Protagonista del Patrón del Mal relata cómo Pablo Escobar tocó su vida

09/21/2012 |
El actor, nacido en Cali, y criado en Bogotá, reconoce que encarnar al “monstruo” como se le llama a Pablo Escobar, ha marcado su carrera.  (teresa.canino@gfrmedia.com / Enviada especial)  
“Cuando estoy actuando no me produce ningún tipo de angustia ninguna de las órdenes que él da, pero cuando llego y veo la serie, sí”, indica el actor Andrés Parra

Medellín. Con la misma frialdad con la que Pablo Escobar (1949-1993) ordenaba uno de sus milenarios crímenes, el actor colombiano Andrés Parra celebraba ayer la proximidad de la muerte de su personaje.

“Mañana (hoy) me matan, ¡Por fin! Me parece delicioso, quiero verme muerto ya, ojalá sea mucha sangre”, decía entusiasta el protagonista de la serie Pablo Escobar: El Patrón del Mal que transmite Wapa.

“A mí me gusta que me maten en las series. Yo me he muerto como 10 veces ya, morirse es lo más bonito que hay”, continúo ya sin saber si bromeaba o hablaba en serio.

Pero su trabajo no termina hoy, cuando se graba la muerte del “Zar de la Cocaína”, un suceso del que aún hay dudas sobre si fueron las fuerzas armadas estadounidenses o si él mismo se disparó al encontrarse atrapado.

Andrés Parra tendrá que revestirse (con peluca incluida) del máximo narcotraficante de Colombia hasta culminar el capítulo 63 que completa la producción de Caracol TV, un proyecto que lo ha hecho repensar cómo el narcotráfico delineó la realidad sociopolítica de su país y, a la vez, le hace sentir que ya lo hizo todo.

De estatura promedio, calvo y ojos azules, el histrión de 35 años ha logrado tejer una caracterización tan cercana al cabecilla del Cartel de Medellín que uno de los sicarios de confianza de Escobar, John Jairo Velázquez, alias “Popeye”, y quien hoy está preso, se impresionó al verlo. “Es increíble cómo actúa el que hace de Pablo Escobar, es una cosa del otro mundo. La primera vez que lo vi me sorprendí, pensé que lo estaba doblando. El mismo acento, la misma actitud”, dijo Popeye, según cita el diario venezolano El Universal.

Alcanzar un tono vocal creíble fue su mayor reto, luego de bajar de peso. “No hay referencias de Escobar en familia, todo lo que hay es en plaza pública y entrevistas y uno ahí habla distinto a como habla en la casa. Entonces, transformar eso en la cotidianidad fue lo más complicado”.

Andrés Parra terminaba de filmar la comedia San Andresito cuando lo confirmaron para encarnar al “monstruo” que no podía mencionar en el colegio. “Es el personaje colombiano más sabroso de hacer, o sea, Escobar es un mundo lleno de cosas y de matices”.

Antes de iniciar este trabajo, ¿qué opinaba sobre Pablo Escobar?

Es el monstruo que le han vendido a uno en el colegio, el culpable de todo lo malo que le pasa a Colombia; del que uno no podía hablar en el colegio, eso era un tabú.

Como parte de su investigación recurrió a un psicólogo, ¿por qué?

No para que me ayudara a mí, que es lo que la gente está pensando, sino para que me ayudara a entender cómo funciona la cabeza de Escobar, porque es una cabeza muy contradictoria y muy rara, entonces yo no entendía muy bien muchas cosas.

¿Qué le impactó de este hombre?

Que haya sido el responsable de tantas cosas, que haya tenido que ver en algo como lo del Palacio de Justicia; ver la manera en que se fraguó el atentado contra Luis Carlos Galán y contra el ex ministro Lara Bonilla; lo de Guillermo Cano, las bombas... Uno de alguna manera cree que era entre muchos y no, era él. Yo no sabía todo eso, ni cómo se infiltró en el Estado, ni cómo se infiltró en la sociedad y cómo manipuló a todo el mundo, el poder tan gigantesco que tuvo.

Usted dice que él nació malo...

Uno nace con un talento para algo en la vida y hay gente lo descubre y hay quien no lo descubre. Yo no creo en esa frase de que se nace o se hace, sino ambas; uno tiene que nacer con un talento para algo y uno tiene que tener la inteligencia de desarrollarlo. Yo creo que él sí nace con una facilidad para eso a lo que se dedicó, para el crimen, y lo desarrolló muy bien.

