Fuerza de voluntad contra la violencia

 
 
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Janet Rodríguez encontró muchos escollos en el proceso de buscar ayuda. (Suministrada)

Fuerza de voluntad contra la violencia

jueves, 26 de enero de 2012
Istra Pacheco / Primera Hora

Janet Rodríguez vivía literalmente con el enemigo en casa y, en lugar de ayuda para romper con el ciclo, encontró un patrón en instituciones sin fines de lucro que fue peor.

Aun así, hoy se siente que está fortalecida porque cree en ella, y porque tiene tres hijos por los cuales luchar.

Rodríguez cuenta que su pareja, padre de su hija más pequeña, la celaba tanto que le decía que si lo dejaba, la iba a buscar para quemarle la cara y así nadie más la miraría.

Eso no ocurría en el Oriente Medio, donde se ha convertido en una modalidad de violencia de género que crecía rápidamente, sino en una montaña de Utuado.

El patrón de golpes e insultos, para luego pedirle perdón y comenzar de nuevo, se convirtió en una realidad que, lamentablemente, viven muchas otras mujeres. Hasta que un día tuvo la fuerza de voluntad para pedir ayuda y salir de su casa.

Tocó múltiples puertas, donde la recibieron con ánimo de ayudarla. Pero insólitamente, en uno de esos lugares, una trabajadora social lo que le recomendaba era que llamara a su agresor.

Por eso, presentó una querella en la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, que está bajo investigación, relató.

“Me refirieron del Hogar Ruth al Proyecto Matria. Allí, el primer día, la trabajadora social que me atendió me pregunta, ‘¿dónde están tus cosas?’ Le dije que él las tenía. Me preguntó que dónde estaba él y yo (le dije) ‘en Arecibo’. Y ella me responde, ‘Ah pues te comunicas con él para que te las traiga aquí’. ¡Pero yo le decía que entonces iba a saber dónde me había escondido de él!”, contó Rodríguez con el mismo desespero, como si lo estuviera pasando ahora mismo.

Rodríguez empezó entonces una lucha frontal para que no le quitaran a sus hijos. Funcionarios del Departamento de la Familia la visitaron y la investigaron constantemente, pero nunca le dijeron que le iban a ofrecer ayuda para poder mantenerlos.

En el proyecto le prometieron gestionarle una vivienda, pero a la hora de la verdad, supuestamente, se acabaron los fondos para eso.

Quiso entonces solicitar el plan de Sección 8, pero la misma trabajadora social supuestamente la desalentó. Además, decidió buscarse un empleo en una pizzería en lo que estabilizaba su vida, pero siente que tampoco la apoyaron al respecto.

Al cabo de un año, regresó a Utuado, pero eso no le quitó las ganas de luchar. Entre su fe en Dios y sus ganas de superarse, ya está gestionando entrar en un programa de vivienda, tiene un empleo y quiere orientar a otras mujeres.

“Yo no me quedo quieta ni de brazos cruzados. Voy y pido ayuda, y a la misma vez sigo buscando y superándome cada día, y así le demuestro al que me cerró las puertas que yo sí puedo, que nadie me detiene. Y eso es lo que yo quiero enseñar a otras”, expresó.

“Una víctima se queja y no hace nada por ella, una que quiere luchar sale victoriosa”, aseguró.

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