Dorylee Báez-Nieves vive sin miedos. Ya sea volando en zip line o brindando su entusiasmo al primer grupo de apoyo para personas con cáncer de páncreas, ella lo hace todo con gran energía.

Atrás quedaron los meses de tratamiento y lucha contra esta enfermedad, experiencia que le ha servido para valorar cada minuto de su vida y brindar esperanza a quienes están pasando por lo mismo que ella pasó.

A los 29 años de edad, Dorylee –quien hoy tiene 31– se enteró de que tenía un tumor grande alojado en el páncreas. Al principio fue al médico por vómitos que podían relacionarse con la infección de mononucleosis.

“Pensé que se me había pegado de mi sobrina”, recuerda la consejera académica, quien trabaja en la Universidad del Este, en Carolina. Un sonograma mostró unas calcificaciones sospechosas en el bazo y el hígado. Una tomografía computadorizada y una resonancia magnética revelaron una masa cubriendo la cabeza del páncreas.

“Lo primero que pensé fue que esto traería más sufrimiento a mi familia”, recuerda la joven, cuya mamá murió a los 43 años por complicaciones de lupus. “No sabía a dónde acudir, pero mis amigos y mi familia me apoyaron aun sin conocer lo que iba a enfrentar. Mi fe y mi confianza en Dios me dieron la fortaleza para seguir hacia adelante”.

Lo que enfrentó

Báez viajó a Mayo Clinic en Jacksonville, Florida, a finales de 2011 para realizarse una delicada operación conocida como whipple. En esta cirugía se remueve el tumor y se intenta preservar la mayor parte posible del páncreas para garantizar la producción de insulina y enzimas necesarias.

Para personas cuyo cáncer no se ha expandido fuera del páncreas, como en el caso de Báez, la cirugía whipple puede ser una buena opción de tratamiento. En la primera fase de la operación, se remueve cerca de la mitad del páncreas. La mayor parte del duodeno, la parte que conecta el estómago con el intestino delgado, también se remueven, junto con la vesícula y una porción del conducto que lleva bilis desde el hígado a través del páncreas hasta el intestino, entre otros procedimientos.

“El tumor estaba limitado a la cabeza del páncreas”, explica el doctor Horacio Asbun, cirujano hepatobiliar en Mayo Clinic que se especializa en cirugía del páncreas. “Alrededor de 60 a 70% del páncreas fue salvado, lo que permite una función pancreática normal”.

El doctor Michael Wallace, gastroenterólogo también en Mayo Clinic y quien se especializa en procedimientos endoscópicos mínimamente invasivos y en imágenes endoscópicas, explica que la lesión en el páncreas de Báez era premaligna. Esto quiere decir que se podía convertir en maligna si se dejaba intacta. Encontrar el problema en una etapa temprana fue la clave para ayudarla a recuperarse por completo.

Lo deja atrás

Seis meses después de la cirugía, Dorylee viajó otra vez a Mayo Clinic para un chequeo, el cual pasó fácilmente, y se dispuso a vacacionar en Orlando con su hermano y sobrinas, después de tener el visto bueno de sus médicos.

Durante el pasado año, Báez ha pasado su tiempo libre probando nuevas aventuras.

“Yo quería tirarme en paracaídas el año pasado, cuando cumplí los 30, pero estaba en el hospital operándome, así que pospuse los planes”, dice.

En el 2012, Báez fundó un grupo de apoyo a pacientes con cáncer pancreático en Puerto Rico, y continúa aconsejando a estudiantes en la Universidad del Este.

“Me siento muy bien ahora; lista para divertirme”.