María Isabel Tirado sigue a la espera de que remuevan toda la tierra que pone en peligro su residencia. (Para Primera Hora / Israel González)
jueves, 23 de febrero de 2012
Jessica Pérez Cámara y Melvin J. Hernández / Para Primera Hora
Desde el año pasado, María Isabel Tirado no ha podido regresar a su hogar en la comunidad Finca Castillo, en Canóvanas.
Hace seis meses que la tormenta Irene afectó a Puerto Rico y a esta familia de Canóvanas, cuya vivienda resultó impactada por un deslizamiento de terreno que aún no ha sido removido.
La residente se siente frustrada, ya que sus gritos de auxilio no son atendidos por las autoridades municipales.
“Ya han pasado seis meses prácticamente desde que pasó la tormenta Irene y aún sigo esperando por la ayuda. Siempre que llamo para verificar o me doy la vuelta, me dicen que eso se está trabajando, pero no sé qué están esperando. Ellos ya vinieron a ver para septiembre y quedaron en venir y nada. Esto ya es una situación deprimente, queremos volver a nuestro hogar”, expresó Tirado, maestra de profesión.
“Éste es el primer desastre que vivimos. Nunca en mi vida pensé que algo así me iba a suceder”, confesó Tirado quien vivía en esa casa hace 17 años junto con su esposo Luis Rafael López Castillo y sus hijos Luis Rafael, de 13 años, y Valerie, de seis.
Tirado contó que el día de la tormenta, el 22 de agosto, cerca de las 5:00 p.m. empezó a llover torrencialmente, pero no fue hasta cerca de dos horas más tarde que la lluvia empezó a apretar más y vieron cómo la casa se comenzó a inundar.
“El agua que empezó a meterse era clara y pensé que era del inodoro, pero los nenes empezaron a asustarse por los relámpagos y los truenos y decidí bajar a casa de mi suegra (Cándida Luisa Castillo). Ellos me lo pidieron”, recordó.
Desde entonces, Tirado y su familia viven en la casa de la suegra. Ella y su hija duermen en una cama y su esposo y el hijo en un mattress en el piso.
Aunque la convivencia no es pesada, según confiesa, esta familia ya ruega por estar en su propio espacio y los niños están deseosos de dormir en sus cuartos.
“Hace poco mi hija me preguntó que cuándo regresaríamos a la casa y a mí se me partió el corazón. No hay nada que más desee que ver la tranquilidad y la comodidad de mis hijos. El Municipio se ha olvidado de nosotros”, dijo con pesar.
Explicó que el deslizamiento afectó dos extremos de la casa, ubicada en el sector La Vega del barrio Campo Rico, y que para poder habitarla nuevamente necesitaría construir dos muros de contención para protegerla.
“Yo no puedo venir ahora mismo a la casa porque la montaña de tierra que tiene, el encierro y las aguas que se filtraron por las paredes ha creado hongo y tendríamos que desinfectarla. Pero, lo peor de todo es que la casa no está segura porque toda esa tierra va a seguir afectando la casa”, lamentó.





