¿Estás lista para la experiencia de ser mamá?

09/19/2011 |
Instinto maternal: ¿mito o realidad?

Para algunas, es cuestión de instinto y, desde el momento en que tienen el bebito entre sus manos, parecen saber exactamente qué hacer. Otras no están inmediatamente a gusto con su pequeña criatura y se sienten sobrecogidas por el temor, la extrañeza o la ansiedad. ¿Será que realmente existe el instinto maternal o se trata de un cuento que nos hacen para sobrevivir esos primeros años del nene o la nena sin perder la cordura?

Pues la verdad es que -para algunas mujeres- el instinto maternal es algo bien fuerte y aunque no necesariamente saben cómo describirlo, están convencidas de que existe. Otras piensan que se trata de una presión social más, de una exigencia impuesta. No importa en qué bando te encuentres, a medida que te inicias en el camino de la maternidad, vas descubriendo nuevas facetas de tu personalidad y vas creando un fuerte vínculo con tu bebé.

Instinto maternal: ¿mito o realidad?

Históricamente, a nosotras nos ha tocado la responsabilidad de la crianza. La razón es sencilla y tiene sus orígenes en la biología. La profesora Margarita Mergal, socióloga, explica: “De todas las especies de animales, el ser humano es el que nace más desvalido. Alguien lo tiene que cuidar y proteger para que sobreviva. ¿Tiene que ser la madre? No necesariamente, aunque ha resultado ser más conveniente a través de la historia por ser ella la que tiene la capacidad para alimentarlo”.

La psicóloga clínica Jennifer Cortés, por su parte, es fiel defensora del instinto maternal, pero reconoce que este instinto es coartado por la sociedad en la que vivimos. “Antes que nada somos mamíferos, por lo que tiene que existir ese instinto. Lo que sucede es que la manera en que parimos hace imposible esa conexión con el bebé, pues nos quitan al bebé en cuanto nace, lo limpian y lo bañan. De esta forma, se le priva a la mamá de crear ese vínculo, que está muy ligado con un proceso hormonal y olfativo, pues el mamífero reconoce a su cría mediante el olor”, explica.

Para la también psicóloga Yarimar Rosa Rodríguez, el “instinto” maternal no es algo que necesariamente sienta toda mujer. De hecho, la Dra. Rosa Rodríguez cuestiona la idea misma, pues a pesar de que la maternidad es determinada por la biología, es también un comportamiento aprendido. “No podemos pensar que es algo irracional, sino que debe ser pensada y consciente. Además, uno no nace sabiendo cómo ser mamá”, afirma la profesora de la Universidad de Puerto Rico.

Aprendiendo a ser mamá

Sentir instintivamente la maternidad y poseer ese llamado sexto sentido depende de muchos factores. “Está muy influenciado por la calidad de maternidad que recibimos en la infancia. Muchas veces dudamos de nuestro propio instinto, que nos pide estar cerca de nuestros bebés. Tenemos que luchar por lograr esa conexión con el bebé y no perder energías vitales justificándonos ante las críticas de muchos que nos rodean”, explica la Dra. Cortés, fiel defensora de la crianza de apego.

Por su parte, la Dra. Rosa Rodríguez critica la percepción social que asocia automáticamente las destrezas de la maternidad al mero hecho de ser mujer. “Este modelo social puede resultar maltratante, pues puede llevar a que algunas mujeres se sienten inadecuadas como mamás. La lactancia es un gran ejemplo. A pesar de que te dicen que es natural e instintivo, para muchas no resulta así y es algo que tienen que aprender”, explica.

La conexión con tu bebé

“No se debe confundir el instinto con el amor”, afirma la psicóloga clínica Rosa Rodríguez. Cuando la mayoría de las mujeres emprende el camino de la maternidad, comienza a conocer y crear lazos afectivos con su criatura. “Toma tiempo y es importante que mamá y bebé tengan la oportunidad de irse conociendo y formando ese vínculo de amor, en el que participa también el padre”, afirma la especialista. En eso la Dra. Cortés concurre y, aunque en su opinión el instinto existe, sí sabe bien que hay que fortalecer esos lazos de amor, teniendo siempre cerca al bebé, liberándonos de la idea de que se puede “engreír” a un bebito.