Hermanos del diseño industrial

04/19/2012 |02:53 p.m.
(Primera Hora / Gabriel López Albarrán)  

Convencidos de que la pasión por el diseño  surgió por vía materna, y de que a nivel local, la Isla carece de una industria manufacturera  para la creación de  mobiliario y objetos  útiles y funcionales,   los hermanos Andrea y Esteban Bauzá Hernández  comulgan su habilidad de innovar con el deseo de trazar un camino propio. 

La joven pareja experimenta  con el desarrollo de piezas   tangibles. Ambos se han especializado  en Filadelfia y Barcelona, respectivamente, y de manera innegable han sido influenciados  por una madre, arquitecta, y su padre, contratista. Igualmente, comparten el compromiso de la sostenibilidad procurando diseñar piezas funcionales y atractivas a partir de elementos ya en desuso.

Hay mucho desperdicio y hay que trabajar con esa realidad desde ese punto de partida para transformar y rehacer en lugar de crear más desecho”, explica la joven.

Andrea cuenta con una maestría en Arquitectura Efímera de la Universidad Politécnica de Cataluña. Informándose sobre  las distintas vertientes del diseño como el remake design, respirando a diario la creatividad e ingenio de la Ciudad Condal con los trazos escultóricos de la arquitectura gaudiana o recibiendo el insumo del  conocido diseñador catalán Martín Azúa, la joven decidió trasladar su ingenio a la faceta social. También es la gestora del proyecto Desayuno Calle, un movimiento social que busca reactivar la vida urbana bajo la premisa de un desayuno público. A la par, es profesora en la  Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico, labora en el programa de artes plásticas del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y mantiene una plataforma de estudio y gestión de proyectos temporales conocida como urbanoactivo.com. 

“Desayuno Calle lleva tres años.  Es una propuesta de reactivación  urbana y de crear conciencia sobre el espacio público, nuestro medioambiente, contexto y espacios abandonados –plazas, parques o lotes remanentes– que están en nuestra trama urbana y en desuso”, especifica la arquitecta, de 33 años.

A esta impronta de recorrer los linderos sociales, Esteban, de 24 años, responde: “El diseño no solamente se basa en crear cosas, va más allá e incluye crear movimientos. Ella tuvo que pensar sobre cómo crear Desayuno Calle y eso también es un acto de diseño”, explica.

Por su parte,  Esteban concluirá sus estudios graduados de diseño industrial en Philadelphia Art Institute durante el verano de este año. 

Inmerso en una ciudad de un pasado industrializado que actualmente recibe influencias urbanas de distintas latitudes de la nación estadounidense, como New York y Washington D.C., el joven se destaca como supervisor a tiempo parcial en el taller de diseño de la institución. Su  proceso de aprendizaje ha incluido el dominio de  máquinas de prototipo rápido como printers tridimensionales y máquinas de códigos numéricos (CNC).

Sobre el futuro como socios,  los hermanos esperan fundar su propia firma para, entre otras cosas, avanzar la industria del diseño a nivel de manufactura, en un país donde la creatividad sobra.