Coquipela’os al poder- Ve vídeo

10/05/2012 |
La gente percibe a los clavos como más poderosos, según varios estudios.

Los vemos a menudo. Se hacen la partidura a la altura de la oreja. Unas cuantas hilachitas van a parar a la nuca, mientras las restantes las acomodan con la misma gracia que tienen las mujeres que se hacen el dubidubi. Otros se niegan a eliminar el poco pelo que les queda en la cabeza pues, como Sansón, juran y perjuran que la fuerza está en la melena.

Sin embargo, esta realidad que quieren esconder es la mejor carta de otros. Resulta que en un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania se encontró que los hombres calvos son vistos como más poderosos que el resto, como mejores líderes y hasta más altos y fuertes de lo que son. Incluso se perciben como más masculinos. ¡Un palo para conseguir trabajo, un mejor puesto o incluso ganar las elecciones!

Así que, para los políticos que están atrás en las encuestas, tenemos la solución para que barran en las elecciones: ¡quédense coquipelaos!

He aquí las razones…

En la investigación en cuestión, los participantes vieron varias fotos de hombres que tenían la misma edad y vestían muy parecido. ¿La diferencia?: la cantidad de pelo que tenían. Los resultados arrojaron que aquellos hombres calvos fueron vistos como más poderosos, influyentes y con autoridad.

Pero este no es el único estudio que respalda esta teoría. El psicólogo social Albert Mannes, quien a los 30 años decidió afeitarse toda la cabeza para no entrar al grupo de las hilachitas, decidió investigar si otras personas habían experimentado lo mismo que él. Y es que, tras quedarse cocopelao, la gente empezó a tratarlo de manera diferente, con más respeto.

Para ello hizo tres investigaciones y todas con los mismos resultados: los calvos son percibidos como más poderosos y varoniles.

¿Por qué la diferencia?

Según el doctor Mannes, los coquipelaos son vistos como más poderosos porque se asocian con profesiones tradicionalmente masculinas, como militares y deportes.

Además, la gente percibe a aquellos que se afeitan la cabeza como más arriesgados y en control. A juicio de Mannes, hace falta tener los pantalones –por no usar la otra palabra– para quitarse el pelo, algo a lo que la sociedad le da un alto valor estético.