Dime con quién andas... y te hablaré de estereotipos
Algunas personas tienden a descartar amistades por la mala reputación que tienen estas.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 13 años.
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La creencia popular enmarcada en el refrán “dime con quién andas y te diré quién eres” puede llevar a las personas a establecer generalizaciones peligrosas sobre otras. Esa es la opinión de la doctora Amelia Rodríguez, psicóloga clínica y perita forense.
Por su parte, la doctora Kevia Calderón, psicóloga clínica, establece que “ciertamente este refrán recoge la creencia general de que dos personas no estarán juntas o establecerán algún tipo de relación a menos que estuvieran de acuerdo o compartieran algo en común, ya sea positivo o negativo y, por tanto, uno puede ser reflejo del otro”.
Este refrán, expone la doctora Calderón, muy bien pudiera ser utilizado para destacar los aspectos positivos de una relación, no obstante, es más utilizado para resaltar los negativos.
La doctora Rodríguez explica que los refranes contienen la ideología, la manera de ver y acercarse a los eventos de una cultura particular y que estos provienen de la experiencia directa y de la percepción, por lo tanto, es necesario mantener una postura crítica, ya que “no son verdades escritas sobre piedra”.
Este decir popular, indica la doctora Calderón, usualmente representa un señalamiento de desaprobación hacia una relación –no me agrada con quien compartes y el compartir con esa persona te hace como ella, por ejemplo– y a la vez, un elemento de coerción –no deberías relacionarte con esa persona, no es buena para tu imagen, reputación o bienestar–.
La doctora Rodríguez expuso que “a este refrán le subyacen dos ideas principales. La primera es que seleccionamos a las amistades que se asemejen a nosotros porque existen unas similitudes. Esto es parcialmente cierto porque, por lo regular, nos rodeamos de personas con las que guardamos intereses afines o asuntos que nos identifican, pero no implica que seamos iguales en todo o que aprobemos en su totalidad las acciones del otro”, añade.
Por su parte, la doctora Calderón opina que, en algunas instancias, el uso de este refrán pudiera ser acertado, ya que se espera que, para que se dé una relación, debe existir cierto grado de compatibilidad, ya sea porque se comparten creencias, gustos y actitudes, entre otras.
“Sin embargo, todo aquello que tiende a generalizar resulta ser poco objetivo e injusto, ya que no siempre las cosas habrán de ocurrir de un modo particular. Es decir, no necesariamente el compartir con ciertas personas significa que somos, pensamos o actuamos igual”, asegura la doctora Calderón, quien agrega que, “por el contrario, en muchas instancias, personas muy diferentes pueden sostener una relación de amistad o de cualquier otro tipo porque respetan la individualidad del otro, aun cuando no compartan sus ideas o filosofías de vida”.
La segunda idea que encierra ese refrán, según la doctora Rodríguez, es que las influencias y la presión de grupo afectan el comportamiento de una persona, “por lo que se piensa que si te rodeas de personas que hacen cosas incorrectas, vas a comenzar a hacer las mismas acciones”. La doctora advierte que “esta concepción es parcialmente cierta”, dado que, aunque muchas personas pueden ceder ante las presiones, existen otras con una gran capacidad de resiliencia que pueden resistirse a caer ante las exigencias de quienes les rodean.
La doctora Rodríguez considera que este refrán tiene elementos a considerar, por ejemplo, que se debe tomar tiempo para conocer a una persona y, de este modo, determinar si es positivo mantener una relación con ella. “Muchas veces, la gente no se da la oportunidad y a la larga, esto trae consecuencias negativas para sus vidas. Rechazar a una persona dejándonos llevar por un prejuicio nos convierte en cómplices de la discriminación y estigmatización”, acota la doctora.
Lo más recomendable al momento de considerar mantenerse o alejarse de una persona, comenta la doctora Rodríguez, es poder analizar si la misma aporta positivamente a tu vida y no te expone a situaciones de peligro. “Por tal razón, lo primordial es enfocarse en este particular más allá de la reputación que pueda tener. Nuestras acciones hablan y son la evidencia de quienes somos. Desechar una amistad por este motivo sería algo injustificado y poco considerado con la otra parte. Claro está, si los comentarios pueden ser corroborados por ti y esto pudiera afectarte directamente, tienes la opción de considerarlo y terminar la relación, de ser necesario”, señala.
La doctora Calderón comparte que “si bien es cierto que no todas las personas que poseen una mala reputación son malas personas, también es cierto que muchas personas que gozan de mucho respeto y prestigio social pudieran resultar ser muy dañinas”, concluye la experta en salud mental.

