Vivir en San Juan

07/24/2008 | 10:02 p.m.
 
El Viejo San Juan es uno de los pocos lugares en Puerto Rico, donde en plena ciudad, se vive en comunidad, se tiene una extraordinaria oferta cultural y de entretenimiento, a la vez que se contribuye a preservar el ambiente.

No hay edificio feo en el San Juan antiguo. No puede haberlo, especialmente, desde que en la década de los 50, se aprobó legislación para congelar el Viejo San Juan en tiempo y espacio como zona histórica.

A partir de entonces, esta pequeña ciudad isla, bien planificada y fortificada por enormes murallas, se restaura a la imagen y semejanza de esa época. Los edificios coloniales (bajo la bandera española) son coloniales, mientras que los de los años 20 pueden ser art déco o de cualquier otro estilo; algunos responden, con sus tejas rojas, al resurgimiento español, o al romanticismo francés, como es el caso del Antiguo Casino, a la entrada de la Puerta de Tierra, frente a la Plaza Colón.

El Viejo San Juan es uno de los  pocos lugares en Puerto Rico, donde en plena ciudad, se vive en comunidad, se tiene una extraordinaria oferta cultural y de entretenimiento, a la vez que se contribuye a preservar el ambiente. Es también un enorme centro cultural, en el que se encuentra todo tipo de comercio, desde los de artesanías autóctonas, a ropa, calzados, mascotas y sus accesorios, librerías, productos de salud alternativa, y restaurantes para todos los gustos.

 

La oferta cultural es amplísima. La música de orquesta y conjuntos en vivo es frecuente en las plazas, de forma gratuita.También se pueden visitar varios museos importantes como la Galería Nacional, el Museo de San Juan y el Museo del Niño, y así como galerías de arte privadas. Además, aquí se encuentran los museos de los dos fuertes más importantes de las Américas, el San Felipe de El Morro y el San Cristóbal. El arte religioso colonial sobresale con las más de ocho iglesias y capillas católicas, que incluyen a la segunda iglesia contraída en  América, la Iglesia de San José, con su altar de oro, así como otras iglesias de ritos metodista, evangélica y pentecostal.

El Viejo San Juan es sede también de dos centros de estudios de posgrado, con sus bibliotecas y de varias sedes importantes de gobierno como La Fortaleza, oficina del gobernador, el Departamento de Estado y la Oficina de Gerencia y Presupuesto.

 

VIVIENDA Y AMBIENTE
En términos del ambiente es importante señalar que en el Viejo San Juan hay varios paseos para caminar y correr, que incluyen el Paseo de la Princesa y el Paseo Lineal de El Morro.Y como se puede caminar al supermercado, a las tiendas, a los restaurantes y a las plazas, se economiza gasolina.

Las casas y edificios del Viejo San Juan ofrecen a quienes los visitan una continua sorpresa. Cuando se atisba el interior, nunca se sabe lo que se encontrará, un patio soleado, nichos, dramáticos espacios con luces y sombras diferentes, techos de 14 o 15 pies de altura, y vigas de maderas nobles, que fueron colocadas allí por obreros diestros hace 100 o 200 años.

 “Aunque me digan que un edificio es feo, yo dejo que los espacios me hablen cuando voy a realizar una restauración”, dice Emilio (Millo) Fournier, con una discreta media sonrisa. Y lo que le dicen los edificios parece ser lo correcto, porque prevalece en estos el respeto a lo que fueron y a sus posibilidades futuras.

PROCESO DE RESTAURAR
 Uno de esos edificios, hermosamente restaurado, es el que ubica en la calle Luna 103, y cuyos apartamentos están actualmente a la venta (para información, llame al 787-725-3436, o comuníquese con osjrestoration@yahoo.com). Allí se respetaron los espacios, la losa nativa, las barandillas y pasamanos de bronce, los patios interiores y hasta el estrecho pero eficiente ascensor, que funciona como un reloj desde hace más de 80 años. “Los dueños originales siempre le dieron mantenimiento al ascensor, así es que funciona bien”, explica el empresario. Construido en el 1926 por el italiano Antonio Tedeschi, este edificio siempre ha estado dedicado a vivienda. Los 10 apartamentos, de tres y dos habitaciones y dos baños, son amplios, claros y frescos, y de los pisos altos se domina una impresionante vista de San Juan y del profundo mar que lo circunda.

