Estamos "hasta aquí"

10/07/2011 |05:42 p.m.
 
Los amantes de los animales ya no aguantamos más el abandono y el maltrato de mascotas en la Isla

A los amantes de las mascotas nos suele  preocupar el bienestar de los animales, en general. Ya bien sea un caballo  en un establo, un elefante en un zoológico, una ballena atrapada en los hielos del círculo polar ártico o un toro en una corrida, lo que les pase a unos o a otros, lo que puedan padecer, nos hace sufrir a nosotros, también.
Es por eso que esta semana vuelvo con el tema de las mascotas abandonadas y maltratadas. Es agobiante ver cómo  casi a diario, en nuestro fan page en de Tus Mascotas en Facebook, llueven los mensajes de perros y gatos realengos, enfermos  y muertos de hambre por doquier.
Yo, al igual que las personas que los socorren, estoy “hasta aquí” de ver que cada día aparecen más animales abandonados. Y eso, sin contar a los que tienen casa, pero los mantienen amarrados, descuidados  y sin la debida protección, el más mínimo cariño o los más esenciales cuidados médicos.
 Claro que, como reportera, yo soy la que menos hace, pues, fuera de lo que pueda cooperar por aquí o por allá,  lo que hago es recibir las noticias, diseminarlas, escribir textos que inspiren la adopción  o que animen a la gente a aportar donativos para ayudar a esas mascotas y, por último,  publicarlas. Pero, a los rescatistas -que son todos y todas voluntarios y voluntarias- les toca el verdadero trago amargo de socorrer a esos animales desamparados, darles de comer, curarles las heridas, llevarlos al veterinario y, por si fuera poco, mover cielo, mar y tierra para poder encontrarles hogar.
 Quien no haya conocido a una de esas nobles personas no sabe por todo lo que pasan. Desde sus kilométricas cuentas en cuchucientos veterinarios hasta sus idas y venidas a todas horas, ubicando mascotas en hogares temporeros por aquí y por allá, los rescatistas casi no tienen vida. Yo hablo con muchos de ellos y ellas, prácticamente todos los días y, francamente, no sé cómo hacen todo lo que hacen. Me alegro cuando, ¡por fin!, le encuentran hogar a un animalito y lloro con ellos cuando uno se les muere, cuando no pueden socorrer a alguno porque no se deja rescatar  o ya no tienen más dinero para mandarlos a curar.
Hacer una lista, aquí, de todos los rescatistas que conozco es poco menos que imposible, pues son cientos y cientos a través de toda la Isla. Además, corro el riesgo de que se me quede alguno fuera y eso no sería justo. Pero, les aseguro, con sólo llamar a su veterinario más cercano, se enterarán de por lo menos una mascota que estará en esa clínica u hospital, gracias al esfuerzo de un alma generosa y desinteresada. Les ruego que consideren aportar, aunque sea de vez en cuando y aunque sean cinco pesitos, para ayudar por lo menos a un animalito. Ustedes no se imaginan la vida -o vidas- que puedan salvar.