Cómo evitar mordidas de perros en los niños

06/03/2011 | 05:38 p.m.
 
Aunque un perro no sea bravo, puede reaccionar agresivamente si un niño no sabe cómo interactuar con él

Resulta sorprendente todo lo que a diario uno puede aprender sobre los animales de compañía. Un buen ejemplo de esto es cómo evitar mordidas de perros, particularmente, cuando hay niños involucrados. Y el recurso de que nos valimos esta vez para compartir nuestro aprendizaje con ustedes no podría ser mejor. Se trata de Jorge Maisonet, entrenador de perros y especialista en corrección de problemas de comportamiento y modificación de la conducta canina.

Todo un profesional en la materia
Maisonet incursionó en el entrenamiento de perros desde muy temprana edad, “pues mi abuelo, Gregorio Maisonet, entrenaba perros labradores. Así fue que comenzó mi pasión por los animales”. El experto también ha “estudiado y participado en talleres con entrenadores en Puerto Rico, Floria, Colorado, Nueva York y Francia. Le debo mucho respeto y admiración a Elaine Antonmattei, de Caribbean Dog Sport Club, en Ponce, pues con su conocimiento me inspiró a educarme y ser mejor cada día.   Por si fuera poco, Maisonet es “profesor de futuros entrenadores de perros en Professional Pet Grooming School, la única escuela en Puerto Rico autorizada por el Departamento de Educación para enseñar este curso”.

A veces, la obediencia básica no es suficiente
En su negocio Dog Behavior Solutions -como se infiere por el nombre-, Jorge Maisonet se especializa en corregir problemas de comportamiento canino. Y, aunque ofrece clases de obediencia básica, según expresó, “estoy bien consciente de que hoy día, (los comandos de) “sit, down, stay, no son suficientes. Las personas necesitan un perro que no rompa cosas, que no se coma la basura, que se porte bien con los niños, que no muerda”. En otras palabras, su filosofía es que “cualquiera que sea la conducta de un perro, (ésta)  puede ser modificada. Con amor y paciencia, podemos hacer de (cada) perro uno mejor, que se adapte al estilo de vida de cada persona”.

Pero, ¿por qué se portan mal?
Como muchos otros entrenadores profesionales, Maisonet piensa que la mayoría de los problemas  con los perros “surgen de la interacción con los humanos. El error más común, para mí, es que las personas piensan que los perros son gente y les otorgan personalidad”. Primero que todo, recomendó, “hay que ver los perros como lo que son... perros; luego, (hay que) verlos como una raza” o mezcla de razas. Y en tercer lugar, hay que “ verlos por el nivel de energía que tienen”.
Debemos ser conscientes, además, de que “los perros tienen unas necesidades instintivas que no son iguales a las de un ser humano”. Por eso, resulta crítico que estemos al tanto “de las tendencias de cada raza”.

Los niños: una prioridad
Muchos pecamos de tratar a nuestras mascotas como niños, pero hay que aceptarlo: ni son humanas ni se rigen por nuestros códigos de comportamiento. Por ello, un gesto o un movimiento que para nosotros pudiera ser normal e inofensivo, para un perro -de cualquier raza o tamaño- puede representar una amenaza.
Esto es de suma importancia cuando, “en la casa hay niños  y el perro está dentro de la casa, siempre en contacto directo con los niños”. Muchas veces, los padres dejan que el perro juegue con los menores sin ninguna supervisión y esto es sumamente peligroso. Entre otras cosas porque un niño,  “tiende a jugar un poco fuerte con el animal o a tratar de dominarlo, quitarle la comida o los juguetes”. Y esto, como es de imaginar, puede terminar en una tragedia.
 “Un error muy común es confiar demasiado en que el perro se comportará bien”, urgió el experto, cuando  lo que deberíamos preguntarnos es si “el  niño se comportará de forma apropiada” con el perro. Por eso, fue muy enfático al recomendar: “Debemos enseñarles (a los pequeños) que los perros no son juguetes, peluches o almohadas. A cada rato, escucho casos de perros que le ladran a un niño o lo tumban porque el niño les haló la oreja o la cola, o trató de montarse ‘a caballo’ encima del perro”.
A tenor con esto, advirtió que, cuando de niños y perros se trata, tenemos que ser precavidos con “algo tan simple como un abrazo. Los perros, por  naturaleza, no saben lo que es un abrazo”. Por ello, si un niño se aventura a abrazarlos, pueden pensar que el que alguien los apriete por el cuello constituye “una agresión”. Por tal razón, su instinto puede llevarlos a defenderse y ahí es que puede surgir una mordida.

