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Una niña con un bebé

Por Brenda Peña López / [email protected] 09/16/2017 |00:05 a.m.
Un nuevo miembro en la familia significa más gastos, por lo cual también se trastocan las finanzas de la familia. (Archivo)  
La dinámica familiar en la casa cambia cuando la hija menor de edad se convierte en madre.

El nacimiento de un bebé implica nuevas responsabilidades y acciones que suelen alterar la dinámica familiar, pero cuando esa criatura proviene del embarazo de una niña que aún vive junto a sus padres, los retos son mayores, como también lo son los ajustes que tendrán que hacer quienes viven en el hogar. 


“La rutina de la familia que vive bajo el mismo techo cambia por completo e igualmente, cambian los roles de los miembros de la familia”, afirmó la sicóloga clínica Julia González González. 

A juicio de la experta, es probable bajo estas circunstancias que los progenitores de la menor que se acaba de convertir en mamá asuman un rol activo como cuidadores del bebé junto a ella, sobre todo si ella no ha terminado la escuela o decide trabajar de forma parcial, si su edad se lo permite. 

“En los casos en que no se cuenta con el apoyo de los padres, es común ver tías, tíos y abuelos de la menor con un hijo, involucrados en el cuidado y crianza del bebé. Si los padres determinan no apoyar a su hija, las dinámicas familiares cambian drásticamente, sobre todo por la separación física familiar y, con gran probabilidad, el distanciamiento emocional”, observó. 

Subrayó que un nuevo miembro en la familia significa más gastos, por lo cual también se trastocan las finanzas de la familia. 

En Puerto Rico, unas 1,800 menores de edad se embarazaron en el período de 2010 al 2014, según estadísticas vitales del Registro Demográfico de Puerto Rico. Las cifras entonces reflejaban que la edad más tierna a la que niñas dieron a luz fue los 12 años. 

González González señaló que la manera en que los padres de la menor intervendrán en las responsabilidades con el bebé dependerá de cada caso, pero advirtió que si acostumbran a hacer el trabajo que corresponde a la madre, es probable que ella nunca asuma sus deberes, ya sea por comodidad o inseguridad. 

“Comodidad porque la joven aún tiene muchos aspectos en los que desarrollarse y madurar. Los intereses propios de su edad no incluyen típicamente la crianza de un bebé. Esa es una responsabilidad que están asumiendo a la fuerza. Inseguridad porque es madre primeriza, sin embargo, entiende que usted como su madre siempre sabrá que hacer y porque el mensaje que usted le envía al asumir la responsabilidad total de las cosas del bebé es que ella no tiene la capacidad, ni las destrezas necesarias para poder hacerlas”, subrayó. 

Es necesario, según indicó, que se le enseñe a la joven que debe aprender a administrar el dinero y buscar alternativas de trabajo flexible a la vez que cuida a su bebé.

“Cuando se quitan responsabilidades a una adolescente no se le permite que aprenda a asumir las consecuencias de sus actos y no se fomenta la madurez que este tipo de situación suele proveer”, argumentó. 

 Por otro lado, afirmó que la adolescente necesitará ser educada, previo al nacimiento de su bebé, sobre todos los retos y responsabilidades enfrentará física, emocional, social y financieramente. 

En cuanto a los padres, es fundamental que orienten, eduquen, escuchen y validen los sentimientos de ella. 

“Debe quedar claro que la responsabilidad de crianza es 100% de ella y el padre del bebé (si está en el panorama), aunque cuenten con su apoyo”, resaltó. 

De otro lado, para González González, permitir o propiciar que el padre del bebé se mude con la familia no es la mejor alternativa, sobre todos si se trata de menores de 16 años. 

“Sería como tener otro hijo. En caso de menores de 16 que aún sostengan una relación y que ambos han asumido la responsabilidad de crianza del bebé, ambas familias deben ponerse de acuerdo en cómo apoyarán a los jóvenes y hasta cuándo. Podrían llegar a acuerdos similares a cuando hablamos de una custodia compartida en lo que los jóvenes llegan por lo menos a los 18 años, adquieran más madurez y capacidad económica para entonces mudarse juntos con su bebé a otra vivienda”, opinó. 

“La realidad es que muchas familias optan por acoger también al padre del bebé pues les resulta más cómodo en diversos sentidos y entienden es más seguro tenerlos cerca, poderlos supervisar de cerca, incluyendo al bebé”, aseveró. 

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