Vivir en una casa sana

10/31/2012 |01:00 a.m.
La vivienda debe estar expuesta al sol porque, donde entran los rayos solares se produce una purificación y el aire, queda desinfectado.  

La habitabilidad del hogar es fundamental para la salud de sus inquilinos. El espacio en el que pasamos más horas puede convertirse en depósito de bacterias y gérmenes transmisores de enfermedades o, si se cuida, un lugar donde disfrutar del bienestar y la familia.

Desde hace décadas, la construcción de viviendas descuida, en general, el origen de los materiales y su composición, prevaleciendo la funcionalidad y la economía de gastos. Sin embargo, en el interior de las residencias se realizan cambios que eliminan  factores insalubres que, a la larga, provocan enfermedades y alergias.

Mariano Bueno, experto en geobiología y biohabitalidad, explica que los factores más clásicos que contaminan una vivienda son: gérmenes, bacterias, mohos y ácaros. Estos últimos son típicos cuando existe falta de higiene y, en muchas casas modernas, proliferan por exceso de condensación de humedad. Una de las causas es que se utilizan pinturas plásticas y aislamientos de poros cerrados que no dejan transpirar  las paredes, además de la humedad que aporta la propia actividad humana.  

“También existen problemas asociados a los compuestos químicos de algunos materiales de construcción, como el benceno, que pueden ser tóxicos o alergénicos y a los que cada vez hay más gente sensible”, añade Bueno.  

El experto aconseja “ir reduciendo, en la medida de lo posible, los compuestos químicos sintéticos o no naturales y optar por pinturas y acabados más ecológicos, con garantías de que carezcan de elementos alergénicos”. 

FACTORES DE TEMPERATURA Y HUMEDAD

La humedad y la sequedad son dos factores que hay que mantener en equilibrio para no alterar las condiciones de confort. 

Según el geobiólogo, “generalmente no tenemos en cuenta  el factor de temperatura y humedad en el ambiente. En los casos en que los niveles de humedad relativa son muy bajos, sobre todo en oficinas, se crea mucha electricidad estática, que provoca irritabilidad, dolor de cabeza o irritación de ojos, y se convierte en un factor de estrés”.

En cambio, cuando el nivel de humedad ambiente supera el 70 u 80 por ciento “el efecto es inverso y hace que la temperatura sea más sofocante y cueste respirar".

“Normalmente, la humedad o la sequedad se corrige ventilando la casa, pero en las plantas bajas, donde existe una condensación mayor de humedad, lo que se necesita es un deshumificador que recoja agua al aire, y en los lugares que el aire está muy seco, un humificador. Se recomienda colocar un hidrómetro para saber si la humedad sube o baja más de lo aconsejable”, dice el geobiólogo.

RADIACIONES NATURALES Y ARTIFICIALES

Para Mariano Bueno, “los factores que más se estudian en biohabitalidad son los riesgos relacionados con radiaciones, tanto naturales como artificiales. Los primeros tienen que ver más con la radiactividad de algunos materiales del subsuelo”. 

Según el especialista, existen personas a quienes les cuesta respirar debido a la radiación generada por algunos materiales. “Cuando se dan estos casos, la recomendación es cambiar los materiales tóxicos por  mármoles, madera o materiales orgánicos que no tengan apenas radiactividad.

“Otras radiaciones proceden del subsuelo cuando la casa está construida sobre grietas, fallas o alguna fisura del estrato geológico, de donde puede salir radiación gamma, cuya emisión vertical es muy penetrante en puntos concretos y, si coincide con la ubicación de una cama o un lugar donde permaneces por muchas horas,  incrementan  serias enfermedades degenerativas", afirma  el científico. 

El geobiólogo precisa que “a veces la radiación no es natural, sino que es artificial y puede venir, tanto  del exterior de la vivienda como del interior. Este es el caso de algunas viviendas que están cerca de líneas de alta tensión o transformadores eléctricos. En este terreno se incrementa  el número de personas con electrosensibilidad, que reaccionan con respuestas alérgicas a la presencia de campos eléctricos y electromagnéticos artificiales”. 

Para evitar que estas radiaciones te perjudiquen debes tomar medidas sencillas. “Una vez localizadas, si vienen del exterior, la recomendación es alejarse lo más posible, porque la intensidad de la radiación desciende con la distancia. Buscar habitaciones que estén más apartadas del foco de la radiación, pero en la mayoría de los casos lo que encontramos es que la fuente radiactiva se encuentra dentro de la vivienda”.

“Un transformador, el cargador de un celular o un despertador que tengas en la cabecera de la cama, generan un campo electromagnético y podría dificultar el sueño", expresa el experto. 

Acerca de las soluciones, una que funciona muy bien para quienes se despiertan agotados por la mañana, es simplemente desconectar la instalación eléctrica de las habitaciones durante la noche. Notarán una mejoría espectacular.

¿EN QUÉ CONSISTE UNA CASA SANA?

Según el experto, es la que ayuda a disfrutar de la vida y de la salud, y reúne una serie de condiciones y factores que favorecen el bienestar de sus residentes. 

Pero, por desgracia, en las últimas décadas la mayoría de las casas se construyen con criterios técnicos o puramente estéticos, aparte de especulativos. 

“Hay una predominancia  de lo que es la estética a cualquier precio y buscamos cuestiones de funcionalidad. A veces queremos ahorrarnos un dinero en la pintura y, en lugar de que elegirla ecológica o de silicato, que no produce efecto alérgico, la adquirimos plástica, que no traspira y puede generar efectos alérgicos”. 

La prioridad debe ser la salud y el bienestar dentro de la casa. Existe una norma que a principios del siglo pasado era básica y que ahora se ha olvidado, y que se resume en la frase:  "donde entra el sol no entra el médico", indica Bueno.

La vivienda debe estar expuesta al sol porque, donde entran los rayos solares se produce una purificación y  el aire, que está bañado por la radiación solar, queda desinfectado. 

Un consejo clave es que la cama debe estar orientada hacia el norte. “Nuestro cuerpo es  un campo magnético que, durmiendo con la cabeza orientada hacia el norte, aprovecha el magnetismo de la Tierra”, concluye.