 

 

Importante: La raza no importa
“¡No hay perros malos!”. Bien podría decirse que éste es uno de los mantras de Dog Behavior Solutions. Eso de tipificar las razas -que unas son obligatoriamente violentas, mientras otras son infaliblemente obedientes o mansas- es una equivocación. Lo que sí  hay son “dueños ‘malos’; personas que no conocen cómo tratar a un animal correctamente”. Y lo peor de todo, se lamentó Maisonet, es que, muchas veces, “no buscan ayuda de un entrenador. Por eso, a los albergues de animales llegan entre 80 y 100 perros semanalmente”.
Pero, el entrenador insiste: “Todos estos perritos se pueden salvar si los dueños tienen el conocimiento adecuado para educarlos. Y a eso  me dedico, a modificar el comportamiento de los perros y a educar los dueños para que convivan toda la vida juntos y disfruten juntos los unos de los otros”.

Para evitar mordidas
Antes de calificar al perro como un animal vicioso, que no tiene remedio, Jorge Maisonet insta a los padres a reconocer “que ellos fueron los que cometieron un error, pues nunca se debe dejar un niño solo con un perro. Y siempre que estén juntos, debe ser en un ambiente supervisado. Hay que entender que “ningún animal ataca cuando está tranquilo y se respeta su espacio”.  Por ende, hay que considerar las circunstancias y el comportamiento del perro antes de haber mordido, por ejemplo, “si ladró, si gruñó o si trató de huir o esconderse”.
Las principales razones por las que un perro muerde a un niño son: El niño...
*lo molestó o le agredió.
*lo apretó como si fuera un peluche. 
*corrió o gritó delante del animal. Para el perro, este comportamiento instintivamente asemeja al de una presa y activa su instinto de cacería.
*le quitó la comida o algún juguete.
interactuó con el perro de manera repentina, lo asustó  o lo hizo sentirse amenazado  o acorralado.

 Para que esto no ocurra, el entrenador aconseja:
*Jamás dejar un niño solo con un perro.
*Los padres deben enseñarle a respetar el espacio del perro, así como su comida y sus juguetes.
*Explicarle que el perro no es un juguete o peluche que se le puede hacer cualquier cosa.
*Supervisar en todo momento al niño y al perro mientras estén juntos. 
*Enseñarle a no tocar perros ajenos o realengos.
*Enseñarle a preguntar siempre al dueño de la mascota si ésta se puede tocar.
*Indicarle que se mantenga quieto y calmado si un perro extraño muestra interés en él o ella. Si permanece quieto, el animal perderá interés o pensará que el niño no representa una amenaza.
Indicarle que no abrace al perro  por el cuello ni le hale la cola o las orejas ni se le trepe encima.
*Enseñarle que nunca bese a un perro en la cara (el perro puede sentirse incómodo o amenazado).
*Enseñarle que nunca mire al perro fijamente a los ojos, pues una mirada frontal fija puede ser interpretada como un desafío a pelear.
*Nunca pasar la mano a través de una verja o jaula para tocar un perro.
*Enseñarle que siempre se acerque al perro de lado, nunca de frente o por detrás.  

Los servicios de Dog Behavior Solutions son garantizados. Los entrenamientos son a domicilio y pronto, también, tendrán sus propias instalaciones  en Carolina. Para comunicarte con Jorge Maisonet, puedes llamar al 787-599-1667 o al 787-644-5349, o visitar www.facebook.com/pages/Dog-Behavior-Solutions. La compañía brinda servicio de entrenamiento  a domicilio y en el 5 Paws Hotel, en Carolina.