los 12, su padre, Pascual Caro, le regaló su primera guitarra. El sábado, este ponceño de 20 años estaba en la fila en compañía de su instrumento de cuerdas y de su padre.
“Mi papá tiene 72 años y, antes de que Papá Dios decida (llevárselo), quiero darle el orgullo de lograr lo que él no pudo, que es el sueño de ser artista”, manifestó Andrew. Mientras que su padre, Pascual Caro, agregó: “Ya que yo no llegué a hacerlo, quiero que mi hijo lo logre y por eso estamos aquí”.
En la larga fila de la audición, otras que se destacaban a simple vista eran las gemelas Laureliz y Laureli Santana, de 17 años, quienes esta vez optaron por vestirse iguales y cantar a dúo.
“Ensayamos para un dúo, pero también hay un plan B por si tenemos que cantar separadas”, comentó Laureliz.
¿Y si una pasa la audición y la otra no?, quiso saber este diario.
“Igual el logro será de las dos porque somos familia”, remató Laureli.
Con ese mismo espíritu de optimismo se encontraba Aleyda Santos, de 23 años, que fue a la audición con su amigo Alberto Silva, quien también participaría. La joven, quien es ciega, comentó que el solo hecho de participar era algo positivo porque le daba una exposición que le ayudaría a ganar experiencia en la música. Lo único que lamentó es que todavía este tipo de programa esté muy atado a la imagen, en vez de al talento.
“Creo que es una buena plataforma, pero se puede hacer más porque a veces no se ve tanto el talento de la persona y se fijan más en la apariencia y no en el talento y yo creo que se debería de buscar más allá del físico”, opinó la joven, quien forma parte del coro de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
El número de participantes iba aumentando, y los nervios también, a medida que se acercaba la hora de la evaluación. Para combatir la ansiedad, algunos jóvenes se dedicaban a ensayar con sus guitarras, otros se ajustaban sus audífonos con gesto de concentración, mientras que un gran número se ocupaba de conocerse y darse espacio para reír.
Entretanto, unos pocos, como Jonathan Collazo, de Patillas, lucía totalmente relajado. Su propósito no era triunfar ni lograr un pase, sino “vivir la experiencia”.
“Vine para ver”, comentó el joven de 18 años antes de hacer sonar su ukulele, instrumento que sería su todo, pues dijo que no estaba allí para cantar.
La tercera temporada de Idol Puerto Rico estrenará por Wapa a finales de mayo con la animación de Jaime Mayol. La primera audición para esta edición se llevó a cabo el 13 de abril en Mayagüez. De esa prueba y de la que se celebró el sábado se escogió a un grupo que pasará a la segunda ronda de audiciones que se realizará en mayo en el Centro de Convenciones de Puerto Rico, en San Juan.

