Chef José Martínez: un jibarito que no "se juye"

Por María Ivette Vega Calles 05/19/2017 |00:05 a.m.
El chef José Martínez Gálvez también es pastor en la Iglesia Unidos por Amor en Caguas. (Suministrada)  
La perseverancia y el sabor han sido claves para el desarrollo de su restaurante, que cuenta con dos locales.

Todo comenzó con un saco de arroz, unas habichuelas y unas pechugas de pollo a la plancha.

Pero hoy día es un extenso menú, servido en dos restaurantes y una gran clientela de toda la Isla y otros países.


La desesperación de quedarse sin trabajo la conoce bien el chef José Martínez Gálvez.

La crisis que viven muchos hoy no es nueva para él, pues la vivió desde que en 2007 se comenzaron a sentir las primeras ráfagas de la tempestad que venía.

Ese año su esposa, Frances Flores, perdió su trabajo en Doral Bank y un año después, lo perdió él como chef a cargo del equipo culinario de Ruby Tuesday tras el cierre de la cadena en Puerto Rico.

“Teníamos una nena de ocho años y otro bebé en camino y los dos estábamos desempleados. Había que pagar carro, hipoteca. Nunca se me olvidará que hice el número 300 en el desempleo. Un día, Miguel Noya, que era mi jefe en Ruby Tuesday, me hizo un cheque y me dijo: ‘José, tú estás listo, tú me corrías mis restaurantes. Con este cheque busca un lugar chiquito que puedas correr con tu esposa y vas pa’ lante’”, recordó. 

Con ese admirable apoyo de un amigo, José buscó un pequeño lugar en su pueblo, Juncos, al que llamó El Jibarito. Ubicado frente a una escuela, comenzó a servir meriendas, jugos y Icees, entre otras golosinas.

Ya integrado en la comunidad, las maestras le pidieron que hiciera almuerzos, pues casi no había lugares por ahí donde pudieran comer. 

“Le tumbé una olla Lifetime a mi esposa, que se la puse prieta y se molestó conmigo. Compré un saquito de arroz, unas habichuelas y unas pechugas. A las maestras les encantó y al siguiente día fueron a buscar lo mismo y luego se fue regando la voz”, relató el chef.

De la misma manera que fue creciendo el menú, fue creciendo la clientela de El Jibarito. La oferta de José gustaba tanto que comensales comenzaron a llegar de toda la Isla y hasta turistas de otros países.

“En el 2011 nos nominaron como Empresarios del Año de Juncos, porque el restaurante se llenaba increíble. Las filas eran kilométricas para entrar y El Jibarito era chiquito. Eso llamó la atención del alcalce y nos nominaron y ganamos”, indicó José.

 El reconocimiento motivó al propietario a seguir innovándose y así fue que creó el concepto de vestir a las meseras y el resto de empleados como jíbaros.

“Ahí sí que El Jibarito no dio abasto. Tuvimos que contratar más gente. Prácticamente la gente iba a comer mofongo, porque creamos una receta espectacular, que nos ha sustentado hasta hoy”, dijo el chef.

 Luego, surgió la oportunidad de abrir un segundo local en Gurabo, donde llevaron el mismo concepto de Juncos, pero a un centro comercial.

Cuando las largas filas se formaban los fines de semana en Juncos, “un jibarito” salía a la calle a agradecerles su visita, informarle que estaba lleno y que había otro local en Gurabo, y los clientes se iban para allá.

Pero el éxito tenía un sabor dulceamargo para el propietario, pues la cantidad de gente que llegaba incomodaba a los residentes del barrio Lirios, pues las calles estaban abarrotadas.

 En diciembre pasado la Corporación para el Financiamiento Empresarial del Comercio y Comunidades le confirió a El Jibarito el premio de Negocio Exitoso.

 Dicho reconocimiento volvió a aumentar la clientela, lo que fue la gota que colmó la copa para los vecinos.

“No quería cerrar, porque eso implicaba dejar a 40 empleados en la calle, pero a la misma vez entendía la molestia de los vecinos”, dijo el empresario.

En medio de esa angustia, José, quien es pastor en la Iglesia Unidos por Amor en Caguas, una noche soñó que caminaba por una finca, que tenía matas de plátano.

“Me levanté, le dije a mi esposa que fuera a trabajar, porque iba a buscar esa finca. La encontré porque había una loma que vi en el sueño. Me asomo por el portón y salió unseñor, y me dijo, ‘¿qué usted quiere?’. Le dije que era el dueño de El Jibarito que la finca estaba preciosa. Me dijo que le habían hablado cosas buenas de mí y que quería hablar conmigo. Me enseñó la casa, los establos de caballo y la finca. Después me dijo ‘ahora te voy a enseñar algo que te va a gustar’, y me llevó a una loma alta y me dijo, ‘¿ tú sabes eso que está ahí? Es un restaurante’”, contó José.

 Resulta que cuando el propietario de la finca la compró hace 30 años hizo un restaurante con la idea de que algún chef lo corriera. De modo, que rodeado de un lago y hermosas vistas, lleno de mesas y sillas, el lugar permanecía cerrado.

Tras una corta negociación el 4 de febrero, El Jibarito, abrió sus puertas en ese local. 

 Ahora hay más espacio para comensales y parking, y la experiencia gastronómica se convierte también en una visual, pues además de comer los visitantes pueden hacer un recorrido por la finca.

Al estacionar, un trolley los lleva al restaurante, y según prefieran pueden comer primero y después ver a los agricultores trabajando, animales y sembradíos de plátanos, calabaza, yautía y malanga.

En el nuevo local, José construyó un gran horno de leña con ladrillos de 1959, donde cocina trozos de carne, pollo, costillas y salmón.

“Le llamamos la bestia porque tiene una boca de siete pies. Abajo es parrilla y arriba se hace el ahumado”, contó. Gran parte del desarrollo profesional del chef fue en el estilo de comida tradicional sureña de Estados Unidos, en Tennessee, pues allí era la base de Ruby Tuesday.

Sin embargo, aunque hay toques internacionales, el menú está basado en la comida puertorriqueña auténtica. José cuenta que su madre, Maribel Gálvez, es la primera crítica y va a la cocina a darle su sazón a los platos.

De hecho, uno de los postres favoritos de la clientela es Flan Mami, que se termina rápido.

Otros de los platos más solicitados es la Fiesta de mariscos. que es un mofongo con camarones, pulpo, mejillones, calamares y ostiones salteados, y masitas de pescado blanco. 

También han tenido mucha acogida los majados de la yautía y malanga que se cosecha en la finca.

¿Cómo llegar?

Dirección: Barrio Gurabo abajo, carretera PR-31, kilómetro 22.1, al lado de la Urbanización Laderas de Juncos

Horario: Lunes a jueves, de 10:00 a.m. a 6:00 p.m.; viernes, sábado y domingo, de 10:00 a.m. a 10:00 p.m.




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