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Por Lily García

Mi caja de herramientas

Como los animales

02/18/2013

Hace unos días, estaba cenando con Tom en un restaurante. En la mesa de al lado había dos jovencitas, posiblemente en sus veinte, dándose el traguito y hablando de la vida. Hablaban bastante alto, así que resultó inevitable que escuchara partes de su conversación. Una de las dos parecía padecer de mal de amores y celos pasmaos porque de lo único que hablaba era de lo que iba a hacer para vengarse de lo que él le había hecho.

Lo primero que me pasó por la mente fue: “¡Qué bueno que ya pasé hace rato de esa edad y los rollos existenciales que vienen con ella!”. Pero rápidamente me di cuenta de que esto no tiene mucho que ver, ya que conozco mujeres de mi edad que todavía manejan sus corajes y frustraciones con la misma inmadurez que cuando eran jovencitas. El punto culminante de la conversación fue, por lo menos para mí, cuando la amiga de la despechada le dice: “A mí no me extraña que quieras vengarte. Después de todo, somos animales”.

Inhalé y exhalé. Sí, somos animales, pero hay que admitir que hay algunos más animales que otros. Hubiese querido darme la vuelta en ese momento y decirles, amorosamente, un par de cositas a estas dos jóvenes. Para empezar, los animales no buscan venganza, sino que atacan por instinto de supervivencia para defenderse ellos mismos o a los suyos. Cuando matan a otro animal, lo hacen o porque su vida depende de ello o porque tienen hambre.

En ese sentido, la motivación de los animales es mucho más pura que la nuestra. La “malicia” es humana, no animal. Somos nosotros los que permitimos que el ego nos vuelva soberbios y nos lleve a querer ver sufrir a otros como ellos nos han hecho sufrir a nosotros. La venganza no es un acto animal, sino de ignorancia, porque es a nosotros a quien en realidad nos hace daño al convertirnos en peores seres humanos. Ofrezco, por este medio, mis sinceras excusas a los animales que nada tienen que ver con nuestra falta de conciencia.