Alto a los niños abusadores

04/14/2011 |
Los caso de bullying tienen características específicas.

Basta una mirada amenazante, un apodo despectivo, un empujón o -quizás- un escrito intimidante para que un niño atormente a otro.

Son conductas agresivas que se dan en el patio de la escuela, en los baños o en el portón de salida, pero todas -o al menos una amplia mayoría- terminan causándole miedo, inseguridad y hasta tristeza a la víctima.

En ocasiones, se puede tratar de ofensas o burlas aisladas, “cosas de niños”, como por años le han llamado algunos.  Pero, ¿qué sucede cuando estos comportamientos atemorizantes y dañinos son enfrentados día a día por un pequeño?

La respuesta, aunque desafortunada, ya es un fenómeno bastante extendido hoy día: ese niño es blanco de un bully o acosador.

Maltrato constante

De acuerdo con los expertos, el bullying -o acoso u hostigamiento escolar- se define como el maltrato físico, verbal y/o psicológico que recibe un niño por parte de otro u otros de forma reiterada.

Sin embargo, como señala el psicólogo clínico Enrique Gelpí Merheb, para que exista un caso de bullying se deben dar unas características específicas.

“Un niño bully se involucra en conductas agresivas o intimidantes de forma verbal, física o a través de otros tipos de amenazas, como robar, romper propiedad, etc.  Pero para que esas conductas se traduzcan en un patrón de abuso tiene que haber un factor de intencionalidad, de hacer daño, y tiene que ser repetitivo”, observa el Dr. Gelpí Merheb, especialista en niños y adolescentes.  

“Eso es importante aclararlo porque me he percatado que ahora en las escuelas cualquier situación en la que un nene empuja a otro o pelean entre ellos la llaman bullying, cuando en realidad a lo mejor son circunstancias típicas de la edad”, destaca el galeno, quien alerta sobre la importancia de “no sacar las cosas de contexto”.

¿Qué lo propicia?

En el centro de las prácticas de intimidación que conlleva el bullying hay una serie de serios problemas, que van desde conductas desafiantes (por parte del victimario) hasta patrones de maltrato en el hogar.

La psicóloga Carmen Márquez Pérez, también especialista en niños, señala -por ejemplo- que los temperamentos agresivos, los estilos de crianza disfuncionales, los comportamientos antisociales y los diagnósticos de salud mental pueden predisponer a que un pequeño caiga en las conductas bully.

“Hay ciertamente unos factores de alto riesgo: las familias  en las que hay maltrato hacia el niño, abuso de sustancias (como alcohol o drogas), mal manejo de disciplina y en donde impera la violencia doméstica”, precisa la Dra. Márquez Pérez, revelando que en español se le conocen como “bravucones” a los bullies.

“Muchas veces las conductas violentas e impulsivas de lo maltratadores son para llamar a la atención, para canalizar lo que están recibiendo en la casa, para ser el líder… Hay que recordar que un niño al que lo maltratan va acumulando mucho coraje, y la mejor forma de sacarlo es dando, empujando, agrediendo para alante”, asegura la experta en conducta.

El Dr. Gelpí Merheb coincide con su colega en que estos factores pueden inducir al acoso escolar, pero deja claro que la presencia de ellos no implica necesariamente que vaya a degenerar en un escenario bully.
 “Son cosas que pudieran poner a los niños en riesgo. Simplemente los puede predisponer y hay que estar pendientes”, acota el psicólogo.

Riesgos del acoso

Ya sea por medio del maltrato físico (como empujones, patadas o mordidas) o verbal (ofensas descalificantes), los comportamientos de acoso tienen una serie de secuelas negativas en las víctimas.

Los incidentes violentos, según los especialistas, pueden generar baja autoestima, frustración, inseguridad, sentimientos de impotencia, así como ansiedad generalizada. 

El Dr. Gelpí Merheb advierte, asimismo, que algunos acosados sufren de lo que se conoce como síntomas regresivos, que provocan que los niños “regresen a una etapa anterior”.  En estos casos, los pequeños -por ejemplo- se empiezan a orinar encima o a tener miedo de dormir solos.

Las víctimas pueden, además, comenzar a somatizar los conflictos y desequilibrios anímicos en forma de dolores de barriga o cabeza, con el pretexto de poder ausentarse a la escuela.  Como consecuencia, es bastante habitual que los niños lleguen a aislarse y deprimirse.

“La evidencia señala que si esto no se trabaja, con el tiempo se complica en serios trastornos psicológicos, interpersonales, de autocontrol, etcétera.  Y eso también aplica al que es bully, cuya conducta puede desembocar en depresión o personalidad antisocial”, previene el psicólogo.

“Aquí hay que recordar que todos son víctimas, la víctima y el victimario por igual.  Porque se tiende a enfocar la ayuda en el abusado, pero nos olvidamos que el niño que abusa es también víctima de sus circunstancias: está reaccionado a otros factores a su alrededor que de una forma negativa lo motiva a  involucrarse en ese tipo de comportamiento”, aclara.

Haciéndole frente

Los expertos opinan, que para luchar contra este fenómeno, resulta vital el rol de padres y maestros, quienes deben trazarse una prioridad: observar estrictamente las relaciones que se dan entre los niños.

Esta estrategia ayudará a identificar a tiempo las prácticas de intimidación, actuando en su contra y creando una cultura escolar en la que las agresiones y humillaciones no sean aceptadas.

La Dra. Márquez Pérez subraya, además, que la ayuda profesional es un componente valioso en este proceso de erradicar los componentes de acoso.  En las terapias psicológicas, los niños bully aprenden -por ejemplo- a controlar sus impulsos violentos y a diferenciar los malos tratos de los buenos.

“Muchas veces se trabaja con la autoestima de ese niño, con el manejo de sus emociones -como el coraje la impulsividad-, y con su autocontrol.  En la consulta también evalúo la capacidad emocional de los padres, para educarlos sobre las destrezas emocionales que deben tener para manejar la situación de un hijo bully”, puntualiza la psicóloga.

El Dr. Gelpí Merheb aconseja a los tutores a demostrarle s empatía a sus hijos victimarios, aunque dejándoles claro que no están de acuerdo con las conductas de acoso en las que están incurriendo.  La idea detrás de esto es, más bien, manifestarles que están dispuestos a ayudarlos a solucionar el problema, en vez de únicamente recriminarles y dejarlos a su suerte.

“Como padre, también tengo que buscar formas para que el niño pueda involucrase socialmente en otras actividades, para que tenga más oportunidades de hacer amistades y otros espacios de compartir con otros niños”, concluye.

Perfil del pequeño acosador

Si tu pequeño presenta consistentemente estas conductas, puede estar cayendo en las prácticas de un bully.

1.  Es rechazado por sus compañeritos.

2.  Se frustra con facilidad.

3.  Presenta conductas impulsivas.

4. Pelea constantemente en la escuela.

5.  Dice muchas mentiras.

6.  Baja drásticamente sus notas.

7.  Es regañado repetidamente por sus maestros.

8.  Tiende a aislarse de los demás.

9.  Suele estar irritable y a la defensiva.

10.  Intimida física y/o verbalmente a sus hermanos.

Para citas con el  psicólogo clínico Enrique Gelpí Merheb, llama al 787-726-0184.  Para consultas con la también psicóloga clínica Carmen Márquez Pérez, comunícate al 787-922-0858.