"Seguiré tus pasos"

07/13/2012 | 10:00 a.m.
 

Entre la vida y al muerte, Dalia E. Cruz y  Axel Torres esogieron la vida. En lugar de sacrificar a su mascota Piruli –un simpático y vivaz perrito de poco más de dos años– debido al avanzado estado de su glaucoma, la pareja optó por procurarle una vida saludable y feliz, aun a expensas de que hubiera que extirparle los ojos. Esta decisión, que tomaron en contra de las recomendaciones de casi todos sus allegados, quienes insistían en que lo mejor era poner a Piruli “a dormir”, probó ser la más acertada. Hoy, el perrito que casi todos hubieran aniquilado por pena, sigue siendo la mascota alfa de la casa. No sólo domina a su compinche Poncho, el otro perrito de la pareja, sino que sigue siendo tan alegre e inquieto como siempre.

Y es que, como pudimos constatar durante nuestra visita al hogar de la familia Torres Cruz, los animales no tienen complejos ni se comparan con otros. Por eso,  cuando en su vida ocurren cambios drásticos como perder una pata o, como en el caso de Piruli, perder los ojos, no se martirizan cuestionándose: “¿Por qué a mí?”. Los animales simplemente se adaptan a sus circunstancias y siguen tan campantes. Y eso es lo que ha hecho este encantador perrito.

Muy importantes en su vida

Toda mascota deja una huella en nuestras vidas y  Piruli y Poncho confirman esta regla. “Piruli llegó a mi vida en el 2010. Me lo regaló una amiga”, rememoró Dalia. “Cuando lo adopté, fue amor a primera vista”. Por aquel entonces, la joven estaba pasando por circunstancias que la habían entristecido. “Él se convirtió en mi terapia y, por eso, soy bien apegada a él”, añadió emocionada la joven.

Por su parte, Poncho, quien también se unió a la familia en el 210 y también tiene dos añitos, “llegó a mí bien chiquito, flaco y con sarna. Al principio, dudé de qué hacer con él porque no sabía si podría mantener dos perros, pero Poncho me ablandó el corazón y decidimos adoptarlo también”. 

Una mala noticia

La grave enfermedad ocular de Piruli tomó a todos por sorpresa. “Tenía sólo un año y medio cuando lo llevé a vacunar y el técnico veterinario notó algo raro en sus ojos”, recordó Dalia. Acto seguido, el muchacho le dijo que, en su opinión, el perrito tenía glaucoma “porque su ojito derecho se veía azulado. Esto fue para agosto de 2011. Me recomendó llevarlo a la oftalmóloga veterinaria para que lo evaluara y así lo hice”, mencionó.

Desde la primera cita, el temido diagnóstico fue confirmado. Sorprendentemente, a pesar de que la presión ocular de Piruli estaba por las nubes y tenía los ojos recrecidos, el perrito aún veía. “La doctora no se lo podía explicar y  empezó  a tratarlo con medicamentos”, dijo Dalia.  

Tristemente, en visitas subsiguientes la situación no mejoró y en  seis meses el perrito se quedó ciego por completo. Para completar, de repente la joven notó que Piruli tenía una úlcera en el ojo derecho. En esta ocasión, llevó a su perrito  adonde la Dra. Diamaris Trinidad, quien recomendó  extirparle  ambos ojos al perrito.

Aún incrédula, Dalia regresa con la oftalmóloga veterinaria, quien coincidió con la Dra. Trinidad: Piruli estaba experimentando demasiado dolor y lo mejor era sacarle sus ojitos. 

La suerte estaba echada, pero el pronóstico, por increíble que parezca, era sumamente alentador. Sin sus ojos, Piruli –que se había tornado letárgico por las molestias que sentía– podría llevar una vida normal, libre de  dolor, y volvería a ser el perrito dinámico y travieso de siempre.

Y, en efecto, así ha sido.

Pa’ alante

Dejar a Piruli sin ojos no fue una decisión sencilla, pero “sacrificarlo por su condición nunca fue una opción para nosotros”, mencionó Dalia enfática. “Para mí, el problema era no saber qué sentiría al verlo sin sus ojitos y con los párpados cerrados. Pensarlo, me rompía el corazón”, confesó. 

Cuando el perrito volvió de su cirugía, “vino con una venda en la cabecita, pero estaba tranquilo. Y cuando lo llamé para comer, ¡rápidamente fue y se comió todo lo que había en el plato!”. 

Al cabo de una semana, cuando le quitó el vendaje, “dio un cambio del cielo a la tierra. Empezó a lamerme la cara como diciéndome que por fin se sentía bien. Toda la tristeza que pude haber sentido se fue  en ese instante  porque sabía que, por fin, mi Piruli tendría una mejor calidad de vida. ¡Ahora es hasta más activo que Poncho, que tiene todos sus sentidos! Definitivamente, a Piruli, nada lo limita”, acotó.   

El caso de Piruli

La Dra. Diamaris Trinidad, de San Miguel Veterinary Services, en Bayamón, explicó la enfermedad de Piruli.

1. El perrito padecía de glaucoma severo bilateral y estaba ciego desde hacía tiempo.

2. La condición no es común en perritos tan jóvenes (dos años).

3. Al animalito se le practicó una enucleación bilateral, pues, al confirmar que no veía nada, los globos oculares sólo estaban ocupando espacio. Decidimos removerle los ojos para aliviar el dolor que la alta presión ocular le causaba.

4. El pronóstico en todos los casos de glaucoma no es el mismo y cada caso se debe estudiar independientemente. Lo más importante es evaluar la calidad de vida que tendrá la mascota.

Para más información, pueden comunicarse con la Dra. Diamaris Trinidad al 787-461-5225.