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Golpe a la labor humanitaria del doctor Eduardo Ibarra

El doctor Eduardo Ibarra y su esposa Jeannie no salen de su asombro ante el atropello que les ha tocado vivir desde que donaron 17 cuerdas de terreno a los residentes de la comunidad Villas del Sol. (Primera Hora)

sábado, 24 de abril de 2010
Leysa Caro González / Primera Hora

En sus más de 25 años residiendo en la Isla, el doctor Eduardo Ibarra, de nacionalidad mexicana, nunca había experimentado lo que es la xenofobia.

Pero, desde que de forma “espontánea y desinteresada” les regaló, junto con su esposa, 17 cuerdas de terreno a los residentes de la comunidad Villas del Sol, han sido víctimas de los ataques más crueles y virulentos. Unos que jamás pensaron recibir.

Los más recientes se suscitaron esta pasada semana cuando la directora de la Oficina de Gerencia y Presupuesto (OGP), María Sánchez Bras, les impidió la entrada a la actividad donde se anunciaría que la comunidad de Toa Baja tiene un nuevo lugar para vivir.

Su esposa, Jeannie, ha llorado lo que nunca antes desde el momento en que recibieron llamadas de vecinos que, apenados, les advirtieron que si acudían a la actividad la permuta se detendría. Estaban a minutos del lugar, tentados a entrar, pero al final “volvimos a escoger a Villas del Sol”.

Se cuestionaron por qué y Jeannie, admitió, sintió mucho miedo, a tal punto que pensó en solicitar protección al consulado mexicano. Y todo por regalarle un pedazo de tierra a un grupo de necesitados.

“Nos sacudió a tal manera que nos paralizamos. Llegar a un punto que el Gobierno entero vea mal lo que tú estás haciendo. Que tengamos un gobierno diciendo: ‘ustedes son non gratos’... si ha llegado a este nivel, ¿qué es lo próximo que nos espera? ¿Persecución?”, lamentó la esposa de Ibarra.

Aunque han sido el blanco seleccionado por muchos para lanzarles ataques y hasta cierto punto tratar de desprestigiarlos, la pareja no se arrepiente de la decisión que tomaron aquel 7 de noviembre del año pasado.

Sobre ellos se ha dicho que debían impuestos al Gobierno, que la tierra donada no era de su propiedad y que detrás del gesto había unas intenciones políticas, entre otros señalamientos más.

“Cada mañana nos levantábamos para ver con quién teníamos que pelear, de quién nos teníamos que defender, pero lo hacíamos con más fuerzas”, comentó Ibarra, a quien en cierto punto llamaron despectivamente el “Robin Hood mexicano”.

Ambos reconocen, sin embargo, que las agresiones de las que han sido objeto representan a su vez un golpe fuerte a la labor filantrópica que muy pocos ya se motivan a realizar. Una labor que es responsabilidad de todo el que es miembro de una sociedad.

Una labor que no se puede hacer esperando premios como recompensa, mirando color de piel, sexo, nacionalidad o si son invasores o paracaidistas, como se les llama en México. El compromiso debe ser sencillo: “cuidar por los más desvalidos”, señaló el médico.

“Con la pobreza no se puede ser casual. Atrás de la pobreza hay todo un drama humano que nosotros probablemente no conozcamos. Hay que comprometerse”, agregó.

Reconoció que, tras el drama que les ha tocado vivir, podrían ser pocos los que se lancen a la aventura de ayudar, una que tiene más momentos de felicidad que adversidades. “Se le ha hecho un daño irreparable a la labor humanitaria. Tengo amigos y conocidos que nos han dicho: ‘pensaba en dar y viendo lo que les ha pasado, prefiero no hacerlo’”, aseguró el padre de diez.

La labor filantrópica de Ibarra no sólo ha sido atacada a través de Villas del Sol, sino que también hay un intento de desmantelar el hospital que el Colegio de Médicos-Cirujanos operaba bajo su dirección en la devastada Puerto Príncipe y que ha ayudado a cientos de sobrevivientes.

La nueva presidenta del Colegio, Alicia Feliberti, ha advertido que no continuará aportando a la sobrevivencia de la estructura, lo que llevó al médico a solicitar en los tribunales que le pasen el hospital a él para seguir administrándolo. Actualmente lo administra con su aval el médico haitiano-puertorriqueño Claude Danois.

“Lamentablemente, hay personas que no pueden creer que en Puerto Rico haya alguien que quiere dar sin esperar nada a cambio. ¿Por qué es tan malo haber dado algo, por qué es un pecado y por qué se ponen tantos obstáculos y por qué se dicen tantas cosas,” denunció Ibarra.

Pero, ¿se arrepienten de lo que hicieron?

Nosotros no sólo nos reafirmamos en lo que vamos a hacer, sino que hoy lo deseamos hacer más que antes. Ahora lo vamos a hacer con mayor ahínco, porque tenemos que demostrar a la sociedad que este compromiso en el que creemos, del que somos partícipes todos los seres humanos, es parte de nuestro deber social no importa qué... Si volviéramos a nacer, lo volveríamos a hacer y lo haríamos idénticamente igual.

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