Francheska Duarte lucha por caminar

 
 
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Francheska Duarte lucha por caminar

Francheska Duarte Jiménez confesó que a veces se pone triste "porque no es fácil perder las piernas". (Primera Hora/ Vanessa Serra Díaz)

martes, 7 de febrero de 2012
Actualizado hace 108 días
(creado 00:00 a.m.)

Maribel Hernández Pérez / Primera Hora

“Mi vida o mis piernas”.

A sus 19 años y  con  una hermosa bebé de tan sólo seis meses de nacida, Francheska Duarte Jiménez atraviesa por la dolorosa prueba de vivir sin sus piernas. Las perdió tras una operación en la que se las  amputaron para salvarle la vida. No había opción.

El daño que le provocó  su entonces pareja,  Jorge Ramos Rodríguez, al lanzarle su vehículo y pillarla  contra otra guagua, en la calle Principal de Barrio Obrero Santurce, fue tan graves que los médicos no auguraban, en un principio, que podría pasar de las primeras 48 horas tras el ataque.

Pero, no fue así. Ella optó por vivir.

Su victimario, el mismo que perpetró esa aberrante acción, fue su primer amor. Ese hombre por el que veía luces, no sólo la arrolló, sino que lo único que hizo fue recogerla,  llevarla a un CDT y dejarla allí  abandonada a su suerte.

Hoy,  él está  preso en espera de juicio tras haber sido acusado por agresión agravada y violación a la Ley de Tránsito. Hoy, ella intenta acoplarse a una vida, que le cambió por competo.  

“Jessica”, como la llama cariñosamente su familia, vive rodeada por el amor incondicional de su madre, Saima A. Jiménez, quien no se ha despegado ni un sólo día de su lado. Se apoya en su inmensa fe en Dios, para superar los obstáculos que a tan corta edad está enfrentando. La joven tiene que aprender de nuevo otras formas de valerse por sí misma. 

Eso es un reto que toma día a día. 

Francheska, que se ha convertido en un verdadero milagro de vida, abrió ayer su corazón a Primera Hora. Nos reunimos en lo que se ha convertido su segunda casa, que es un hogar de rehabilitación donde ahora vive mientras sanan sus heridas físicas y emocionales. Es el paso que antecede a su gran sueño: comenzar a caminar con sus prótesis. 

Con su carita de chiquilla, guarda en su ser un espíritu fuerte que le ha ayudado a recuperarse aceleradamente contra todos los pronósticos médicos. Hay que ver cómo, apoyándose con sus manos, ha logrado una movilidad impresionante.

Durante la entrevista vivió muchas emociones. En momentos lloraba. En otros, sonreía, especialmente cuando hablaba de su pequeña niña.

“A veces me pongo triste, porque no es fácil perder las piernas y (menos) las dos", confesó a Primera Hora.

Lea la entrevista completa en la edición impresa de hoy de Primera Hora.