En lo personal, ¿cómo le tocó el narcoterrorismo?

Él puso una bomba muy cerca a mi casa, pero en ese momento para mí era como una película de acción. Salí a ver los carros destrozados, el cráter en el piso, yo debía tener nueve o 10 años, digamos que esa es la relación más cercana. Y todos los colegios tenían una paloma pintada en alguna parte y en misa siempre pedían por la paz de Colombia y era muy difícil de asumir porque uno cree que las guerras son entre países, no uno contra todos nosotros.

¿Ha descubierto algo bueno en la personalidad de Escobar?

No sé; como tiene las dos caras, pues sí era un buen papá, un buen esposo, un buen amigo, un extraordinario criminal, ése era el gran talento de él, y lo desarrolló muy bien. Él sí genéticamente tuvo que traer un talento innato para el mal.

No es la primera vez que Parra aborda el tema del narcotráfico. Lo hizo en El cartel de los sapos y Anestesia y lejos de ganarle amenazas, lo que recibe son puros halagos.

¿Qué importancia tiene la serie?

Para mí es vital, porque hay una gran ignorancia y no solamente en Colombia, sobre quién era Escobar; entonces la serie (basada en el libro La parábola de Pablo de Alonso Salazar) sirve para que la gente recuerde al que ya se le olvidó o informe al que no sabía, como fue mi caso, y creo que trata en lo posible de ser lo más fiel a la historia, y en ese sentido me parece importante porque la gente tiende a pensar que Escobar fue un narcotraficante y ya, y no. Me parece importante para uno como colombiano saber en qué país está parado y por qué pasa lo que pasa, y ver cuánto industrial lo acompañó, cuánto policía actuó en contra del pueblo y no por el pueblo, cuánto político corrupto lo acompañó, y qué quedó de eso.

¿Y cuál fue el saldo para Colombia?

Me parece que la lección no se aprendió y la cosa está peor. Por lo menos con Escobar el negocio era de uno. Lo mataron y en el narcotráfico aparecieron 80 jefes.

¿Cree que los colombianos lo quieren más de lo que lo odian?

Sí, claro, porque Colombia es un país con el 80% de gente que vive en condiciones muy complicadas y ésos son los que aman a Escobar. La oligarquía es un 10% o un 12% y la mitad no lo quiere, pero la otra mitad hizo negocios con él. También hay una doble moral muy fuerte, pero sin duda hay más gente que lo quiere que la que lo odia, porque Escobar representa, nos guste o no, el anhelo de la gran porción de colombianos y de latinoamericanos, porque son países donde no hay oportunidades, donde hay una gran desigualdad, donde el poder se lo reparten los mismos tres familiares, donde la política está absolutamente corrompida, donde la policía no trabaja para el pueblo, sino contra el pueblo, donde no hay opciones, y Escobar es el representante de eso y salió y arrodilló a un país, y pues, todo el mundo se identifica.

¿En qué falló Escobar si ya tenía montado un imperio?

Meterse en la política. Uno no puede darse el lujo de ser un narcotraficante y un delicuente y un criminal, y fuera de eso querer ser famoso y salir en los medios y en los periódicos. Y se creyó tan poderoso que podía lograr eso. Está loco.

Parra, padre de un preadolescente, conoce poco a nada de Puerto Rico. Se interesó en detalles del status político de la Isla. Preguntó, inclusive, si los puertorriqueños somos “gringos”.

Contó que hace cerca de cuatro años estuvo invitado a ofrecer una conferencia en la facultad de drama de la Universidad de Puerto Rico, pero su antiguó manager le aguó la visita.

“Me dio mucho pesar no poder ir porque se portaron muy bien conmigo, pero mi manager lo estropeó todo y por eso, terminamos esa relación”.

¿No teme que este personaje lo marque de forma que no se le reconozca nada más?

No. Yo me podría retirar de la actuación hoy. Yo ya hice lo que quería hacer, tengo ese gran problema. La película que quería hacer, ya lo hice; la obra de teatro que quería hacer, ya la hice y la serie de televisión y el personaje que quería hacer, ya lo hice. Creo que es una suerte muy grande que a los 35 años pueda decir eso, y puede sonar muy arrogante, pero lo digo en el sentido de que ya a mí la profesión no me genera ansiedad, al contrario, ya estoy muy feliz, muy tranquilo. Hay un momento en que uno quiere estar en todo, yo ya no. Ahora puedo darme el lujo de esperar, ya no me afana.