Todo comenzó como la mayoría de las relaciones: primero las llamadas, luego el coqueteo, las salidas y la intimidad. Entre Rebecca González, de 33 años, y Alberto Vázquez, de 36, (nombres ficticios) la etapa de conocerse fue la típica para dos personas que se atraen, se admiran y disfrutan pasar tiempo juntos, pero mientras ella pensaba en un noviazgo con toda la formalidad que eso implica, él quería una relación con menos ataduras. 

“Recuerdo haberle preguntado algunos meses después de empezar a salir que hacia dónde íbamos y que cómo nos veía en un futuro. Su respuesta entonces me dejó helada porque no me lo esperaba. Dijo: ‘yo no quiero una relación formal; es que yo no quiero un compromiso porque por mi trabajo viajo demasiado y no tengo el tiempo para dedicarle a una relación, pero podríamos ser amigos con beneficios”, relató la entrevistada. 

“Respiré profundo y me dije: ‘¿cómo no me di cuenta antes?’ Pero es que, ¿cómo iba a darme cuenta si él actuaba normal? Así que pensé que era el miedo a comprometerse lo que hablaba por él, y tras decirle: ‘pero yo sí quiero una’, me quedé”, agregó. 

Desde entonces, han transcurrido cuatro años. A nivel profesional, los dos han enfrentado retos que los han puesto a distancia por periodos, pero siempre vuelven a unirse. No obstante, la relación entre ellos no ha evolucionado, y aunque muchas veces Rebecca ha querido poner fin a su acuerdo de “amigos con beneficios”, los sentimientos de amor hacia él la han detenido. 

“Reconozco que es un poco infantil; cada quien tira para su lado. El defiende su postura, yo defiendo la mía, pero ninguno deja al otro. Lo extraño es que siempre que me propongo terminar con esto y le pongo distancia, es cuando más insistente en estar conmigo, y verdaderamente, me está haciendo infeliz”, abundó. 

“Debí haber terminado esta cosa loca que tenemos justo cuando me dijo que lo que quería era que fuéramos amigos con privilegios, pero no lo voy a negar, lo vi como un reto. Además, cuando le mencionaba que tenía el tiempo contado si no tomaba una decisión conmigo, notaba que se molestaba. ‘¿Me estás amenazando con dejarme?’, me preguntaba como histérico. ¿En serio? ¿Cómo se atrevía a preguntarme eso, si técnicamente no teníamos nada?”, continuó.

De acuerdo con él sicólogo Andrés Colberg Bas, aun cuando se espera que las relaciones conocidas como amigos con beneficios, privilegios o derechos, se establezcan por acuerdo entre ambas partes, es normal que las expectativas de uno o ambos sobre lo que desean en el aspecto de pareja cambien conforme pasa el tiempo. 

Después de todo, afirmó, que se trata de seres humanos entre los que se desarrolla cierto nivel de complicidad e intimidad. Lo que distingue a esta de otras relaciones afectivas es la evolución de la misma, que unas veces ocurre y otras veces no. 

“A diferencia de los otros roles en los que entramos (novios, esposos, jevos), no existe un acuerdo social que diga estos son los pasos que te van a llevar hacia la próxima meta o hacia el próximo escalón, sino que esto es como un limbo flotante que puede que progrese en esta dirección como que no progrese”, detalló el experto en relaciones de pareja. 

Manifestó que, como todo tipo de relaciones, las de este tipo son emocionalmente saludables siempre y cuando los dos lo consientan y tengan expectativas similares con el otro. 

“En diferentes momentos uno quiere diferentes cosas. Por ejemplo, conozco gente que tienen part times y los hacen funcionar como si fuesen full times, y las personas están contentas con eso porque dicen: ‘ahora mismo, por tus condiciones y las mías de vida, esto es lo que podemos mantener y estamos cool con esto’, hasta que uno quiere otra cosa”, abundó. 

Colberg Bas recalcó que para que una relación de “amigos con privilegios” funcione es necesario que las partes establezcan parámetros desde un principio, así como aquellos aspectos que no son no negociables bajo ninguna circunstancia y que cada uno exponga sus expectativas con el otro y sobre esa relación con honestidad y claridad. 

También recomendó examinar con periodicidad las posturas de ambos sobre su acuerdo para constatar si se mantienen igual, si estas han cambiado y están dispuestos a hacer algunas concesiones para evolucionar. 

“A veces, los límites se ruedan un poquito para allá y un poquito para acá. Siempre es bueno hacer estos reminders (recordatorios) u updates (actualizaciones) de dónde estamos y hacia dónde queremos llegar”, puntualizó. 

Del mismo modo, sentenció que cuando las expectativas de uno de los dos en la pareja han cambiado se deben comunicar. Si no hay manera de conciliar los deseos de los dos, entonces, es hora de moverse.

“Cuando uno quiere otra cosa quizás no basta con decir ‘yo me siento así, necesito que me dejes ir’. El próximo paso debe ser ‘yo me voy a alejar’ porque tú no tienes el control de que él te deje ir, pero sí tienes el control de alejarte tú, y a él no le tiene que gustar, no lo tiene que querer, no lo tiene que sentir, basta con que tú lo hagas. ¿Qué haces con tus sentimientos? La madre de todas las medicinas es la acción. En la medida que uno impone límites razonables, el dolor de la distancia, el miedo a estar perdiendo el hombre de su vida, las dudas de lo que hubiera pasado si te hubieras quedado empiezan a disolverse, porque estás en acción, que es cuando permites que la vida siga corriendo con todo lo que te trae, sobre todo con nuevos recursos y oportunidades, pero eso es porque estás echando mano de lo que sí depende de ti”, aseveró.