De todas maneras, gracias

11/25/2011 | 06:19 p.m.
 
Siempre, no importa cuántas cosas malas sucedan, hay algo por lo que estar agradecidos

Cuando esto llegue a sus manos, ya el pavo habrá ido y venido, y estaremos planificando nuestras Navidades. Como es uso y costumbre en esta temporada, con la culminación de un año más vienen las reflexiones y  el resumen de los éxitos y los fracasos que hayamos experimentado.
 Esta semana, por ejemplo, tuve una inmensa alegría, pues el Primer Junte Mascotero se llevó a cabo en las instalaciones del Centro de Varona, en Guaynabo, y el éxito del mismo superó todas nuestras expectativas. Fue la primera ocasión en que Los Mascoteros, el grupo de fans de Tus Mascotas en Facebook, se reunía para un evento creado por y para ellos. Sin anuncios de prensa, radio o televisión, y sólo mediante una sencilla convocatoria por Facebook, logramos reunir a más de un centenar de personas con un número similar de mascotas.
 Ese éxito me hizo reflexionar sobre el poder de convocatoria de Primera Hora. Reflexioné, también, sobre el hecho de que  tanto las mascotas como los humanos reunidos allí dieron cátedra de cordialidad, armonía, buenos modales y civismo, pues, entre otras cosas, nadie dejó desperdicios -ni de humanos ni de animales- a su paso, todos los perros se portaron de maravillas y la concurrencia escuchó atentamente a todas charlas impartidas por especialistas en bienestar animal. Además, grandes y chicos salieron de las excelentes instalaciones de Abel de Varona encantados con las mismas y deseosos de  regresar al mismo lugar, y de que pronto tengamos otro junte de Mascoteros.
Entonces... llegó el martes 22 de noviembre con la terrible noticia de que un niñito de cuatro años fue dejado morir de inanición, alegadamente, por su propia madre, y mi  alegría se vino al suelo, pues reflexioné que, si una persona se atreve a hacerle eso a su propio hijo, ¿de qué otras cosas puede  ser capaz? ¿Cómo puede extrañarnos que perros sean arrojados de autos en movimiento o gatos sean rociados con gasolina e incendiados por puro “deporte”? Y, a todo esto, ¿qué podemos hacer para combatir la angustia que estos sucesos nos provocan a los que respetamos la vida de humanos y animales por igual?
Entonces, decidí reflexionar sobre las muchas madres abnegadas que conozco -entre ellas, mis propias compañeras de trabajo-; los incontables rescatistas que se quitan el pan de la boca, literalmente, para poder alimentar y curar a las mascotas que salvan; los guardianes responsables como ustedes, que cuidan a sus mascotas con verdadero amor; y los medios noticiosos responsables, como el nuestro, que denuncian ésos y otros atropellos. Y comprendí que no todo está perdido; que con cada niño que criemos bien y cada mascota que tratemos bien, nos redimiremos. Y por ambas cosas, y muchas más,  siempre  podré dar gracias.