“De verdad que las manos de él miran”.

Así describe doña Hilda Serrano al artista y profesor no vidente Luis Felipe Passalacqua, quien dirigió un curso de escultura de figura humana para 30 personas con diferentes condiciones –desde visuales hasta mentales– en el que ella participó y que se convirtió en la exposición Manos que miran y expresión corporal en barro, en el Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR), en Santurce.

La mujer, quien padece retinitis pigmentosa en un estado bien avanzado y quien necesita ayuda para moverse de un lado a otro, formó parte del taller ofrecido por el Consejo Estatal sobre Deficiencias en el Desarrollo (CEDD), una organización adscrita a la Junta de Planificación de Puerto Rico, en una alianza con el museo.

Dorin Colón Camacho, directora del Departamento de Educación del MAPR, explicó que “los museos tienen que diseñar programación para todas esas comunidades” y que gracias a la alianza con el CEDD fue posible esta exhibición de piezas escultóricas realizadas en materiales como madera, foam, alambres, barro, yeso y porcelanicrón. Algunas de estas se pintaron con acrílico.

El profesor Passalacqua, quien era ilustrador médico antes de quedar ciego hace 17 años, comentó que la mayoría de los participantes del taller jamás habían hecho una escultura. “Había (personas) desde los 18 hasta los 83 años. Todas las décadas tenían un representante”, comentó entre risas. “Ninguno se me rajó, todos llegaron hasta el final”, añadió.

Este taller y la exhibición forman parte de la misión de vida que acogió Passalacqua al quedar ciego. “Cuando empecé como (artista) profesional en el 2001, busqué la manera de cómo crear desde mi perspectiva y realidad de ciego. Luego, me percaté de que este mundo de las artes plásticas también pertenece a los ciegos, igual que a todo el mundo, y que era válido comenzar a enseñar esta metodología”, rememoró.

“Dios no se equivoca y la vida nunca trabaja para mal. La vida es una continua preparación para lo que viene y considero que eso que yo ejercí como ilustrador médico y por el arte que yo había estudiado dentro de esa profesión fueron simplemente la preparación para esto que estoy haciendo ahora”, analizó el talentoso artista.

Passalacqua hizo hincapié en que respeta la creación de sus pupilos y trata de no influenciarlos con su propio estilo. “Soy un facilitador. Cada uno va a transmitir un mensaje específico en sus piezas. Yo lo que voy a hacer es facilitarles, enseñarles cómo lo van a hacer”, aseguró.

Jorge Martínez, asistente del profesor, señaló que llevar a cabo un taller como este no es tarea fácil. “No es algo que se pueda hacer de un día para el otro, requiere planificación porque todas las necesidades (de los participantes) son muy diferentes”, advirtió Martínez, quien aseguró, además, que ha sido testigo de la transformación de estos al exponerse al arte.

Doña Hilda, autora de la pieza escultórica El pecador, se desbordó en elogios para Passalacqua y su taller. “De verdad, el curso se llama como se tiene que llamar: Manos que miran porque somos personas que no vemos y el profesor es una persona bien excepcional”, afirmó la mujer.

Además, para doña Hilda, quien enviudó hace más de un año, el curso se convirtió en un espacio de aprendizaje y socialización. “Ha sido una experiencia bien enriquecedora porque uno aprende mucho y se comparte con los demás”, advirtió.

Por su parte, Orlando Segarra, paciente de la misma condición de doña Hilda y autor de la pieza YakuMama, aseguró que el curso le ha “despertado el arte manual”. “Nunca pensé que lo iba a hacer. Despertó eso en mí. Ahora tengo mucho deseo de continuar aprendiendo”, afirmó y agregó que se deben realizar en la Isla más talleres de este tipo.