Una relación muy especial

05/13/2011 | 11:42 a.m.
 
Fiel y leal como un perro, y astuto como un gato, el gallo Cococó es la mejor compañía de su dueña

Son el uno para el otro. Él la sigue a todos lados  sin perderle el rastro y ella, en cambio, a cada oportunidad le dedica tiempo para acariciarlo y darle sus paseos.
Y es que, según confiesa la propia Natividad Negrón Cruz -una encantadora dama octogenaria, residente en San Sebastián-,  su gallo ha venido a ocupar el lugar que dejó su esposo cuando éste falleció hace 22 años. Ahora, el ave es “el nene de la casa”. Sin su gallito, ella sentiría una inmensa soledad, ya que  sus hijos viven en San Juan.  Pero, gracias a él, ahora tiene en qué distraerse e  invertir su tiempo.
Este hermoso y robusto gallo se llama Cococó y fue adoptado por la familia de Natividad cuando era sólo un pollito.     Pero, como era de esperarse, a medida que  fue creciendo, fue desarrollando su cántico,  lo que resultó bastante molestoso para sus vecinos, ya que, por aquel entonces,  el ave vivía en el área metropolitana, donde la gente no está acostumbrada a este tipo de animales.   A consecuencia de eso,   Natividad lo “heredó” y se lo llevó a San Sebastián. Desde entonces, hace un año que están juntos. 

 Pero, ¿un gallo?
Aunque Natividad no siente una particular preferencia por los perros ni gatos,  las aves sí le atraen mucho, pues desde pequeña se crió en el campo y siempre tuvo a su alrededor gallos y gallinas con sus pollitos, a los que se pasaba cuidando  todo el tiempo. A tono con esto, según mencionó a Primera Hora, “no fue tan sólo criarme en ese ambiente de aves, sino, más bien, los valores que desde pequeña me enseñaron”, que le dieron a entender la importancia de los animales en la vida de los seres humanos. De hecho, cuando nos contó que su familia no se opuso a que se quedara con Cococó de mascota, nos aclaró que los mismos valores que le inculcaron a ella se los pasó a sus hijos y ahora, ellos son unos pet lovers también.

 

 

Por qué se llevan tan bien
Al preguntarle cómo nació esa compenetración que tienen ella y su mascota, Natividad nos explicó que la misma surgió de manera natural, a medida que el ave respondía positivamente  todas las caricias y cuidados que ella le prodigaba con tanto cariño. 
La relación entre ellos es muy especial... pero un tanto posesiva. Por ejemplo, Cococó no permite que haya otros animales en la casa. Simplemente, no los tolera. Es como si él pensara: “Esta señora es mía y de nadie más”.
Para describir un poco más cómo es la relación entre ellos, Natividad explicó que mantiene a Cococó en los bajos de la casa y   por las mañanas y en las tardes, lo saca a pasear, mientras ella se pone a realizar las tareas del hogar.   Antes de comer, si no lo acaricia por un buen rato, no hay quien lo haga comer.  Cualquiera diría que el gallo piensa: “Hasta que no me añoñes, ni pienses que voy a comer, ¡aunque me esté muriendo de hambre!”.

Como un baile entre dos
Cada vez que Natividad se acerca a Cococó, él procede a rodearla  como lo hacen los gallos cuando quieren llamar la atención de las gallinas.  
Tanto afán del gallo de estar con ella nos llevó a pensar, ¿qué es de Cococó cuando Natividad no está?   Ella nos respondió que, por ejemplo, cuando se va de viaje, Cococó también se va de “vacaciones” a casa de su hijo, quien lo cuida en lo que ella regresa. Claro que, si ella se ausenta de la casa sólo  por dos o tres días nada más,  en esos casos, lo que hace es que le deja suficiente agua y comida a su ave.

Todos merecen ser queridos
A la pregunta de qué beneficio le ve  Natividad a tener de mascota a un gallo, ella respondió: “No importa qué tipo de animal se tenga de mascota, lo importante es cuidarlos y compartir con ellos, tener el compromiso de protegerlos y hacerles entender que son parte de nuestra familia”.
Por si fuera poco, un beneficio adicional de mantener a  Cococó con ella es que el
ave  se ha asegurado de que en la propiedad no haya roedores ni ningún otro tipo de sabandija.
En fin, Natividad, a sus 83 años, entiende que cuando  expresamos amor verdadero hacia las mascotas,  a cambio recibimos el doble de lo que invertimos. Ella, de su gallito, obtiene una enorme satisfacción y un inmenso cariño. Y eso, como dicen los anuncios de la tarjeta de crédito, ¡no tiene precio!

Las mascotas en la tercera edad
En la etapa geriátrica de nuestras vidas, las mascotas pueden representar importantes beneficios para nuestra salud mental y física, como bien lo señaló el Dr. Jose A. Franceschini, psiquiatra geriatra y director del Departamento de  Psiquiatría de la  Escuela de Medicina de la Universidad Central del Caribe.
1. A nivel físico, una mascota puede contribuir a  aumentar la energía y la fortaleza muscular, a mejorar el equilibrio y las destrezas físicas, y a bajar la presión arterial.
2. A nivel emocional, reduce la soledad y el estrés, así como la depresión y la ansiedad. Por otro lado, aumenta la motivación y la autoestima, el sentido de vida y de utilidad, y los sentimientos de confianza y amor.
3. En el terreno social, un animal de compañía aumenta la interacción de grupo y nos anima a compartir con otras personas.
4. En el plano cognitivo, el cuidar a su mascota mantiene a las personas  más activas, ya que deben estar pendientes de su alimentación y todas sus necesidades.  Esto también estimula la memoria.
5. A las personas solas o enfermas, una mascota les brinda mucha compañía, amor, agradecimiento y sentido de vida, y los hace sentirse que alguien los necesita (útil).

De otra parte, el galeno advierte:
 “Antes de tener una mascota, uno debe saber lo que requiere la misma, cuánto espacio tiene disponible, cuál es su estilo de vida.   Puede tratarse lo mismo de perros que de gatos, caballos, aves, peces, serpientes, lagartos, etc.  Todo depende lo que uno quiera de la mascota, porque si uno quiere recibir cariño del animal, no puede tener un pez, por ejemplo”.
Por otro lado, abundó el médico, hay animales que duran muchos años como los guacamayos y las tortugas.  Para tenerlos, debe haber un compromiso de los familiares que cuidarán de la mascota una vez la persona se ausente (por vacaciones o enfermedad) o falte.  Esto es muy importante, ya que, para el envejeciente, será un alivio saber que van a cuidar de su animal en caso de que él o ella no esté.