¿Vale la pena dejar de ser la amante para ser la oficial?

Por Rosa Escribano 03/15/2013 |
 
Muchos dudan si vale la pena formalizar una relación en la que una de las partes fue amante de alguien comprometido.

“Él llevaba ocho años de noviazgo con ella cuando lo conocí. A los seis meses, empezamos nuestro romance a escondidas. Pero no fue hasta que pasaron seis meses más que la dejó. Aunque me dio pena por ella, reconozco que me sentí muy feliz por mí, de estar con el hombre de quien estaba muy enamorada”.

Para Sofía (su nombre verdadero ha sido cambiado), todo parecía un cuento de hadas. Ya podía exhibir su relación sin sentirse criticada por los demás porque, aunque él no estaba casado, tenía pareja. “Pero 11 años después, la vida me pasó factura”, confiesa apesadumbrada, para añadir que durante los cuatro años de noviazgo y los siete correspondientes a su matrimonio, “no pasó día que no pensara: ‘Se lo hizo a ella, me lo va a hacer a mí’. Y así fue. Me dejó por otra. Cuando miro atrás, me doy cuenta de que no fue lo correcto. No lo volvería a hacer”.

Los idilios que implican amores prohibidos no son nada nuevo. Tampoco la ilusión de parte del o de la amante de que la persona comprometida con la que está involucrada se separe formalmente de su pareja. Y en ocasiones se da. Se opta por salir de lo oculto y pasar a un nivel en el que ya no hay nada que esconder. 

Una adivinanza

¿Funcionará la relación? Este es el primer cuestionamiento de muchos que atraviesan por esta experiencia. ¿Vale la pena arriesgarse a dar un paso más allá de típicos encuentros ocasionales?

La emoción de lo prohibido se extinguirá, al igual que la imagen perfecta del o de la amante con quien apenas se comparte en secreto, sin los dilemas rutinarios de una convivencia en pareja o un matrimonio.

Pero no existe una respuesta concreta para quienes se cuestionan respecto a darse la oportunidad bajo estas circunstancias. “No es algo que se pueda contestar con un simple sí o no”, revela la psicóloga Omayra Rivera Rivera. “Depende de muchos factores”, tales como “grado de madurez, confianza y nivel de compromiso en la relación”.

También, es importante tener presente que “en una relación como esta, hay que lidiar con muchos ‘fantasmas’, los cuales, por lo regular, no están presentes en una relación en la que ambos estaban libres cuando se conocieron”, explica la doctora. “La desconfianza es uno de estos ‘fantasmas’”.

Además, apoyarse en que hay un sentimiento de amor que los une no es suficiente, en especial cuando se analiza que este “puede estar presente y desaparecer en parejas que se conocieron cuando ambos estaban solteros, así como en relaciones de amantes”, responde la psicóloga.

Para Arana (nombre ficticio), el riesgo valió la pena. La mujer natural de San Juan estaba casada cuando conoció a su actual pareja, con quien lleva 21 años de matrimonio. “Yo salí con él como amigos. No tenía en mente que me enamoraría”, revela, además de especificar que su matrimonio de entonces ya estaba en deterioro, por lo que la idea de una separación estaba clara en su mente, incluso antes de conocer a su esposo actual. “Me enamoré. Él era soltero. Salimos por tres meses”, confiesa, y añade que poco tiempo después inició los trámites de divorcio. ¿La clave para seguir juntos? “La comunicación. Nos decimos todo, nos guste o no nos guste. Si se siente celos, se habla”.

Anhelo común

La psicóloga explica que “en una relación saludable existen tres componentes principales: la intimidad que envuelve el respeto, la confianza y la comunicación; la pasión, que es todo lo relacionado al área sexual; y el compromiso, que envuelve el aspecto de la convivencia, hogar, hijos y el área económica”. Ahora bien, “es este último componente el que falta en una relación de amantes”. Cuando se vive “en una relación ‘prohibida’, por lo regular, los primeros dos componentes se mantienen en una relación como esta, pero llega el momento en que se espera o se tiende a exigir más”, añade.

El ser amantes implica “no tener a esa pareja (o solo a tiempo parcial) en fechas importantes como Navidad, San Valentín, entre otras”, enumera Rivera Rivera. También, “compartir ‘ratitos’, evitar los hijos y, por lo regular, no amanecer con esa persona, lo que es propio de la convivencia. Es entonces que se empieza anhelar un compromiso con esa persona que envuelva los aspectos ya mencionados y se presione a la persona casada a que abandone a su esposa o esposo para estar con ella o con él”.

Sin embargo, “aunque la literatura científica con respecto a este tema es muy escasa, apenas un 10 por ciento de las personas casadas dejan a sus esposos o esposas para permanecer con su amante”, anhelo más típico “principalmente, en las mujeres”.

La doctora añade que “de ese escaso porciento, es mucho más común que el hombre deje a su esposa para estar con su amante, que la esposa deje a su esposo para formar una relación con su amante”. Y enfatiza necesario recalcar “que esto está basado en impresiones de personas expertas en el área y no en datos científicos”.

Factores en contra

La desconfianza, tanto del amante como de la persona que estaba casada,  puede ser un factor de fracaso en la relación. 

“Cuando se está en rol de amante, se comparte en otro escenario.  Por lo regular, no hay hijos, no existen responsabilidades del hogar o financieras que tienden luego a afectar cuando se está en una relación formal. Por tal razón, en muchas ocasiones, esa ‘magia’, adrenalina, novedad, ‘chispa’  disminuye o desaparece,  afectando así la relación.

Vivir con el  ‘fantasma’ de que ‘la persona a mi lado me haga lo mismo’ puede afectar de manera significativa la relación. No solo quien fue la amante piensa que el esposo pueda hacerle lo mismo con otra persona, sino también que él pudiera pensar que ella puede envolverse en otra relación, al ‘no respetar’ una relación previamente establecida como lo hizo cuando estuvo con él”.

Fuente: Dra. Omayra Rivera Rivera, psicóloga 

Para citas con la psicóloga clínica Omayra Rivera Rivera:  787-608-0433

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