ÉSTA ES MI HISTORIA: Una amiga inolvidable

08/10/2012 |09:54 p.m.
 
Yamary David Ruiz narra el amor especial que todavía siente por su mascota Daisy Marie

Soy Yamary David Ruiz, de Carolina, y quiero hablarles de mi mascota Daisy Marie.

La conocí hace tres años, un 3 de abril. Era un día de trabajo normal. Mi compañera y yo hacíamos labores cuando nos dimos cuenta de un alboroto en el parking. Varias personas miraban a un perrito negro y se preguntaban si tenía dueño. Para mí, era algo con patas caminando por la calle y ya. Pero, a mi amiga Isela le encantó y dijo que la quería, así que, de presentá, la reclamé como dueña. Pero, cuando se la llevé a mi amiga, ella me dijo que no tenía dónde tenerla. Ya la había reclamado como mía, así que me daba vergüenza devolverla a donde estaba. 

La llamamos por varios nombres, hasta que nos decidimos por  Daisy porque al escucharlo, pareció  emocionarse. Cuando llegué a mi casa con ella, mi esposo, mis hijos y mi hermana no lo podían creer porque yo nunca había mostrado interés por tener mascotas. 

La ofrecí a una amiga, pero tardó tanto en buscarla que decidí quedarme con Daisy. Me enamoré de su mirada tierna. Decidí que no la quería dentro de la casa, pero se me partía el corazón escucharla llorar afuera. Y de no quererla en el cuarto, terminó durmiendo con nosotros. 

Nunca me enseñaron a amar a los animales, pero Daisy se conviritió en mi amiga de cuatro patas. Era preciosa, con un pelaje negro brillante. Mi vida cambió. No importa si la pasaba mal o estaba triste, con sólo llegar a casa y ver su recibimiento olvidaba todo.  

Pero todo cambió hace poco. Daisy se levantó como de costumbre y salió a tomar el sol mañanero. Yo tenía prisa para ir al trabajo y hacer otras gestiones, así que, por un descuido mío, sin darme cuenta, mi negrita hermosa  salió detrás de mí. Como vivo frente a una avenida, un auto la impactó. 

Cuando regresé de trabajar, mi hijo mayor y su abuelo me estaban esperando para darme la mala noticia. Fue horrible. Desde ese día, mi alegría no es igual. Un pedacito de mi corazón se fue con ella. La casa se siente vacía. Sólo me queda el recuerdo de su mirada sincera y fiel. La amaré por siempre. Y algo tengo muy claro: no fui yo la que rescató a Daisy; ella fue la que me rescató a mí.


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