Quienes son madres de hijos hombres solamente, han escuchado más de un vez, de quienes sólo tienen mujeres, que han sido favorecidas. Qué si bien es verdad que los hombres son inquietos, lo cierto es que después de la pelea y el puñete, todo se calma; en cambio, con las niñas es distinto: que son complicadas, que la adolescencia es terrible y que son hipersensibles. 

Bueno, el psiquiatra Charles Sophy parece creer que algo de eso hay y junto a Brown Kogen asegura que existe un “programa revolucionario” destinado a lograr que madre e hija alcancen la mejor de las relaciones, en las diferentes etapas de ésta, haciendo a un lado los conflictos. 

En su libro “Lado a lado”, de editorial Océano, Sophy compara la relación madre-hija como ir en una montaña rusa donde en algunos momentos se siente alegría y en otros, verdadero susto con gritos que se oyen a kilómetros de distancia. 

Según aclara este especialista estadounidense, que suma horas de terapia de niñas y madres y es director de servicios para niños y familias del condado de Los Ángeles, todo lo que quieren o lo único que quieren madres e hijas por igual son tres cosas: amor, comprensión y respeto. 

A partir de esta premisa (amor, comprensión, respeto), Sophy dice que se debe trabajar en establecer una relación desde la primera infancia y que se debe tener claro que con este objetivo se puede mejorar cualquier relación que esté deteriorada.

Si una madre tiene problemas con una adolescente, vale la pena, entonces revisar cómo se fue levantando –o no- el diálogo entre ambas. Si cuando la hija era pequeña, la madre acostumbraba a no decirle las razones verdaderas de sus decisiones, a lo mejor, todo podría ir mal en el futuro. 

Y entonces surge la clave en esto: “la crianza comienza contigo, no con tu hija, sino contigo”, sostiene firme. Si uno como madre no está dispuesta a ser sincera con uno mismo, a ser objetiva con uno mismo, difícilmente logrará eso en la relación con una hija. Es como las mascarillas de los aviones, explica; primero se la debe colocar uno y después, ponérsela al pequeño. “Tú eres lo primero en la relación con tu hija”, insiste cuando plantea que uno debe estar equilibrada en todos los aspectos para lograr establecer una relación sana.

Sophy asegura que toda relación dañada se puede mejorar, y para eso plantea que debe haber un compromiso con aprender sobre uno misma y su hija; sinceridad cuando se te pida que participes; y confianza en que el proceso dará resultados positivos.

Las verdades y la estrategia 


Charles Sophy afirma que toda relación madre-hija se cruza con cuatro verdades que deben ser asumidas:

- Madres e hijas quieren lo mismo: amor, comprensión y respeto. 
- Madres e hijas hablan el mismo lenguaje. 
- Madres e hijas, en cierto nivel, compiten entre sí. 
- Madres e hijas tienen estrógeno y en gran cantidad. 

El psiquiatra aclara que es natural que una madre tome decisiones que no son del agrado de su hija, es más, es su deber y responsabilidad, pero lo importante es que ellas no se justifiquen con mentiras y engaños porque sino la credibilidad como madre se destruirá. “Trata a tu hija como te gustaría que te trataran”, dice. 

Agrega que si bien inculcamos a nuestros hijos el refrán “a palabras necias, oídos sordos”, no es menos cierto que las palabras dejan huella, tienen efecto y pueden ser devastadoras, por lo que toda madre debe tener en cuenta eso al momento de expresarse. Y de paso, también enseñarle a ella que puede dañar a otros sí es agresiva o irónica. “Establece un marco sano y sincero para interactuar con tu hija”, postula. 

Finalmente, Sophy plantea su técnica para avanzar en la construcción de esta relación: la estrategia de la silla. 

Es así como postula que uno como madre observe de qué forma nos relacionamos. Si las sillas están en la posición espalda con espalda se está en el peor de los mundos porque quiere decir que en esa relación hay enojo, agresividad, falta de comunicación, indiferencia, cerrazón. En esta posición no hay contacto visual no conexión real.

Un estado más avanzado es la posición de las sillas lado a lado en la cual madre e hija se apoyan una a otra y se muestra abiertas en el desacuerdo. O sean, ambas pueden expresar sus posiciones, pero no necesariamente llegarán a la misma conclusión. Aquí hay aceptación, comprensión, colaboración y neutralidad. 

La tercera posición es a la que se debe llegar: las sillas en posición cara a cara, que es respetuosa, abierta, emocionante, intensa. 

Sophy asegura que pasar de una posición a otra es un proceso, y que la de cara a cara debe ganarse, pero también alienta y sostiene que eso se puede con trabajo basado en amor, comprensión y respeto.