lunes, 11 de mayo de 2009
Raúl Álzaga / Primera Hora
Desde mis 10 años de edad mi madre comenzó a comprarme revistas como Basketball Digest y Sports Illustrated para alimentar mi apetito voraz por la lectura y, a la vez, enriquecer mi vocabulario en el idioma inglés.
Lo que quizás nunca le pasó por la mente es que todas esas lecturas contribuirían a acumular en mí una extraordinaria gama de datos, nombres y estadísticas de cientos de jugadores de baloncesto de NBA e internacional a través de los años.
Subsiguientemente, cuando me inicié en esta profesión a fines de la década de los 90, fui aprendiendo a evaluar con mayor detenimiento las características de cada jugador, ayudado ya no sólo por la incesante lectura del tema sino también por mis continuos interrogatorios a diversos dirigentes y jugadores como parte de mis gestiones laborales. Muchos como Manolo Cintrón, Vitito Ojeda, Rolando Hourruitiner, Wilo Colón, y muy en especial, Julio Toro, contribuyeron bastante en lo que respecta a mi entendimiento del juego, a identificar jugadas y a reconocer la gran importancia de la faceta mental y emocional en este deporte.
Sin embargo, la perspectiva desde afuera no compara para nada con la experiencia de estar sumergido en el campo de batalla, particularmente junto a dos “enfermos” del baloncesto como son los mentores de los Vaqueros de Bayamón, Leonel Arill y Mandy Cancel.
No exagero cuando afirmo que participar con ellos en la preparación de scouting prejuego y en el medio tiempo de cada partido, presenciar su disertación en términos específicos de las jugadas estudiadas de los equipos contrarios y su aplicación en las prácticas, y verlos en acción haciendo ajustes a medida que transcurre un juego fue como tomar un curso universitario intensivo en estas lides.
Lo primero que vino a mi mente luego de un par de días en esta faena fueron las palabras del gran filósofo griego Sócrates: “Solo sé que no sé nada”.
¡Qué mucho me queda por aprender!
A través de esta serie especial les describiré al detalle mis experiencias con ellos en el banco de los Vaqueros por el término de una semana, así como interioridades interesantes de los componentes del equipo, sus rutinas prejuego, cómo comparten fuera de la cancha y cómo se preparan física y mentalmente para cada partido.
Acompáñenme.
- Planeta Vaquero VI: Fiesta pirata
- Planeta Vaquero V: Al choque con su némesis
- Planeta Vaquero IV: Tras caer, nada como levantarse
- Planeta Vaquero parte III: A botar el golpe de inmediato
- Planeta Vaquero parte II: La primera derrota de Bayamón
- Planeta Vaquero I: En familia con los Vaqueros de Bayamón