Después de haber restaurado más de 30 edificios en San Juan (para lo cual contrata arquitectos, maestros de obra y obreros diestros), Millo Fournier sigue enamorado de la vieja ciudad. La ama como residente y como profesional. “Cuando era niño y caminaba por el Viejo San Juan, miraba los edificios y en mi mente los transformaba”, comenta, y añade que su padre restauró hace ya muchos años, la casa del Marqués de la Esperanza, ubicada en la calle Recinto Sur, para las oficinas de su empresa. Y su abuelo también hizo restauraciones en Mayagüez. Es decir, el amor a la historia de los monumentos urbanos le viene en la sangre.

Para Fournier, las características del Viejo San Juan que son un imán para los residentes actuales y futuros son la integración de la comunidad, los espacios al aire libre (tener el patio más grande del país, la explanada de El Morro), y ser parte de la historia. De inmediato, sigue hablando de las bondades del casco: las viviendas tienen los techos altos, se puede caminar a todas partes, los vecinos saludan y sonríen.

En el Viejo San Juan, Fournier y su familia residen en una casa del siglo 18. No viven en una “casa normal”, que para muchos puertorriqueños es “de urbanización”. Pero,  pueden transitar y jugar en las plazas, donde mamás y papás, con sus niños y niñas se reúnen por las tardes a tomar el fresco y ver su prole juguetear.

Y se vive y se camina por el lugar dónde hace 500 años, o 100 o 50 años, otras personas también recorrieron. Aquí están todavía las murallas, la Puerta de San Juan, las plazas y los pozos de agua, también los túneles que recorren la ciudad por dentro.

LAS REGULACIONES DEL ICP
Algunos desarrolladores se agotan en el intento, luchan con la permisología y se quitan del negocio. Fournier respeta al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), agencia que supervisa las restauraciones, y que fue fundado por el arqueólogo e historiador Ricardo Alegría. Entiende que los arquitectos de la agencia saben lo que hacen y aconsejan sabiamente. “Si hay una pared que está en esa casa o edificio desde hace cientos de años, ¿por qué eliminarla?”, comenta.

El casco de San Juan está restaurado en un 80%, y para Fournier, las restauraciones son tan o mejores que en cualquier otra parte del mundo, donde hay zonas de preservación histórica. Por su parte, él dedica mucho tiempo y recursos a las terminaciones de las viviendas y locales, con los materiales adecuados, como son mármol, caoba y bronce. Las viviendas y locales comerciales se venden a personas que lo hacen para residir, tener su propio negocio o como una buena inversión, libre de impuestos.

 

TRANSPORTACIÓN
El Viejo San Juan es uno de los lugares donde se consigue transportación pública, un trolley y autobuses que te llevan con rapidez hasta la estación del tren o a cualquier lugar del área metropolitana. Después de décadas de espera, el casco cuenta con varios estacionamientos públicos y privados.

Este centro urbano, rodeado del agua más azul que podemos imaginar, es para jóvenes que “janguean” por las noches, para gente mayorcita que se sienta en los cafés al aire libre a practicar ese importante deporte de people watching, para niños y niñas que juegan en sus plazas, para ancianos que no tienen que conducir para hacer sus compras, en fin, para las familias que crecen y se desarrollan.

Emilio Fournier cree en la ciudad peatonal, para seguir el ejemplo de ciudades como Madrid y Florencia, y en que la comunidad de residentes, así como la externa, el gobierno y la empresa privada asuman la responsabilidad de cuidar a San Juan para que sobreviva y siga siendo una joya de extraordinario valor.