Desde hace cinco años, Lisandra y Daniel (nombres ficticios) salen a cenar con frecuencia o a tomarse unas cervezas. Se ayudan mutuamente cuando uno necesita del otro. Cuando él tiene una duda al preparar una receta, recurre a ella, y cada vez que ella necesita reparar o mover algo pesado en su casa lo busca a él.

En los asuntos del corazón también buscan consejo y consuelo en el otro, pero mientras él la mira con la esperanza de que algún día lo ame como pareja, Lisandra solo ve en él, al gran amigo que es.

Daniel ha caído en la trampa que popularmente se conoce como "friend zone" o dimensión amistosa.

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En la cultura popular, el "friend zone" se define como el lugar en que permanece una persona cuando se enamora de alguien con quien mantiene una relación interpersonal y no es correspondido en sus sentimientos. Es poco probable que una vez se está en ese lugar, la relación de amistad pueda evolucionar a un plano romántico o sexual porque ese tipo de atracción solo está en uno de los dos.

“Cuando supe que Daniel tenía expectativas de una relación romántica conmigo me sorprendió, primero, porque desde que él me conoce yo siempre he estado enamorada de alguien más, y segundo porque nunca en nuestra dinámica de amistad creo haberle dado alas a ese sentimiento”, afirmó Lisandra, de 35 años.

La entrevistada, de hecho, señaló que conoció acerca de los verdaderos sentimientos de Daniel a través de una amiga que tienen en común y quien la habría alertado a ser más cuidadosa con su trato hacia él porque este le había manifestado que le dolía verla sufrir por alguien más cuando él entendía que podía hacerla feliz.

“Lo primero que hice fue sentarme a reflexionar en aquellas cosas que hice o dije que él pudo haber malinterpretado. Pensé en la vez que lo invité a la casa de mi familia, en todas las veces que le pedí ayuda para arreglar cosas en mi casa, en las ocasiones que le pedí que me acompañara incluso a hacer compra. Quizás él vio lo bien que nos llevábamos haciendo las cosas típicas que hace una pareja, pero nunca me pasó por la mente que él pudiera darle esa interpretación a ese tipo de actividades porque yo estaba acostumbrada a tener amigos varones con los que tenía la misma dinámica y nunca se enamoraron y además, porque nunca tuve un solo acercamiento romántico o sexual con él. Ni siquiera le he coqueteado”, expresó.

“Mi primera reacción entonces fue distanciarme un poco de él porque no quería lastimarlo y tampoco me quería poner en la posición de que nuestra amistad siguiera creciendo y con ella, sus sentimientos románticos”, continuó.

Al momento, ambos continúan siendo amigos cercanos; ella intenta ignorar que sabe de sus sentimientos y él, por recomendación de la amiga de ambos, no se ha atrevido a ser honesto.

“No quiero ni pensar en que eso ocurra; lo quiero como amigo, pero no puedo sentir por él más que eso, y sé que eso no va a cambiar. No le veo potencial de pareja, punto, y no lo quiero lastimar diciéndole que amigo es el mejor, pero que como hombre no me atrae”, reiteró.