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Por Lily García

Mi caja de herramientas

El estrés de la perfección

12/03/2012

Hace unos días leí un artículo acerca de lo estresante que resulta para muchas madres el lograr tomar esa foto familiar “perfecta” que se convertirá en la tarjeta de Navidad que recibirán familiares y amigos. Cuando uno de los nenes sale bien, los otros están haciendo muecas y, si todos se comportan, entonces la foto se ve muy plástica.

En mi familia son muy pocas las veces que podemos estar papi, mami, los seis hijos y los 10 nietos. Y aun cuando lo hemos logrado, jamás hemos tomado una foto perfecta. Siempre alguien se va a quejar.

El artículo me hizo pensar, más allá de las fotos familiares, en lo mucho que los seres humanos nos drenamos al empeñarnos en buscar la perfección de aquello que jamás lo será. Una cosa es aspirar a la excelencia y otra esperar perfección en el resultado.

Tomemos esta columna, por ejemplo. Luego de leerla varias veces, la envié al periódico porque tenía que cumplir con la fecha de cierre, no porque creyera que estaba perfecta. Si la vuelvo a leer de aquí a una semana, posiblemente le haré cambios, y si la escojo más adelante para publicarla en un libro, volveré a hacerle más. No conozco algún escritor o artista que no se sienta descontento con su obra, entendiendo que podría estar más cerca a la “perfección” si tuviese más tiempo.

Pero nunca existirá tiempo suficiente. Y si insistimos en castigarnos por aquello que no podemos alcanzar, jamás vamos a disfrutar el proceso de creación, de la misma forma que jamás vamos a poder reconocer la riqueza que esconden nuestras relaciones imperfectas y la frescura y naturalidad que proyectan las morisquetas de los nenes en esa foto que te rehúsas a enviar porque no quedó de “revista”. En estos días de estrés navideño, en vez de buscar la perfección en tu vida, comienza a vivirla.