Te vas, te vas, ¿y qué?

10/21/2011 | 04:50 p.m.
 
Yo no sé ustedes, pero yo no regalaría ni abandonaría a mi mascota ni aunque mi vida estuviera en juego y mucho menos porque me mudo o me voy de la Isla

Si yo tuviera  $100 por cada persona que me ha llamado desde que nuestra sección de mascotas comenzó hace como nueve años, para decirme: “¿Me puedes ayudar? Es que me mudo y no puedo llevarme a mi perro/gato/pájaro/tortuga”, etc., hace rato podría haberme jubilado.

 Han sido tantas y tantas las instancias, que he llegado a la conclusión de que nos ven a los periodistas -¡y ni hablar de los agobiados rescatistas, que tanto respeto!- como sus resuelvelotodo personales. Esos “guardianes” se mudan, se casan o se divorcian, tienen hijos o cambian de trabajo, y salen de sus mascotas como si fueran paquetes de dinamita, partiendo de la premisa de que “alguien” -como sea y sin que a ellos les cueste ningún trabajo- va a hacerse cargo de su problema. Entiéndase, de sus pobres animales.

En las últimas semanas, he recibido toda suerte de cartas, emails y llamadas de personas de ambos sexos y de todas las edades, con cuanta excusa existe  para “tener” que deshacerse -sí, deshacerse, como si se tratara de un estorbo- rush, rápido, urgente, de sus mascotas.

Miren, no me vengan con sus situaciones económicas porque, de un modo u otro, todos cargamos con nuestra cruz de dólares y centavos. En varias ocasiones, en el transcurso de nuestras vidas, tanto mi esposo como yo nos encontramos desempleados y nunca, ¡jamás!, consideramos deshacernos de nuestra perrita. A mí también me llega una cuenta de la luz que raya en los $300, aunque sólo somos dos humanos y una perrita. El mantenimiento de nuestro edificio sube a cada rato y la cuenta del agua -a menos que Ganache Marie haga pool parties durante el día, en la sala- aumenta misteriosa y vertiginosamente, también. Encima de eso, nos gastamos nuestros buenos pesos en el cuido de Ganachita con sus comidas especiales y sus alergias en la piel y los consiguientes antibióticos y champús medicados.

Pero, ¿saben qué? Cuando nos fuimos a mudar, lo primero que preguntamos fue si en el condominio permitían mascotas. Y si la respuesta hubiera sido negativa, cuenten y juren que no viviríamos donde estamos. Y es que nuestro compromiso con nuestras mascotas no fue parcial, sino total y firme. Porque se trata de vidas, no de objetos. Son seres que sienten y padecen, y lo menos que merecen es nuestra lealtad incondicional como premio a la que ellas nos profesan.

En fin, tú que me llamaste ayer porque te vas a Nueva York... y tú, que me escribiste la semana pasada, rogándome que te ayudara a buscarles casa a tu perro y a tu  gato porque te mudas  y “no puedes llevártelos”. Tú, ¿cómo reaccionarías si alguien, algún día, también te abandonara sin mirar atrás?