Defensa El delantero Ricky Sánchez (11) es uno de los jugadores que mejor demuestra la mejoría en la labor defensiva de la Selección boricua. (Primera Hora / Archivo )
lunes, 29 de agosto de 2011
Raúl Álzaga / Primera Hora
El mal sabor de la eliminación en primera ronda durante el Mundial en Turquía en el 2010 todavía queda latente en la mente de muchos en Puerto Rico.
Y luego de la racha de lesiones sufridas por algunos de los principales canasteros de la Selección Nacional durante el torneo de Baloncesto Superior Nacional, el nivel de expectativas de cara al Preolímpico de las Américas bajó considerablemente.
Esto, hasta que Puerto Rico dominó su serie de fogueos ante Panamá y luego dominó a los quintetos de República Dominicana y Canadá durante la Copa Jenaro “Tuto” Marchand.
El desempeño allí dio razones para tener esperanza y pensar que los boricuas tienen oportunidad legítima de batallar con Dominicana, Brasil y Argentina, entre otros, por uno de dos puestos disponibles para las Olimpiadas en Londres.
Todo comienza con los ajustes defensivos que el dirigente Flor Meléndez ha tratado de implementar, combinados con la disposición total de los jugadores para ejecutarlos.
Parte de ese éxito se debe al hecho de tener los jugadores correctos, con la velocidad lateral, la garra y el deseo para defender correctamente.
Para algunos como Javier Mojica, John Holland, Renaldo Balkman o Alejandro “Bimbo” Carmona, esto surge de forma instintiva y josean sin que haya que motivarlos mucho.
Lo interesante es que otros jugadores como Manuel Narváez, Ricky Sánchez y Daniel Santiago, que solían tener problemas graves haciendo el hedge y la recuperación frente al pick-and-roll de los rivales, ahora ejecutan eso con mucha mayor efectividad, lo que abona a cerrar huecos en la defensa e impedir penetraciones al canasto.
Dominicana y Canadá fueron testigos de eso.
A esto se le suman la intensidad física y el amor al juego rudo que Meléndez les ha impregnado como su marca de fábrica. Todo el mundo pega y si hace falta alguien que dé un poco más duro, hay varios como Mojica, Carmona y Ángel Álamo dispuestos a nivelar las hostilidades en el uso de las “artes marciales” del baloncesto.
Eso es esencial en un torneo donde reina el pito flexible y donde suelen sobresalir los equipos que mejor saben asimilar golpes y repartirlos.
En ofensiva, los boricuas cuentan con dos de los mejores creadores por tierra del torneo en Carlos Arroyo y José Juan Barea, que son unos reyes del pick-and-roll y pueden crear muy bien para sí mismos o para otros. La presencia de ambos suele liberar a los hombres grandes en la pintura o a aleros como Carmona, Galindo y Mojica -que se saben mover sin el balón- para obtener tiros abiertos con cierta frecuencia.
Eso sin contar con el juego aguerrido y de gran visión que inyecta desde el banco Andrés Rodríguez , quien suele nivelar o mejorar el desempeño de sus colegas reservas frente a las reservas de los equipos rivales.
Pero la mayor fortaleza que se ha visto es la motivación del grupo, la unidad del propósito y la química que han desarrollado para ayudarse uno al otro.
El tiro de tres puntos, especialmente de Galindo, tiene que ser mucho más consistente. Es el llamado a cubrir el hueco de Ángel Vassallo y Carmelo Lee en esa área. Si no, seremos presa de zonas defensivas.
También hay que ajustar mucho más rápido en defensa frente a equipos disciplinados que mueven el balón por aire mucho más rápido, como lo son Brasil, Argentina y Uruguay.
Los boricuas deben estar en semifinales.





