Una crianza equitativa

12/12/2011 |
El momento en que nace tu hijo puede influenciar en su personalidad.

No es lo mismo haber sido el primero en nacer en una familia que venir al mundo precedido por varios hermanos. Tampoco es lo mismo ser hijo único que ser parte de una familia numerosa. Como padres, conocemos esto en carne propia, pues el lugar que ocupamos en nuestra propia familia puede haber influenciado en nuestra personalidad. ¿Qué hacer entonces para evitar estereotipos y promover una crianza equitativa y justa entre hermanos?

La teoría del orden de nacimiento

El Dr. Enrique Gelpí, psicólogo clínico, explica que desde principios del siglo XX varios psicólogos comenzaron a hablar sobre el orden de nacimiento y cómo afecta la personalidad del individuo, entre ellos Alfred Adler. Se trata de una teoría que ha ido ganando adeptos en EE.UU. “No se trata de algo categórico. En mi opinión, hay otros factores que tienen mayor peso sobre el desarrollo de la personalidad del niño, como los rasgos de su temperamento, el estilo de crianza o el tipo de atención que recibe de sus padres”, acota el Dr. Gelpí.

El que paga los platos rotos

Independientemente de nuestra opinión sobre las teorías del orden de nacimiento, lo cierto es que el grande es siempre el que abre camino. “Todo es nuevo para los padres cuando nace el primer hijo. Hay gran expectativa para que alcance cada hito en el desarrollo, por más pequeño que sea. Se celebra cada paso en su camino, pero los padres suelen ser más estrictos y planifican más con los mayores. En ese sentido, pagan los platos rotos por tener tanta atención y porque el papá cometerá, sin duda, varias novatadas”, dice el Dr. Gelpí. La psicóloga clínica Jennifer Cortés explica, que “como padres, solemos ser más exigentes con ese primer hijo, aunque sólo le lleve un año o año y medio a su hermano. Tenemos también más presiones de la gente que nos rodea y sucumbimos a las opiniones de otros”.

La personalidad de los niños mayores varía grandemente en cada entorno familiar, pero los defensores de la teoría del orden de nacimiento explican que suelen ser más responsables, son líderes innatos y se imponen metas muy altas. Algunos han llegado a describirlos como perfeccionistas y gente muy organizada. De hecho, más de la mitad de los presidentes en la historia de Estados Unidos han sido los primogénitos de su casa, como Roosevelt, Nixon o Bush. Pueden también sentirse fácilmente frustrados ante situaciones que no pueden controlar.

En el medio

“Más flexibilidad en la crianza”. Ésa es una de las grandes diferencias que hay entre el primer y el segundo hijo, según explica el Dr. Gelpí. “La atención que recibe ese niño va a ser menor, no hay la misma intensidad que con el primero, aunque hay también menos ansiedad en la crianza. Si ese segundo niño ocupa, además, el lugar del medio, es posible que tenga que recurrir a una conducta actuadora para llamar la atención”, añade.

En el caso de familias de tres niños o más, puede ocurrir el fenómeno de la triangulación. “A veces sucede que hay un junte entre dos hermanos para enfrentarse al tercero, que muchas veces es el niño del medio”, acota el Dr. Gelpí, quien afirma que se puede afectar la autoestima del que se queda fuera de esa alianza. “Tener tres o más hijos es una responsabilidad grande, no sólo a nivel económico, sino que los padres tienen que estar seguros de tener la energía para dedicarle a cada niño la atención que merece y criar de forma apropiada, especialmente porque a partir del tercero los padres están en minoría”, comenta.

Por su parte, la Dra. Cortés afirma que la posición del medio puede ser ventajosa si los padres saben manejarla. “Estos niños suelen ser cooperadores, aunque si no se maneja bien la situación con los hermanos pueden ser también muy competitivos y perder los ánimos fácilmente”. Según los defensores del orden en la familia, los del medio son conciliadores y buenos mediadores.

El bebé de casa

“Con los hijos menores, los papás muchas veces vuelven a celebrar todas las cosas que hacen, tanto las buenas como las malas. Ese niño, además, aprende desde pequeño a buscar su camino dentro de la familia”, comenta el Dr. Gelpí. Al respecto, la Dra. Cortés opina que “tendemos a ser más suaves con los hijos menores, pues ya hemos pasado por mucho. Por eso a veces pensamos que el menor puede ser el más consentido”. En general, se piensa que son más libres y más rebeldes, pues desde pequeños han campeado por su respeto en el hogar.

Para una convivencia sana 

El Dr. Gelpí y la Dra. Cortés exhortan a los padres a seguir estas estrategias:

1. Acepta y reconoce que la rivalidad y los celos son parte normal de la interacción entre hermanos. No importa cuánto te esmeres como padre, siempre habrá peleas y conflictos.

2. Brinda atención individual a cada hijo. Tiempo especial y atención positiva conforman una técnica para utilizar diariamente con cada niño (15 o 20 minutos de juego es suficiente). Es un momento de compartir y no de enseñar. Si el nene quiere hacer casitas con los dominó y no seguir las reglas, únete tú también.

3. No pretendas que todos practiquen el mismo deporte o lleven a cabo las mismas actividades extracurriculares. Por el contrario, bríndales espacio para que cada niño pueda descubrir lo que le gusta y pueda sobresalir en una actividad.

4. Escúchalos siempre con atención y no subestimes lo que te dicen. Si te reclama el menor que tú quieres más al mayor, es importante que no ignores ese reclamo. Por alguna razón, el nene lo siente así.

5. Nunca compares a los hermanos. Debes tener siempre mucha atención con lo que dices, aunque sea de forma casual entre amigos y familiares, porque puede afectar al niño.

6. No te conviertas en el árbitro de las peleas. Tu labor no es la de “réferi”; al contrario, bríndales estrategias para que solucionen el conflicto entre ellos. Intervén sólo cuando sea necesario; no se deben permitir gritos y golpes.